Temporada de zopilotes

Perfiles Políticos

 Francisco J. Siller _____________

Tras la mañanera del jueves queda una duda ¿Aún será secretario de Hacienda Arturo Herrera? ¿Compartirá la suerte del anterior titular, Carlos Urzúa? Las diferencias del presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete económico son evidentes, o es que ¿solo habla de dientes p’a fuera?

Las diferencias de hoy surgen por la presentación de los precriterios para el presupuesto de ingresos y egresos del gobierno federal para 2021, que preveé un decrecimiento de nuestra economía entre el 1 y el 3.9 por ciento. Yo no estoy de acuerdo dice a disgusto, y solo atinó a decir que no he visto lo que propusieron, lo voy a revisar.

Pero como sale en estos momentos a decir que no conoce el documento enviado por la SHCP en su nombre –no en el de Herrera o del subsecretario Gabriel Yorio–, porque es su responsabilidad como titular del Ejecutivo Federal el presentar esos precriterios a más tardar el 1 de abril.

Hoy descalifica a Arturo Herrera y a su equipo, porque no está de acuerdo con sus números y espectativas. Sigue pensando que la crisis de salud y la económica que nos golpea, es pasajera, por lo que no modificará un apice su postura. Es más, asegura que la pandemia del coronavirus le vino como anillo al dedo.

¿Qué gana el presidente al contradecir a su equipo económico? ¿Porqué no aceptar que decreceremos en el porcentaje que sea? Así, cuando logre un avance, podría quedar como mago ante sus pejelovers y a lo mejor convence a sus adversarios, de que está actuando de forma correcta.

Sin embargo, desde su óptica piensa que ésta será una crisis transitoria, que va a salir fortalecido. Cree que puede utilizar la pandemia para afianzar el propósito de la transformacion que propone para México y como siempre politiza el tema con su lucha contra la corrupción y por la justicia.

López Obrador confía en salir incólume de esta crisis, aunque su fracaso en otras, como la de seguridad o la economía sea evidente, en buena parte porque piensa que su gobierna socialista, es capáz de llevarlo a su tan añorada revolución a la que llama la Cuarta Transformación.

Si algo ha enseñado en los 15 meses que lleva su mandato, es que es un hombre narcisista, incapáz de corregir, de adaptarse. Nos ha mostrado que es un presidente personalista, sin contrapesos porque tiene un gabinete debil y un congreso sometido a sus caprichos.

En tanto siga asumiendo el papel de líder que divide, que no unifica, él es su principal obstáculo, porque su visión política le impide ver con claridad el panorama de recesión, desempleo que nos amenaza y que no proviene de sus adversarios, sino de una crisis global, de la que pretende sustraerse, simplemente ignorándola.

A él le gana su carácter combativo –adquirido tras 18 años de lucha opositora–, nada más se siente acorralado por la crítica abandona su actitud pasiva, como con su mal llamada tregua, apenas mantenida por algunas horas y rota por sus ataques a la prensa zopilotera y amarillista.

Cuando deje de pensar que a sus adversarios los domina el odio hacia él y se comporte como un verdadero estadista, que deje de preocuparse por lo que llama temporada de zopilotes, porque le preguntan ¿cuantos decesos se esperan por el COVID-19? Que entienda que esta no es una crisis pasajera.

Ojalá por el bien de México ponga los pies en la tierra y deje de ignorar las experiencias de otros países.