Semana Santa sin Dios

El otro dato

Juan Chávez _______________

Aunque nos  esté llevando el carajo, esta semana  santa es de guardar agüevo… no por desgracia por mandato de Dios, sino por el maldito COVID-19 que trae por el callejón de la amargura a la humanidad entera.

No habrá vacacionistas en las playas ni turistas en las zonas arqueológicas coronadas por las pirámides construidas por los ancestros de los mexicanos.

De “guardar agüevo” para todas las familias del mundo, porque hay que evitar la propagación del virus letal y no salir de casa más que para lo “esencial”.

Dios no se mete con la humanidad desde los lejanos y antiquísimos días del diluvio universal, según constancias de la Biblia que es, para los creyentes, la palabra del Divino… aunque para otros sólo sea mera “inspiración”.

En México, para colmo, en esta semana que comenzó el domingo con el “domingo de ramos”, comenzó amargamente, sin un verdadero plan de reacción de la economía que languidece también por efecto de la infección mundial que nos metió a una pandemia inmisericorde y que se antoja  castigo del Supremo, con todo y las estampitas que porta en su cartera el señor L(i)opez.

México, con el coronavirus y López Obrador va derechito a una depresión porque, de acuerdo al informe trimestral con que el presidente ensombreció   al país más que reanimarlo, no hubo ninguna respuesta a los empresarios que integran el sector privado de la economía.

Voy por los pobres, dijo, palabras más palabras menos, el mandatario que está plenamente divorciado de la actividad productiva.

Es positiva la posición de “ir por los pobres”, pero olvida que los dueños de las empresas, las grandes, las medianas o las chicas, son las que sostienen a los trabajadores, con salarios de hambre, pero salarios al fin.

Con la reducción salarial a funcionarios públicos y sin su sagrado aguinaldo, L(i)opez acumulará 3,000 millones de pesos para sumarlos a otras cantidades del  “ahorro y la austeridad” con los que se apresta a “reactivar la economía”.

De plano, está en la Luna… con un sector empresarial que ahora sí tiene armas para abandonarlo a su suerte y dejar que sus posiciones abyectas e irresponsables, terminen por hundirlo… si es que el coronavirus no se lo echa al plato antes.

Los hombres de las empresas (industriales, comerciales y de servicios) ya acordaron reunirse para apoyarse ellos mismos en esa reactividad económica que es necesaria a la vista de la criminal pandemia.

Ellos ya están armando su propio plan, frente a la negativa del gobierno federal de apoyarlos fiscal y financieramente.

Semana santa pues torcidos, sin adoración al Supremo y rezando porque el coronavirus no siga dándole de martillazos mortales a la humanidad.

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