Trudeau, África y el pretendido asiento de Canadá en la ONU

Deisy Francis Mexidor * ______________

La Habana (Prensa Latina).-  El primer ministro Justin Trudeau prometió recuperar el asiento de Canadá en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2021 y viajó a África en busca de apoyo.

De hecho, la mayor parte del tiempo de su actual viaje al exterior -del 6 al 14 de febrero- lo dedica Trudeau a tratar de “acorralar los votos africanos para la candidatura de Canadá”, según un reporte de la radiotelevisora pública canadiense CBC.

La apreciación del medio de prensa parece no estar desacertada, pues una agenda de viaje anticipada por el propio Trudeau informó sus planes en Etiopía -escala inicial de la gira- de asistir a la Cumbre de la Unión Africana (UA), que se efectúa 9 y 10 de febrero, para intercambiar con los líderes del continente.

El organismo regional es una rica fuente de votos potenciales para cualquier país que pretenda ganar un asiento en el Consejo de Seguridad. Tiene 54 miembros con voto en las Naciones Unidas, aproximadamente un cuarto de los totales.

En un comunicado difundido en su página oficial, el primer ministro comentó que participaría allí en “actos paralelos centrados en la profundización de nuestras relaciones con los países africanos y en el fomento del crecimiento económico”.

Lo anterior es parte de la supuesta “nueva agenda” para África que comenzó con un viaje a Nigeria, Kenya y también Etiopía del entonces canciller, Stéphane Dion, en noviembre de 2016.

Justin Trudeau.

Al mes siguiente, cuando Trudeau visitó Liberia y Madagascar, el gobierno declaraba que “Canadá ha regresado”, dando a entender con eso que se querían revivir las relaciones globales descuidadas o ignoradas bajo la administración anterior.

En la actualidad, alrededor del 40 por ciento del presupuesto de ayuda internacional de Canadá se destina a África. Etiopía recibe unos 200 millones de dólares al año, dicen las estadísticas.

Por lo que esa importante porción del mundo es parte de la cruzada diplomática de Ottawa en busca del añorado puesto, por el cual el gobierno federal erogó hasta la fecha unos dos millones de dólares para sustentar su campaña internacional.

Y es que desde la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, Canadá ha sido uno de los miembros no permanentes del Consejo con más presencia en ese órgano, donde estuvo una vez por década hasta el año 2000.

Recuperar ese espacio fue uno de los objetivos de Trudeau tras su llegada al poder en 2015.

Pero hace una década atrás, durante el Gobierno del primer ministro conservador, Stephen Harper, las aspiraciones de Canadá se truncaron con el rechazo que sufrió su candidatura en la Asamblea General.

Harper -conocido por sus críticas y hasta desdén hacia los organismos de la ONU- expresó en numerosas ocasiones su falta de interés en la diplomacia multilateral, incluso después de la fallida candidatura sacó a Canadá del Protocolo de Kioto.

El escaño en cuestión es uno de los dos asignados al grupo de Europa Occidental y Otros Estados, que incluye a Canadá, Australia y Nueva Zelanda junto con la mayor parte de Europa Occidental (menos Francia y Reino Unido, miembros permanentes al igual que Estados Unidos, Rusia y China).

Los rivales de Canadá para el puesto son Noruega e Irlanda, dos naciones europeas que, a juicio de expertos, tendrían asegurados los votos de sus vecinos geográficos.

A propósito, el viaje de Trudeau a la cumbre de la Unión Africana en Addis Abeba “ni siquiera es una idea original; la noruega Erna Solberg hizo lo mismo el año pasado y ese país también gastó alrededor de un 50 por ciento más que Canadá para hacer avanzar su candidatura”, recordó CBC News.

Solberg, quien coincidió ahora con el gobernante liberal en la UA, sugirió las ventajas de Noruega. “(…) hemos estado en el mismo camino constante durante mucho tiempo, por lo que (los líderes africanos) nos conocen”, señaló a periodistas canadienses.

De todas maneras, este empeño sugiere una batalla cuesta arriba para Trudeau, porque existe otra consideración que puede favorecer aún más a los europeos en detrimento de Ottawa: la cuestión de Palestina.

No es secreto que buena parte de los países africanos e islámicos se identifican fuertemente con la causa del pueblo palestino y utilizan sus votos en las Naciones Unidas para castigar a quienes se ponen del lado de Israel.

Por años, Canadá se esforzó por votar en contra de las resoluciones sobre el conflicto israelo-palestino, una de las principales razones por las que bajo el gobierno de Harper no se obtuvo el asiento en el Consejo de Seguridad, recuerdan analistas.

Y aunque el gobierno de Trudeau modificó en parte su comportamiento apoyando resoluciones sobre el derecho de los palestinos a la autodeterminación, todavía está muy ligado al pequeño campo pro-israelí en la ONU, advirtió la televisora pública.

En ese sentido, a su favor Noruega tiene el mérito histórico de haber acogido las conversaciones de los Acuerdos de Oslo (1993) entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina.

Precisamente, el tema palestino se presentará ante el Consejo de Seguridad ya que Túnez, uno de los tres países africanos que integran el órgano, promoverá una moción de condena al mal llamado plan de paz elaborado por el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner.

La posición de Túnez y de su presidente, Kais Saied, ha sido firme en contra del denominado “acuerdo del siglo”. El mandatario calificó el engendro político como “la injusticia del siglo” y afirmó que constituye “una gran traición” para los palestinos.

Para Canadá no sería un problema, de momento, si el asunto se trata solo en ese órgano, pero si trasciende a la Asamblea General de la ONU antes de la elección del Consejo de Seguridad el 17 de junio, Ottawa puede verse obligada a tomar partido de forma pública.

Algunos observadores consideran poco probable que el norteño país respalde un plan que ignora de manera flagrante las resoluciones existentes del Consejo de Seguridad en ese ámbito, por lo cual sus opciones se moverán entre el rechazo o la abstención.

De ahí que el camino que -de seguro- tomará Ottawa será el de la abstención, así evitaría un incremento de las tensiones con Washington, aunque le perjudicaría, sin dudas, sus posibilidades de ganar el pretendido puesto en el Consejo de Seguridad.

*Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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