Trágico final de millones de esclavos en los mares y epidemias

Marta Denis Valle* ____________

La Habana, (Prensa Latina).- El genocidio de los esclavos comenzó con su captura en África, durante las caravanas hasta las costas y en las travesías al continente americano, escenarios de millones de muertos de hambre, enfermedades, ahogados o asesinados.

Nunca se conocerá la cifra aproximada de la masa humana arrancada de sus pueblos, en salvajes cacerías en las que los traficantes preferían a los más jóvenes y fuertes, al precio de exterminar ancianos, mujeres y niños, mutilados o asesinados en el momento.

Alrededor de 150 millones fueron apresados, según estimados, y solo 15 millones fueron finalmente introducidos en el denominado Nuevo Mundo a partir del siglo XVI.

Fríos cálculos consideran que para esclavizar a mil africanos, mataban una cifra similar (unos 135 millones de seres humanos en total); el 25 por ciento de los apresados moría en los campos de concentración en las costas africanas y el 35 por ciento de los que salieron de su lugar de origen fallecieron en el viaje.

En la trayectoria sufrieron todo tipo de maltratos tanto hombres como mujeres, a éstas, antes de embarcar, las obligaban a tomar brebajes que suprimían el flujo menstrual y estaban a merced de los abusos sexuales.

Un ejemplo está en el bergantín Jesús María, capturado por el inglés Rigdore y traído a La Habana con 252 esclavos (97 hembras de 13 y 14 años de edad, todas violadas durante el viaje); el capitán huyó tras anclar el buque.

La historia registra numerosos hechos nefastos ocurridos en la travesía desde Africa de embarcaciones denominadas negreras, principalmente durante las primeras décadas del siglo XIX, a causa del mal tiempo en las aguas atlánticas y del Caribe, o capturadas en el trayecto.

El comercio legal de esclavos (trata esclavista) fue eliminado oficialmente a partir de 1820, luego que Inglaterra hizo firmar a España en 1817 un acuerdo en ese sentido.

Esto fue seguido por un aumento del contrabando y la persecución; en los 20 años siguientes entraron en Cuba por vía ilegal unos 300 mil esclavos.

VÍCTIMAS DE TEMPESTADES Y NAUFRAGIOS

La goleta Yeanam se hundió en viaje a La Habana con 380 esclavos; el Mágico naufragó embarrancado en 1826, perseguido por un crucero inglés, y aunque se salvó la tripulación y unos 200 esclavos, muchos más perecieron; en 1827 igual suerte corrió la goleta Teresa, con 186 esclavos.

Un gran desastre sucedió en 1837; el Invencible procedente de Cabo Verde hacia el puerto cubano de Matanzas naufragó con otros buques en Bahamas, a consecuencia de lo cual se ahogaron 150 esclavos; también la goleta Esperanza embarrancó allí y perdió la carga de 100 hombres.

El mismo año durante un ciclón que azotó al barco negrero pirata El Explorador, murieron 300 esclavos; la nave se trasladaba de Mozambique a La Habana.

Antes hubo numerosos casos de cargazones arrojadas al mar como en los buques el Zong (1781) y Gastave Vassa (1783).

En 1814 el barco negrero español Carlos fue capturado para inspección con una carga de 512 negros -180 más de lo permitido para su tonelaje- y antes pudo arrojar al agua a unos 80.

LAS EPIDEMIAS

Las enfermedades diezmaban con frecuencia a la negrada y aquellos infelices iban igualmente al fondo del mar.

Los traficantes lanzaban por la borda cada año unos tres esclavos vivos, considerados mercancía defectuosa y fueron alimento para tiburones y cocodrilos.

Una estela de los cuerpos insepultos, ya pestilentes, seguía a los barcos algún tiempo.

Eran frecuentes la viruela, la disentería, la oftalmía y el escorbuto, debido al hacinamiento, la poca alimentación y la falta de higiene; los trastornos intestinales provocaban las muertes más comúnmente.

Muchos morían por enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria y la fiebre amarilla; la falta de vitaminas se manifestaba en la alteración de las encías y debilitamiento general; sufrían además de inflamación en los ojos, ceguera y dolencias respiratorias.

Las cadenas laceraban sus cuerpos, los grillos les provocaban llagas que se infestaban hasta la gangrena; convivían cuerpo a cuerpo, junto a heces fecales y otros desperdicios humanos.

El negrero francés Rodem zarpó rumbo a la isla de Guadalupe, en 1819, con 160 esclavos a bordo. La disentería y la oftalmía azotaron el cargamento, 93 terminaron el viaje completamente ciegos, 12 con un sólo ojo y otros 14 muy afectados; el resto de los enfermos fueron lanzados al mar.

El Intrépido arribó a La Habana, en 1828, con la pérdida de 208 esclavos de los 343 que embarcó en África.

La Fama, buque negrero de Cádiz, también llegó a esta capital en 1829, con solo 300 de los 900 esclavos que embarcó en las costas africanas, muchos de los cuales murieron de viruela y otras enfermedades; así como la mitad de su tripulación.

En esa fecha, La Constanza desembarcó en Cuba 70 esclavos sobrevivientes de los 438 que salieron del continente africano; al Midas, capturado en 1829, le ocuparon 282 de una carga inicial de más de 500.

*La autora es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.

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