Salud vs dinero: batalla por la vida

Nubia Piqueras Grosso (*) _______________

Panamá, (Prensa Latina).-  A finales de los años 70 del pasado siglo, Henry Gadsden, presidente ejecutivo de Merck, una de las grandes compañías farmacéuticas mundiales aseguró que si tomar fármacos fuera tan cotidiano como masticar chicle, entonces podrían medicar la vida moderna.

Esta imagen ilustra muy bien el negocio de la salud y de la industria farmacéutica, el tercer sector de la economía en el mundo (no olvidar que este mercado es de 1,3 millones de millones de dólares), detrás del armamento y el narcotráfico, al punto que en Estados Unidos sus beneficios son cuatro veces superiores al del resto de los sectores industriales.

Pero, ¿cómo ejercen su poder en el mundo? Primero, sobre los legisladores para promover o bloquear leyes, y segundo, sobre organizaciones y entidades internacionales para que apliquen sus derechos de exclusividad en medicamentos esenciales que podrían salvar millones de vidas si tuvieran un precio asequible, refieren expertos en la materia.

Este es el caso del multimillonario estadounidense John C. Martin, expresidente ejecutivo (2016-2018) y director general (1996-2016) de la compañía Gilead Sciences, quien ganó 180 millones de dólares cuando en 2014 anunció que la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos del gobierno de Estados Unidos aprobó su fármaco sofosbuvir.

Para entonces el precio del medicamento, utilizado en el tratamiento de la hepatitis C, fue de más de 80 mil dólares, cuando el costo de producción osciló entre 68 y 136 dólares.

Sin embargo, la mayoría de los millones de afectados por la enfermedad son pobres que por su condición no tienen acceso al fármaco.

Pero, lo peor es que las prácticas reiteradas de la industria farmacéutica: extorsión, soborno, ocultamiento de información, fraude, malversación de fondos, falsificación de testimonios, compra de profesionales sanitarios, manipulación y distorsión de los resultados investigativos, entre otras, desembocan en la muerte.

Algunas estadísticas reflejan que en los países ricos, las enfermedades causadas por el consumo indiscrimado de medicamentos o con calidad dudosa son ya la tercera causa de fallecimiento, luego del infarto y el cáncer.

Lo cierto es que la industria farmacéutica dedica enormes recursos a influir en los grandes medios de comunicación con la complicidad de expertos retribuidos directa o indirectamente por las compañías, al tiempo que muchas veces exageran los supuestos efectos beneficiosos de sus productos, ante los reguladores y profesionales de la medicina.

Y en medio de este contexto emergen los intereses de grandes farmacéuticas como Novartis, Roche, Pfizer, Astrazeneca, Roche y Johnson & Johnson, entre otras, que pugnan con nuevas compañías de la biotecnología como Gilead Sciences, Inc para frenar a la Covid-19.

MULTIMILLONARIO NEGOCIO

Con una capitalización cercana a los 100 mil millones de dólares, Gilead era una desconocida para el gran público hasta que su fármaco Remdesivir saltó a los titulares en medio de la pandemia y disparó la cotización de este fármaco de 65 dólares a comienzos de 2020 a 83 dólares.

La compañía, fundada en 1987, es hoy un referente en el desarrollo de medicamentos antirretrovirales para tratar pacientes infectados con VIH, hepatitis B o influenza; mientras que la centenaria Abbott, un laboratorio estadounidense que seduce a los expertos, tiene una capitalización bursátil de 170 mil millones de dólares, tras revalorizarse un 10 por ciento.

Por su parte, la farmacéutica suiza Roche anunció recientemente que desarrolló una prueba de anticuerpos para la Covid-19, lo que disparó las acciones de la firma en cerca de un dos por ciento, en tanto facturó 57 mil 300 millones de euros y logró un beneficio de 13 mil 146 millones de euros durante el 2019, según reportes de medios de prensa.

En esta lista de compañías farmacéuticas altamente lucrativas hay otras como Translate Bio, a la búsqueda de una cura eficaz gracias a los genes; Akers Biosciences, la firma que se disparó un 344 por ciento tras anunciar un avance en el camino hacia la vacuna de la Covid-19 cuando junto a Premas Biotech consiguió clonar con éxito todos los antígenos del coronavirus que fueron seleccionados como candidatos a la creación de una vacuna.

También aparece la francesa Sanofi, responsable de producir la hidroxicloroquina, que en su guerra contra la pandemia y por encontrar una vacuna se alió con otras firmas como Translate Bio o el también gigante británico GSK.

Se suman, además, la estadounidense Pfizer, que ataca a la Covid-19 desde diferentes ángulos, entre ellos con un inyectable gracias a la alianza con la empresa alemana BioNTech.

Novacyt, una pequeña empresa a la que la crisis sanitaria provocada por la pandemia catapultó en la Bolsa con el anunció de un test molecular para diagnosticar el nuevo coronavirus y la española Grifols, especializada en la producción de hemoderivados, trata de competir con un plasma anticoronavirus para pacientes curados.

Llama la atención que algunas de estas firmas han vuelto a respirar gracias a la pandemia, pues las estadísticas reflejan pérdidas económicas y déficits acumulados durante años.

Es el caso de Akers Biosciences, cuyos ingresos cayeron un cinco por ciento en 2019; sin embargo, este año ya acumula una subida del 30 por ciento.

Sin lugar a dudas, las cifras reflejan que el negocio de la salud es uno de los más lucrativos del mundo, al punto que en medio de esta pandemia las compañías farmacéuticas incrementaron sus arcas y hasta superaron las malas rachas financieras.

Tanto es así, que las corporaciones estadounidenses no solo recibieron más de ocho mil 300 millones de dólares para el desarrollo de la vacuna contra el nuevo coronavirus, sino que poseen la autoridad de establecer el precio y determinar su distribución, de manera que sus intereses comerciales están por encima de las prioridades de salud de las personas.

Sin embargo, la vacuna rusa Sputnik V es hoy la piedra en el zapato, pues tras su anuncio llegaron pedidos procedentes de 20 países y con ello la caída de las acciones de Pfizer (0,8 por ciento), Novavax (7,7 por ciento) y Moderna (2,5 por ciento) como refieren reportes de prensa especializados.

Vale destacar que las tres corporaciones están incluidas en la lista de la Organización Mundial de la Salud como creadores de una vacuna contra la Covid-19 que está en fase tres de ensayos clínicos, en la que se evalúa la seguridad y eficacia del producto.

Por lo pronto, los rusos anunciaron que empezarán la vacunación voluntaria masiva a partir del 1 de octubre venidero, mientras que recientemente medios de prensa revelaron que la vacuna creada por la corporación Moderna no estará lista antes del 3 de noviembre como espera el presidente estadounidense, Donald Trump, sino para inicios de 2021.

Sin dudas, una mala jugada para los intereses de Trump en su afán de reelección en medio de una cuestionada política de enfrentamiento a la pandemia como experesaron algunos expertos de la nación norteña.

De acuerdo con Gerald Posner Pharmas, autor del libro Farmacias, mentiras codiciosas y el envenenamiento de América, «las corporaciones farmacéuticas perciben el COVID-19 como una oportunidad de negocios que se presenta solamente una vez en la vida.

«Esta pandemia global tiene el potencial de un bombazo para la industria en términos de venta y ganancias. Mientras peor se pone la pandemia, más altas serán las ganancias», realidad que dista mucho del juramento hipocrático de los médicos, donde la salud y la vida del enfermo son la principal preocupación.

(*) Corresponsal jefa de Prensa Latina en Panamá.

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