Seis años de desvíos quebraron a Policía Federal; fraude mayor a los 2 mil 650 mp

Centro Histórico

 .- El caso Odebrecht desacredita como nunca a la débil oposición mexicana.

.-  «Videgaray, pieza clave de sobornos» y puntilla del ciclo del Peñismo.

Crescencio Cárdenas Ayllón __________________

Este asunto del Avión Presidencial que no es avión presidencial me recuerda aquella canción del personaje que tendría dinero cuando cobrara un pagaré que le debía el gobierno y que hasta entonces le compraría a su mujer ropa y le daría otros gustos, así está la rogada venta de “cachitos” de la rifa de la ostentosa nave símbolo del dispendio de dos gobiernos anteriores  a pesar de que según se ha informado hay dos pos8ble compradores que pagarían el total de costo del avión que ahora sirve de locación al presidente AMLO para promover la venta de fracciones de los billetes  debido a la lentitud de los responsables de la Lotería  Nacional  (Lotenal) para hacer esas acciones.

Pero es cierto que en  Lotenal sus responsables dedican su tiempo a buscar la forma de obligar a sus trabajadores y empleados a que renuncien a su trabajo o bien a que firmen documentos en los que quitan toda responsabilidad a la institución en caso de que alguno de ellos sea contagiado por el diabólico virus de la corona mientras los pobres billeteros navega y deambular por la ciudad capital en busca de compradores para los cachitos que se niegan a cambiar de dueño.

Y así pasa el tiempo y la fecha del sorteo se aproxima cada vez más y la desesperación de los vendedores incluidos los responsables de la 4t se truenan los dedos porque no se avanza como se esperaba sin contar con que el Jefe del Ejecutivo Federal le hace propaganda a la mentada rifa en cada oportunidad que se le presenta en su noticiero diario llamado “La Mañanera Presidencial”. Claro en los días en que no responde ataques de los conservadores. Pero en fin esperemos la llegada del 15 de septiembre.

El caso Odebrecht es la puntilla del ciclo político del “peñismo”, que fueron seis años muy largos de un descrédito total de la clase política, dijo ayer martes a Efe Martha Singer, politóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y  desacredita como nunca a la débil oposición mexicana

La oposición mexicana, que no ha sabido ni podido levantar la cabeza desde el triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador en 2018, se ha hundido todavía más en el descrédito provocado por el tsunami político de la trama Odebrecht, en el que el presidente surfea con comodidad.

La gota que ha colmado el vaso tiene el nombre de Emilio Lozoya. El exdirector de Pemex extraditado desde España por recibir 10,5 millones de dólares en sobornos de la constructora Odebrecht presentó una denuncia en la que implica en tramas de corrupción a los expresidentes Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón. Así como a la élite de los partidos que se han repartido el poder hasta ahora: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN).

Un hecho que le ha venido como anillo al dedo a López Obrador, quien ve en la denuncia un documento que aglutina a todos sus rivales políticos y que publicita a diario para dejar sin opciones a la oposición en las elecciones intermedias del próximo año.

«El caso Odebrecht es la puntilla del ciclo político del peñismo, que fueron seis años muy largos de un descrédito total de la clase política», dijo este martes a Efe Martha Singer, politóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Décadas de descontento social. El descrédito de la oposición frente a un López Obrador, que conserva altos índices de popularidad pese a sus polémicas, no comienza en las elecciones de 2018 sino mucho antes. «La oposición sufrió un revés histórico por múltiples errores que cometieron cuando fueron Gobierno. Había una clase política que no veía el temblor que venía pese al enorme malestar ciudadano por la corrupción y la falta de rendición de cuentas», opinó Marco Fernández, politólogo del Instituto Tecnológico de Monterrey.

En 2012, Peña Nieto ganó la presidencia presentando un «nuevo PRI», el partido que había gobernado el país durante siete décadas y que en el 2000 había sido apartado por el PAN bajo el estigma de corrupto y autoritario. Pero poco duró el espejismo de Peña Nieto, cuyo mandato estuvo manchado por la desaparición en 2014 de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el conflicto de interés en la compra de una mansión y los escándalos de corrupción entre gobernadores priistas. A ello se suma ahora el presunto uso de sobornos por parte de Peña Nieto y su secretario de Hacienda Luis Videgaray para comprar a legisladores del PAN para que aprobaran la reforma energética de 2013.

El PAN, un partido golpeado el año pasado por la detención en Estados Unidos de Genaro García Luna, secretario de Seguridad de Felipe Calderón, quien inició una controvertida guerra militar contra el narcotráfico, por haber colaborado presuntamente con el Cártel de Sinaloa.

«En los últimos 30 años se vivió un distanciamiento muy grande entre los Gobiernos y la sociedad que logró articular López Obrador con un discurso del cambio y que ha dejado a los partidos de oposición sin base social», subrayó Singer.

Sin líderes a la vista.  Los candidatos en 2018 del PAN y del PRI, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, también implicados ahora por el exdirector de Pemex, no pudieron hacerle sombra a López Obrador, del izquierdista Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y se retiraron de la política. Esos partidos no tienen ahora ningún líder fuerte y visible que confronte al presidente, quien cada mañana ofrece una rueda de prensa y arremete contra la oposición, a la que considera «moralmente derrotada».

Fernández aseguró que el «problema» de la oposición es que los políticos del PRI y del PAN «no tienen mucha sensibilidad y empatía para medir opinión de la gente», al contrario del presiente, quien toma medidas efectistas e incluso populistas como vender el lujoso avión presidencial de sus predecesores.

A raíz de este «distanciamiento con la sociedad y su estilo de ejercer el poder que ya no existe», Singer consideró que «el ciclo de reconstrucción de la oposición va a demorar muchos años». Y dentro de esta reconstrucción no estarán los nuevos partidos que quieren crear Calderón y la sindicalista Elba Esther Gordillo de cara a los comicios del próximo año, puesto que son partidos nuevos con líderes viejos.

¿La semilla de la ultraderecha?  Pero la debilidad de la oposición no implica que no haya malestar en algunas capas de la población hacia el actual Gobierno, agravado por la gestión de la pandemia, que ha situado a México como el tercer país con más muertos de COVID-19. Un nuevo movimiento con tintes clasistas autodenominado Frente Nacional Anti AMLO (Andrés Manuel López Obrador) o Frena organiza cada semana modestas concentraciones para exigir la salida de López Obrador.

¿Es la semilla de un movimiento de ultraderecha en México? «Es una buena pregunta. Los grupos de ultraderecha siempre han estado latentes, existen, pero afortunadamente la sociedad ha impedido que cuajen», expresó Singer. Fernández advirtió que si estos grupos «se radicalizan» pueden convertirse en «un peligro para la joven democracia mexicana».

Durante seis años, de forma ininterrumpida, la Policía Federal registró un desvío sistemático de recursos que no solo representó un fraude al erario, sino que terminó por quebrar a la corporación, complicando su funcionamiento operativo al no poder pagar al final ni la luz de sus edificios, ni la gasolina de sus patrullas, ni el hospedaje de sus efectivos.

Por este fraude la Fiscalía General de la República (FGR) integra una carpeta de investigación por diversos delitos de corrupción, distinta a la que ya fue procesada en contra de 19 exfuncionarios por lavado de dinero, y donde están implicados esos y otros exfuncionarios. En total, la FGR indaga un posible quebranto final a la Policía Federal que asciende a los 2 mil 657 millones de pesos, de acuerdo con datos de la investigación a los que este medio tuvo acceso.

Los principales responsables de estos desvíos, según la denuncia que la hoy Guardia Nacional promovió ante FGR, son las tres personas que ocuparon el cargo de la Secretaría General de la Policía Federal a lo largo del sexenio pasado. Todos ellos bajo el mando del entonces secretario de Gobernación y hoy senador, Miguel Ángel Osorio Chong.

Se trata de Jesús Orta Martínez en cuya gestión en el referido puesto, de 2013 a 2015, se habría registrado el desvío de poco mas 700 millones de pesos de la corporación; Frida Martínez Zamora con malos manejos de 1 mil 800 millones de pesos durante su perdió de 2015 a 2017; y Alejandro Bautista García quien asumió ese despacho en 2018 y donde se detectaron malos manejos por otros 120 millones de pesos.

Ellos tres, junto con otros exfuncionarios que no han sido revelados, son indagados dentro de una carpeta de investigación que se integra desde el año pasado en FGR por posibles delitos de corrupción entre ellos peculado, ilícito que tras las reformas aprobadas ya es considerado un “delito grave” que amerita prisión preventiva automática.

De ser judicializada esta investigación, que está a cargo de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, representaría para Orta y para Martínez un segundo proceso además del que ya se inició en su contra, y en contra de otros implicados su primera orden de aprehensión o comparecencia.

El fraude y la quiebra: ni para la luz quedó. Lo que la investigación de la FGR arroja es que, de forma ininterrumpida, y sin importar que persona estuviera al frente de la ya extinta PF, se implementó una estrategia sistemática de malos manejos que año tras año facilitó el desvío de miles de cientos de millones de pesos al amparo de supuestas contrataciones.

En la denuncia presentada ante la Fiscalía se identifican, por ejemplo, contratos por arrendamiento de patrullas, de equipos tecnológicos para supuestas intervenciones inteligencia, de mantenimiento de aeronaves, entre otros, en donde el común denominador eran los precios inflados. Además, diversas auditorías – tanto de los órganos internos de control como de la Auditoría Superior de la Federación – detectaron que al amparo de dichos contratos se autorizó la salida de montos mucho mayores a los autorizados sin que se sepa dónde quedó el dinero.

«Videgaray, pieza clave de sobornos». Cuando se acabaron los recursos de los sobornos que Odebrecht entregó a la administración de Enrique Peña Nieto, su exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, echó mano del dinero de partidas federales y/o de empresas para comprar votos y aprobar la reforma energética.

En las acusaciones que el Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, presentó por escrito ante la Fiscalía General de la República (FGR), Videgaray Caso aparece como protagonista y operador de sobornos y a quien el exfuncionario y sus allegados debían rendirle cuentas.

El nombre de Videgaray Caso está mencionado en la denuncia al menos 99 veces, en las que Lozoya Austin lo calificó como pieza clave y el hombre de más confianza de Peña Nieto para operar y designar la entrega de cantidades millonarias obtenidas ilícitamente para diversos fines.

Por lo demás, creo que todos estamos bien, de no ser por la pandemia.

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