Textura violeta

Textura violetaHelen Álvarez no llora, lucha

Drina Ergueta ___________

 (SemMéxico). Aunque nació en la ciudad de La Paz, Bolivia, cuando Helen Álvarez llegó a este mundo su padre corrió a Coroico, su verde y colonial pueblo en los valles de Los Yungas, a inscribir a su primogénita como coroiqueña. Una rubia de ojos verdes oriunda de un pueblo conocido por la presencia de descendientes de africanos: desde su nacimiento, ella parecía no encajar en los estereotipos, y posteriormente roles, que se asignan a las personas por etnia, clase social, género…, y los acontecimientos de los últimos días la han revelado como una mujer extraordinaria y a la vez una fiel representante del común de las mujeres bolivianas: las sin privilegios y las luchadoras que se forjan por esfuerzo propio.

Helen Álvarez.
Helen Álvarez.

Hace unos años, a Helen le hicieron una buena oferta laboral porque, además de su reconocida capacidad profesional, por su trato siempre correcto y su voz sin estridencias, para la jefa y propietaria de la empresa, ella era “una verdadera señora”. Álvarez, militante del movimiento feminista desde hace muchos años, es el rostro poco conocido y para algunos inesperado de las “temibles” Mujeres Creando de Bolivia, cuya incidencia en la defensa de los derechos de las mujeres es internacionalmente conocida.

Por las noches, a veces de traje sastre y con tacones, Álvarez grafiteaba en las paredes citadinas frases como: “No puedo ser la mujer de tu vida porque soy la mujer de la mía”, o “Mujer que se libera, no plancha más camisas”.

Helen Álvarez es hija de una enfermera y de un técnico mecánico, ambos bolivianos rubios y de ojos claros. Este dato importa porque en Bolivia, especialmente hasta hace unos años, el factor racial fue asociado a la clase social: cuanto más blanca la piel más alto el poder económico. No es el caso de la familia Álvarez, que buscó sentar raíces en El Alto cuando aún era un barrio marginal paceño donde había que batallar por los servicios básicos y predominaba la población indígena.

Su entorno y sus inicios sin privilegios en la vida adolescente le imprimieron un marcado sentido social, que con los años derivó en la lucha por los derechos de las mujeres. Se casó joven y se separó pronto con un niño pequeño y llevando en su vientre a Andrea, la hija que este fin de semana ha enterrado.

Sola, hizo enormes esfuerzos para trabajar y estudiar a la vez, para hacerse de un reconocido lugar en el periodismo y sacar adelante a su hijo e hija, ambos siempre su prioridad. Así como lo es hoy su nieta en este duro trance de dar sepultura a su hija, atropellada por un vehículo conducido por su ex pareja, William Kushner Dávalos, ahora imputado por feminicidio.

Mientras exigía con firmeza justicia para Andrea ante los medios, que recorrió y atendió en una maratón de entrevistas para difundir lo ocurrido, se tragó un sinfín de lágrimas y se mostró serena sólo para evitar que la pequeña de 7 años la vea sufrir, pero cuando las cámaras de televisión se iban se derrumbó más de una vez.

La imagen de Helen haciendo un esfuerzo por no romper en llanto mientras hacía jugar a su nieta durante la misa de cuerpo presente es terriblemente conmovedora. Por la niña, esta ceremonia fue muy privada, entre familiares y amigos muy cercanos, así como lo fue el entierro.

La fortaleza de Helen Álvarez a pesar de la carga del dolor infinito es admirable y tiene absoluta coherencia con la necesidad vital de lograr que se cumpla la ley en un caso como éste, donde son muy pocos los ejemplos de juicios justos y mucho menos de sanciones para los asesinos.

Ante una justicia que hasta por el mismo gobierno actual es reconocida como muy débil, por su alto grado de ineficiencia y corrupción, y frente a las influencias del poder y del dinero que tradicionalmente han “facilitado” trámites y sentencias, Helen sólo cuenta con la denuncia y con la movilización de familiares, amistades y gente de la calle que siempre ha luchado contra las injusticias, además de sumar la experiencia de las feministas en la lucha para rechazar la violencia machista.

El respaldo social en la calle y en las redes sociales entre quienes valoran la vida y la justicia, entre quienes rechazan las agresiones a las mujeres, entre quienes son madres y padres y se identifican con Helen, ha sido y es importante y se ha reflejado en la masiva “marcha de colores” con la que fue acompañado al féretro este sábado, en un inusual cortejo fúnebre que celebraba la vida, que recordaba la alegría de Andrea que yacía muerta.

Helen Álvarez, esta boliviana paceña coroiqueña alteña, esta periodista feminista, esta madre y padre, esta abuela a toda prueba, este otro rostro de Mujeres Creando, esta verdadera señora, encarna a las mujeres bolivianas en su sufrimiento por la violencia machista, en su rebeldía, en su forma de hacer frente al dolor sin victimismo y de reclamar justicia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: