Varias novelas en una, con notas a pie de página: La noche del oráculo

La biblioteca de Arcadia
Norma L. Vázquez Alanís _______________

 Una novela corta, que intentó ser de suspenso, sobre un escritor que por un accidente queda incapacitado mentalmente para seguir su exitosa carrera de novelista… y por azares del destino encuentra un cuaderno que le devuelve la inspiración para crear un argumento; así concibió Paul Auster su relato titulado La noche del oráculo (Editorial Anagrama, 257 páginas, primera edición mexicana, 2011).

A medida que describe el proceso del escritor para crear su obra, se descubre que ficción y realidad se parecen, Auster se propuso hacer una novela dentro de la novela, lo que parecía muy atractivo al principio pero que a lo largo de la trama se diluye para terminar en una autobiografía del escritor minusválido, por momentos plagada de violencia inverosímil.

Auster se obsesiona por conjugar un argumento atractivo con la experimentación literaria de varias tramas a la vez, “la narración dentro de la narración”; se trata de una obra construida como las matrioshkas o muñecas rusas, en la cual el escritor estadounidense, radicado en Nueva York, mezcla vida y literatura; es una novela, en una novela, en otra novela, y el título de la última es el de la que se está leyendo: La noche del oráculo.

La historia que engloba a las otras dos es la de Sidney Orr -cuyo verdadero apellido es Orlovsky-, un escritor famoso que se recupera de una enfermedad a la que nadie creía que pudiera sobrevivir, pero cuyas “musas” se han alejado dejándolo sin vena para la creación literaria; la segunda comienza cuando compra un cuaderno azul portugués que le seduce y le descubre que puede volver a escribir.

Comienza a redactar una novela a partir del personaje “Flitcraft” que aparece en El halcón maltés, de Dashiell Hammett (icono de la novela negra y policíaca estadounidense). Así nace Nick Bobwen, un editor que tras haber estado a punto de perder la vida decide huir de su cotidianidad en Nueva York, a una ciudad donde nadie lo conozca y con el manuscrito de una novela inédita de una famosa escritora ya desaparecida, la cual lleva por título, precisamente, La noche del oráculo.

Entrelazados estos relatos de escritores, Auster involucra al lector de una manera poco común -a través de larguísimas notas al pie de página que al principio chocan porque interrumpen bruscamente la trama-, en la historia de Grace, la esposa de Orr, el protagonista de la novela primigenia, de manera que también está trenzada con las otras dos.

Es una forma de Auster de jugar con el lector, retorcer la estructura y hacerle sentir en un juego de historias dentro de historias en las que presente, pasado y futuro se confunden, mientras que ficción y realidad se asemejan cada vez más, creando lazos inesperados a través de visiones, sueños, recortes de periódico y páginas leídas al azar.

Si bien está presente en estas páginas el talento del autor para complicar situaciones diarias relativas a los sentimientos de sus personajes con desarrollos laberínticos, búsquedas interiores, así como análisis de cuestiones familiares, amorosas y profesionales, el conjunto resulta bastante deshilvanado.

Al respecto, el periodista y catedrático Antonio Méndez Nieto señala que “Auster parece no tener claro el destino de las diferentes vertientes que puede adoptar la novela, ornamentando la narrativa con notas a pie de página vinculadas con el asunto, intentando aportar un artificio de complejidad, situaciones intrigantes y personajes desorientados en una historia, una serie de historias, con bastantes huecos, abandonos de personajes, ideas y motivos, así como apresurada resolución de poca convicción, a pesar de que el apreciable manejo narrativo, la creación de algunos pasajes interesantes y la fabulación sobre su oficio puedan deparar ciertos, pocos, momentos de disfrute literario”.

Este libro aborda asuntos como la condición humana, las difíciles relaciones entre las personas y los hilos invisibles que convierten la vida en algo caótico capaz de acercarnos a la soledad total o de darnos pequeños momentos de felicidad; en este entorno, Sid Orr -el verdadero protagonista- es un escritor que se abstrae y sale de sí mismo para ser poseído por su herramienta mágica: la palabra.

En La noche del oráculo están presentes el misterioso efecto del tiempo, las casualidades, los enigmas detrás de la ciudad de Nueva York e igualmente una forma de contar compleja que entrelaza ficción y realidad, en beneficio de un optimismo derivado de la capacidad catártica del proceso creativo, que induce al lector a reflexionar acerca de lo frágiles que son las certezas humanas.

La de Auster es una trama que habla de historias, de libros, de novelas, pero también de la influencia que el pasado puede tener en el presente e, incluso, en el futuro; igualmente aborda los sentimientos humanos como el amor, la pasión, los celos, la inseguridad, miedo y fantasmas, y por ende de la muerte. Un elemento a su favor es que, a pesar de lo previsible del final, el desenlace queda abierto.

El relato parece un decaedro literario en el cual todas las historias se conectan, se contienen unas a otras, aunque son caras de una figura que no se ven entre sí; cada personaje que aparece en la novela y en la novela dentro de la novela y en el relato de los epígrafes tiene alguna historia para contar y otra para ocultar, sin embargo, hay elementos que la vuelven una obra inacabada.

En este sentido, el periodista y crítico literario español José María Guelbenzu considera que “la apertura de numerosos frentes en la misma batalla, frentes a los que, en buena lógica, la novela tiene que dar solución o, al menos, justificar, y no lo hace. Desde un punto de vista simbólico, las historias cruzadas tienen explicación, pero sólo explicación, porque no logran integrarse en el cuerpo de la novela y da la sensación de que al autor le faltó musculatura para tensar y sostener todo lo que pretende abarcar”.

La técnica de relatos sucesivos y yuxtapuestos crea una dinámica de extraordinario efecto y Auster opta por una solución clásica, que es dejarlos inconclusos. Por ejemplo, Nick Bowen queda en una situación sin salida y entonces Auster se desentiende de la historia, la abandona; o bien Jacob, un chico irresponsable y desquiciado que hace acto de presencia en el último tercio de la novela para mostrar un odio irracional hacia Grace (la esposa de Orr), que no acaba de fundamentarse y le hace actuar como un personaje insertado a fuerza.

A juicio de Guelbenzu no cabe dudar del oficio ni de la capacidad de Auster de plantear situaciones, pero, una vez que todo queda admirablemente expuesto, lo deja todo colgado y es imposible entenderlo porque todos los actos, incluidos los literarios, generan consecuencias que se justifican por ellos; el deslumbrante despliegue de historias se corta de pronto y queda en el lector la sensación de que Auster cierra la novela porque se ha cansado de ella.

Post scriptum

Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947) es un escritor, guionista y director de cine estadounidense que figura entre los novelistas más influyentes del panorama literario actual. Los enigmáticos juegos y las laberínticas tramas encadenadas por el azar de su narrativa, y su prosa despojada y elegante, han marcado un nuevo punto de partida para la novela estadounidense.

Auster se graduó en la Universidad de Columbia en 1970, donde estudió literatura francesa, italiana e inglesa, ha publicado artículos de crítica literaria y recopilaciones de sus poemas. Entre sus obras figuran Espacios blancos, The Random House Book of Twentieth Century French Poetryantología de la poesía francesa contemporánea, El arte del hambre, recopilación de ensayos, La invención de la soledadLa trilogía de Nueva York formada por Ciudad de cristalFantasmas y La habitación cerrada; LeviatánHistoria de mi máquina de escribir y La noche del oráculo.

Ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Médicis por la novela Leviatán, el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid por El libro de las ilusionesel Premio Qué Leer por La noche del oráculo y el Premio Leteo; en 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y comandante de la Orden de las Artes y las Letras Francesa. Su obra está traducida a más de cuarenta idiomas.

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