Uruguay: disparos transfronterizos de coronavirus

Hugo Rius * _________________

Montevideo (Prensa Latina).-  Así como Brasil tiende su gigante sombra económica hacia Uruguay, ahora asoma los tentáculos de un coronavirus expansivo a través de porosas fronteras.

Virtual talón de Aquiles en los empeños del país rioplatense para mantener una aplanada curva de propagación de Covid-19 tiene a gobierno, autoridades y común ciudadano consciente con la atención puesta en la extensa línea demarcatoria septentrional.

Por lo menos cuatro departamentos territoriales, Artigas, Rivera, Cerro Largo y Rocha limitan con la potencia suramericana, y en algunos casos con ciudades binacionales de libre tránsito potencialmente portador del virus SARS Cov-2.

Así se comprende que el presidente del país, Luis Lacalle Pou, se desplazara en apenas dos meses de su investidura a evaluar puntos de control en límites de Cerro Largo y en fecha más reciente por dos veces en cuatro días a Rivera, donde en  poco tiempo se dispararon los casos hasta 40 con dos fallecimientos.

País pequeño, con una población de poco más de tres millones de habitantes, baja densidad demográfica y escasas áreas de hacinamiento poblacional, favoreció las medidas adoptadas para enfrentar la pandemia desde el 13 de marzo en que se declaró oficialmente la emergencia nacional sanitaria.

Hubo un temprano cierre de fronteras, suspensiones de clases, de todo tipo de espectáculo, de actividades económicas y comerciales y exhortaciones a permanencia en casa, sobre todo a los de la franja etaria en mayor riesgo, a evitar aglomeraciones e incentivar una cultura del uso de nasobucos y lavados de manos y otros hábitos de higienización.

También los precedentes 15 años de gobierno del Frente Amplio legaron una sólida base sanitaria construida para encarar una pandemia tan desconocida y virulenta, reforzando la cadena asistencial hospitalaria.

El actual subsecretario de Salud Pública, José Luis Satdjian, resumió esas fortalezas en el reconocido Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), con una red de atención primaria importante, sistemas de saneamiento y otras condiciones prexistentes como la digitalización de los uruguayos que facilitó la telemedicina y evitar saturaciones en salas de cuidados intensivos.

A ello se añadió una fuerza humana científica cultivada en pasadas décadas, que desplegaron investigaciones, inventivas en producción de test y necesarios dispositivos médicos.

Con la llegada de junio y el agresivo invierno austral, Uruguay exhibe por ahora una de las más bajas tasas de infectados, en momentos en que el vórtice de la pandemia se trasladó a las Américas.

Todavía su acumulado de casos positivos anda por los 800, 22 fallecidos y un buen porcentaje de recuperados.

Pero tanto el citado funcionario como cualquiera de los prestigiosos integrantes del Comité Científico Honorario que monitorea y asesora al gobierno en su reciente propósito de reanudar actividades suspendidas, están conscientes de que un nuevo rebrote del virus puede acaecer.

El médico biólogo Rafael Radi, que coordina ese grupo, puntualiza que la pandemia en este país se encuentra en “relativo control” y que “se abre un escenario posible y de relativa seguridad para hacer una reapertura de las escuelas”, basadas en cuatro pilares de “progresividad, regulación, monitoreo y evidencia”.

Tal como subraya que en lo inmediato, “nuestra tarea hoy es superar el invierno con la pandemia controlada”.

Para el especialista “en las fases nuevas, en ausencia de vacunas o tratamientos, la única estrategia sustentable para el país es evitar los contagios”, indicó y remarcó que para eso es determinante el “distanciamiento físico sostenido”.

En el transcurso del nuevo coronavirus Uruguay atravesó por varios eventos desde el inicial en un casamiento exclusivo de clases altas, contagios en asilos de ancianos, en un hospital y en asentamientos irregulares suburbanos.

Si de estas amenazas de propagación pudo salir airoso, en estos momentos el cumplimiento de protocolos para reanudación de clases, y actividades laborales y el acatamiento inestable de las normas de protección ciudadana abren potencialidades de indeseables retrocesos.   Pero nada preocupa más que compartir frontera con un país como Brasil, entre los de más alta letalidad en el mundo, con el cual el gobierno uruguayo se esfuerza por reactivar un acuerdo sanitario bilateral que viene desde los tiempos del Frente Amplio y del Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma.

La cuestión tiene aristas imperiosas por la complejidad de abarcar ciudades binacionales o hermanadas de libre tránsito, como Rivera-Santana de Livramento; Artigas-Quaraí; Cerro Largo-Aceguá, y Chuy en el departamento Rocha, donde se llega a compartir una misma calle, con diferencias de ciudadanías en las aceras opuestas.

Uruguayos y brasileños cruzan de un lado al otro en libre elección de domicilios, lugares de trabajo, estudio, y de servicios y hasta de pareja familiar. Contingentes se trasladan para zafras de caña de azúcar y construcciones de obras.

A primera lectura la emergencia sanitaria mundial impele a la colaboración entre los países y por consiguiente entre estos dos cercanos vecinos.

El gran problema radica en lograr una coordinación, o “medidas espejos”, como gusta decir el canciller Ernesto Talvi, con otro gobierno cuyo presidente, Jair Bolsonaro, prácticamente niega la pandemia y actúa con contumaz irresponsabilidad, indiferente a las estadísticas de muertes.

Con mejor suerte, si el gobernador estadual de Rio Grande do Sul es de los que desafían con autonomía al ultraderechista mandatario, puede que Uruguay consiga contener la expansión pandémica desde este flanco.

Pero de lo contrario le espera el desafío de enfrentar en mezclado terreno poblacional los contagiosos disparos que alienta el encumbrado genocida pandémico.

*Corresponsal de Prensa Latina en Uruguay.