Se vive ya la Navidad

Indiscutiblemente que es la época más bonita del año

.-  El Adviento también es tiempo de recogimiento y austeridad, es un tiempo de atención y vigilancia, ante el enemigo que trata de seducirnos con los atractivos del consumismo, es cuidar que nadie nos robe los valiosos regalos que nos da Cristo.

Aldo Bonilla Chávez ________________

Estamos iniciando Diciembre y como cada año en todos los hogares de Aguascalientes y del mundo se disponen a recibir la Navidad, los centros comerciales de la ciudad se verán concurridos por una gran cantidad de familias en busca de lo necesario para sus regalos y para instalar el Nacimiento o el Arbol de Navidad, o simplemente algún adorno alusivo a esta época, en algunos de estos hogares aunque cada vez son menos, también se preparan para celebrar las tradicionales Posaditas, algo que en esta ocasión será muy íntimo ya que el COVID impide las concentraciones tradicionales de esta época.

De esta forma Diciembre con sus fiestas, es motivo para romper la rutina, por unos momentos el hombre suspende la mayor parte del trabajo o de ocupación personal, que se vive normalmente durante todo el año, en cierta forma se libera para envolverse en un ambiente de fiesta, de regocijo o de alegría, y se dispone a salir al encuentro de familiares y amigos, y compartir con ellos estos festejos.

Pero la llegada de la Navidad no es nada más gastar los ahorros, para apartar o preparar los regalos, para atiborrarse de cosas impuestas por el consumismo, dejando como elemento secundario el verdadero motivo de estas fechas.

Para recibir la Navidad, como en todos los festejos, se requiere de una preparación con el fin de que podamos entender qué es lo que se celebra, para esto en algunos hogares y sobre todo en los Templos, ya han colocado la Corona de Adviento, con lo que se inicia la celebración Cristiana de la Navidad; Adviento que en latín significa venida o llegada, lo podemos interpretar como la espera de la venida de Jesucristo al mundo, es decir es un período de espera y constante preparación para recibir la Navidad.

El Adviento también es tiempo de recogimiento y austeridad, es un tiempo de atención y vigilancia, ante el enemigo que trata de seducirnos con los atractivos del consumismo, es cuidar que nadie nos robe los valiosos regalos que nos da Cristo, así como el compartir es parte de una buena preparación, con una sincera disposición hacia los demás.

El Adviento comprende cuatro domingos con sus respectivas semanas, anteriores al 25 de diciembre, es decir es un período de preparación para recibir la Navidad durante estas cuatro semanas, por medio de la oración y la reflexión de la palabra de Dios, ya sea en familia o con la comunidad.

Esta celebración, platica a FUERZA AGUASCALIENTES  y a Mis Raíces Digital el investigador e historiador José Ciro Báez Guerrero, se inició en Roma en el siglo IV,  la Corona de Adviento con sus cuatro velas, es un símbolo tradicional de Alemania, representaba el ruego para que el Dios-Sol regresara con su luz y calor durante el invierno; los Cristianos Luteranos veían en Jesucristo el origen de la vida y la luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fé en torno a la persona del Mesías; después de la Primera Guerra Mundial la Corona de Adviento se hizo muy popular en el norte de Alemania, posteriormente esta costumbre se extendió rápidamente por toda Europa y el resto del mundo.

En nuestro país tiene como símbolo una corona de ramas de pino verde, la cual se coloca en las casas o Iglesias, como anuncio del inicio de la Navidad, la forma redonda de la corona, representa la eternidad de Dios, que no tiene principio ni fin y los miles de años en la espera de Cristo, y el color verde de las ramas, siempre vivas, significa vida de gracia, crecimiento espiritual y esperanza; en ocasiones se añade un listón rojo, con el cual se enreda la corona, para representar el amor de Dios que nos envuelve.

La corona contiene en el centro cuatro velas, su luz significa las tinieblas que se disipan cada vez que encendemos una, hasta que el resplandor de la luz en Navidad, hace estallar la del Arbol de la Vida, Cristo, la plenitud de los tiempos se ha cumplido con el Advenimiento del Señor, es alegría y gozo, símbolo de la fe.

Cada domingo se enciende una de las cuatro velas, acompañando el acto con una oración, que conlleva un propósito, también se hace una lectura y un canto apropiados al momento.

Los Cristianos para prepararnos a recibir la luz y la vida, en la Natividad del Señor Jesús, podemos usar esta corona convirtiéndola en Corona de Adviento; esto nos hace meditar en la oscuridad sin Dios, después de la caída de nuestros primeros padres y en la esperanza de salvación, iniciada desde aquel momento, y que ha sido alimentada hace siglos por los profetas, hasta que la estrella matutina anuncio la llegada del Sol, cuando la Virgen dio a Luz a un hijo.

El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia, al estilo de la Cuaresma, pero tampoco es un tiempo de fiesta, es un tiempo de preparación para recibir la Navidad, como un recuerdo de la primera venida de Cristo, en el que por este recuerdo se dirigen las mentes en expectativa, hacia la segunda venida de Cristo.

De esta forma podemos decir que no existe pretexto para vivirlo de manera mundana, olvidándonos de su verdadero sentido, pero también es motivo para manifestar nuestra alegría y gozo, sin llegar a los excesos.

Tomando en cuenta todo lo anterior podemos llegar a la celebración de la Navidad, apoyándonos con todos los elementos que existen para este fin, como son la instalación del Nacimiento, de árboles y de adornos alusivos a la época.

Sin duda que la instalación de Nacimientos, con su misterioso magnetismo que tiene sobre grandes y chicos, pobres y ricos, es lo auténtico y verdadero para recordar la llegada de Cristo al mundo; el Nacimiento arreglado con esmero une a las familias, aviva el amor hacia ese prodigioso Misterio de la Encarnación, reporta bienes espirituales a cada hogar Cristiano, es la representación de la sublime humildad, que el Dios Niño escogió para llegar a la tierra.

Desde su origen, dice José Ciro, los Nacimientos han sido elaborados con una gran cantidad de materiales, formas y colores, siempre contando como figuras principales, las que representan a la Virgen Maria, al Señor San José, al Niño Dios, los Reyes Magos, el Angel, la estrella, el buey, la mula y los pastores; además de una gran cantidad de figuras que se le han añadido debido al ingenio popular, lo que enriquece el tamaño y la forma del Nacimiento.

Es la representación de escenas de la anunciación del Angel, del Nacimiento y adoración de los pastores en el portal de Belén, y de la travesía y adoración de los Reyes Magos.

Aunque esta costumbre ha perdido fuerza, hace algunos años se podía ver en la mayoría de las casas, con las ventanas de la sala permanentemente abiertas, Nacimientos de todos los tamaños, desde los muy modestos, que ocupaban una pequeña parte de la sala o de un cuarto principal, y con sólo las principales figuras, entre peregrinos y pastores de barro, hasta los que ocupaban casi toda la sala, con un amplio portal y una gran cantidad de figuras, entre peregrinos, Reyes Magos, pastores y animales de todas las razas, en un paisaje que recuerda el lugar del Nacimiento, todo cubierto con pelo de ángel y con luces multicolores.

En las primeras celebraciones de la Navidad no se acostumbraba colocar Nacimiento, fue hasta el año de 1223 cuando San Francisco de Asís, fundador de la orden Franciscana, inició la tradición cuando organizó y creó la noche del 24 de diciembre de ese año, el primer Nacimiento de la historia.

Fue en Greccio, cerca de Asís en Italia, donde el histórico acontecimiento tuvo efecto, con la particularidad de que lo hizo con personajes y animales vivos, las imágenes del Niño Dios, la Virgen María y el Señor San José, eran de madera, procedentes de una Iglesia cercana. En este sitio se levanta una capilla, decorada por un pintor anónimo, que dibujó escenas de la Natividad en las paredes.

A partir de entonces, nos cuenta el Ing. Báez Guerrero, el mundo Cristiano adoptó la costumbre de instalar los Nacimientos, utilizando figuras de diferentes materiales, principalmente de barro, de las que existen verdaderas obras de arte.

En México se celebró la primera Navidad a finales de 1519, Fray Pedro de Gante consigna que ese festejo ya en forma tuvo lugar en 1528, cuando, «se hizo venir a indios de toda la región, y en un patio que se llenó a reventar, se cantó el himno Ha nacido el redentor». Fray Diego de Soria, Prior del Convento de San Agustín de Acolman, solicitó y obtuvo, para celebrar unas misas denominadas de aguinaldo del 16 al 24 de diciembre de 1586.

El mismo Fray Pedro de Gante fundó en el poblado de Texcoco, una escuela que contaba con un taller, donde los indígenas aprendieron a fabricar figuras para los adornos de las Iglesias y para las procesiones, posteriormente en el siglo XVIII se hicieron populares los Nacimientos, con figuras de barro.

De esta forma desde los primeros años de la conquista, los artesanos indígenas y mestizos, fueron los encargados de elaborar las figuras, surgiendo así los Nacimientos, mezcla de cultura indígena y Europea, pero con un sabor muy mexicano.

Antiguamente como en la actualidad, en la elaboración de los nacimientos se reflejaba la posición económica, en las casas de posición alta contaban con figuras de marfil y porcelana, que llegaban a través de la famosa Nao de China, procedentes de China y Filipinas; en la ciudad de México se podían adquirir en las tiendas de importaciones del mercado del Parián, donde también vendían otras figuras procedentes de Guatemala, existían otras figuras construidas de maderas finas, que vestían con ropas Españolas de telas finas y encajes procedentes de Holanda, sin que faltaran las figuras de metales finos, como la plata que elaboraban los artesanos de las zonas mineras.

En las casas de posición modesta, los Belenes eran de barro o de madera cromada o estofada, con escenografía de cartón; la mayoría de las piezas, eran de una madera muy ligera y fácil de trabajar, llamada zumpantle, la cual era cubierta por una pequeña capa de yeso, que sometían al proceso del estofado.

De esta forma la instalación de Nacimientos contribuye al surgimiento de una importante rama del arte popular, lo que se convierte en una verdadera feria, con la instalación de puestos especializados en figuras, sobre todo de barro, como la que antiguamente se instalaba en nuestra ciudad, a un costado del Parián y parte de la calle de Morelos y en el Jardín de Zaragoza, misma que posteriormente se trasladó al Jardín Carpio, actualmente una parte de estos puestos regreso al Jardín de Zaragoza.

En los últimos años, la instalación de árboles durante la Navidad ha cobrado gran fuerza en nuestra ciudad, inicialmente convivió muy bien con el Nacimiento, con la colocación de ramas tomadas de algún jardín vecino, como formando parte de la vegetación del Nacimiento, con el tiempo lo ha ido desplazando, para en algunos hogares y comercios tomar definitivamente su lugar.

La veneración por los árboles se pierde en la noche de los tiempos, para muchas culturas representa un símbolo al que le rinden tributo, como concepto de vida en continuo movimiento, en perpetuo cambio y resurrección, lo que lleva a la inmortalidad. Su misma forma encierra un gran simbolismo, con su verticalidad como centro o eje del mundo, lo que lo convierte en el conductor y enlace de los tres mundos mitológicos básicos; el mundo inferior o infernal, el mundo terrestre o central y el mundo celestial o superior, y su perenne color verde, simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte.

Las antiguas civilizaciones veneraban una variedad muy amplia de árboles; los egipcios utilizaban las hojas de palmera, para adornar sus casas en el Solsticio de Invierno; los griegos creían que Júpiter se encontraba en el encino, Artemisa en el cedro y en el nogal, Apolo en el laurel y Dionisios se representaba con ramas de laurel, hidra y mirto; los romanos del tiempo de Julio César, iniciaron el culto a los abetos y pinos; los pueblos germanos adoraban al roble; para los países nórdicos el abeto era un árbol sagrado.

Para los antiguos mexicas, el árbol estaba presente en cada uno de los puntos cardinales, en el norte un nopal, en el sur un mezquite, en el este un sauce, en el oeste una palma y una planta de maíz en el centro, como quinto punto cardinal.

Por su parte los mayas colocaban en cada punto cardinal una ceiba, la que cambiaba de color según el punto cardinal, consideraban a la ceiba como árbol madre, de la que brotaba la vida, y bajo sus ramas sagradas se podía reposar por toda la eternidad.

Luego el Ing. Báez Guerrero nos cuenta que una de las leyendas más aceptadas sobre el origen del Arbol de Navidad, se remonta al año de 522 y dice que el misionero inglés Winifred, venerado como San Bonifacio, logró erradicar la costumbre pagana del culto al Dios Odín, que era adorado en la madera de los árboles, principalmente la encina y al que le ofrecían sacrificios humanos, para lo cual se valió del abeto verde, como símbolo de vida perpetua y lo nombró Arbol del Niño Dios.

Según algunos investigadores, la costumbre del Arbol de Navidad se debe al padre de la Reforma, Martín Lutero, que vivió entre los años de 1483 a 1546, cuando colocó un pequeño pino en el interior de su hogar, al que adornó con pequeñas velas encendidas, semejando los destellos luminosos de la luna, entre los árboles y los campos cubiertos de nieve de su tierra.

A principios del siglo XVI en Alsacia, los árboles como adorno de Navidad comenzaron a tener más aceptación en algunos hogares y sobre todo entre los comerciantes, aceptación que fue creciendo, por lo que fue necesario implantar una reglamentación, permitiendo colocar un solo árbol por cada casa o comercio.

Con la llegada de los Arboles de Navidad a los hogares, se le agregaron nuevos adornos, como rosas de colores, elaboradas con papel y azúcar y hojas de metal dorado, que al ser movidas por el aire producían un sonido muy agradable; también se le agregaron bombones y eran iluminados con velas, que colocaban entre las ramas, posteriormente en las fábricas de vidrio se empezaron a fabricar bolas de este material, para remplazar a las manzanas, que anteriormente le colocaban.

Para el siglo XIX la costumbre del Arbol Navideño se extendió a Francia y Suiza; en 1840 se colocó un árbol en el Palacio Imperial de las Tullerías, a iniciativa de las familias alsacianas que emigraron a Francia; en ese mismo siglo la tradición llegó a Inglaterra; en 1861 las familias alsacianas emigradas a Estados Unidos lo hicieron popular en América, aunque para algunos investigadores, esta costumbre se inició en este país antes de 1821, en Lancaster, Pensilvania.

Inicialmente en Estados Unidos los árboles eran exhibidos en lugares públicos, posteriormente pasaron a los grandes almacenes y finalmente a los hogares.

En México se inició esta costumbre durante la segunda mitad del siglo XIX, en 1878 el general Miguel Negrete, enemigo político de Porfirio Díaz, colocó en su casa uno de los primeros Arboles de Navidad, lo que fue todo un acontecimiento, con sus ramas extendidas a gran distancia, cubierto todo de heno y sembrado con velitas; además contenía como 250 juguetes, a los que cada invitado tenía derecho a elegir uno, según un número que de antemano se repartió.

De esta forma la costumbre de colocar el Arbol de Navidad, se extendió a otras regiones del país, desplazando en gran medida al Nacimiento, aunque algunas familias lo colocan como un complemento, dándole preferencia al Nacimiento, que es el símbolo de la Navidad más nuestro, de cualquier forma, lo importante es el sentido que se le da, que no es nada más una representación plástica, es recordar la llegada a este mundo de un ser superior, es prepararnos para que Cristo nazca en nuestros hogares y sobre todo en nuestro interior, que es a donde El quiere llegar.

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