Rusia y el «totalitarismo democrático» de Occidente

Antonio Rondón * ______________

Moscú (Prensa Latina).-  Occidente parece presentar cada vez más cartas credenciales de un «totalitarismo democrático» al tratar el caso de Rusia, cuando en aras de supuestamente defender valores, rechaza posiciones alternativas.

La discusión y posterior aprobación en el Parlamento Europeo (PE) en septiembre, de un paquete de medidas para «castigar» a Rusia por el supuesto caso de envenenamiento del opositor Alexei Navalny, pareció poner al descubierto las nuevas realidades de la Unión Europea (UE) respecto a Estados Unidos.

Desde el púlpito del PE tratan de imponer nuevos contenidos, similares al absurdo del pasado año de situar al mismo nivel al fascismo hitleriano con la Unión Soviética comandada por Josef Stalin.

Los eurodiputados obviaron incluso los documentos oficiales del proceso de juicios de Núremberg sobre los asesinos nazis para culpar por igual a Alemania y Rusia del inicio de la II Guerra Mundial.

Más bien parecía algo que dio una señal, quizás tardía, del auge alcanzado en el viejo continente por las fuerzas ultraderechistas, sobre todo en Europa del Este y más específico aún en Polonia, Lituania, Letonia y Estonia.

Pero en ese entonces hubiera sido difícil que alguien hablara de imposiciones dentro del bloque comunitario.

Ahora no solo se votó por una resolución para castigar a Rusia por un delito que nadie ha podido probar, sino que se lanzó una advertencia clara para quienes aún intentan buscar puntos de contacto con Moscú.

La resolución da por sentado que con Rusia es necesario romper vínculos comerciales, situar a sus dirigentes bajo la condición de dictadores y por tanto se considera inaceptable para Europa alguna relación positiva con Moscú.

Europa imita a Estados Unidos en su posición rusofóbica, sin tomar en cuenta la gran diferencia de intereses comunes, de seguridad, comerciales e incluso humanitarios, estiman aquí politólogos.

Un comentario del periodista Vladimir Kornilov maneja la tesis del «totalitarismo democrático» practicado en las filas de la Unión Europea.

Una nueva era de la renovada Guerra Fría se abre ahora con la persecución de los «disidentes» entre los políticos europeos, cuya posición queda fuera de la ideología democrática de la UE, señala Kornilov.

Ello se refiere, además, a descontinuar cualquier fuente alternativa, como los medios de difusión rusos, entre los que figuran el canal Russia Today y la agencia Sputnik.

De hecho, Occidente achaca el respaldo a Rusia y los gritos de «Putin, Putin» frente a varias misiones de Alemania en el caso del opositor Navalny, como el resultado del trabajo de «propaganda» de Moscú en Europa.

Ninguno de los políticos europeos que participa en ese «totalitarismo democrático» parece dispuesto a reconocer que en realidad se trata de la búsqueda de respuestas a preguntas que se hacen muchos sobre el asunto de Navalny, a las que Berlín no ofrece contestación.

Sin embargo, el bloguero opositor ruso que presentó complicaciones durante un vuelo dentro de Rusia y fue internado en un hospital de la provincia de Omsk, antes de ser trasladado en avión a Berlín, no solo sobrevivió, sino que fue dado de alta de la clínica Charité.

De hecho Alemania, en lugar de cooperar con la fiscalía rusa para investigar lo ocurrido con Navalny, invitó a especialistas de la Organización de Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) para tomar muestras de un supuesto ataque.

La parte alemana habla de resultados de pruebas en laboratorios militares germanos y de Suecia, donde en su momento también se elaboró el Novichok, para confirmar el uso de la citada sustancia.

Pero siguen las interrogantes. Así, es curioso que ninguna de las personas que hizo contacto con Navalny, como los médicos del hospital de Omsk, los pilotos del avión alemán o los familiares del opositor, fuera afectada, cuando los expertos afirman que eso es imposible.

Los analistas consideran que el caso del bloguero ruso solo constituyó un pretexto que, de no existir, como afirmó recientemente el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, se hubiera inventado cualquier otro para castigar a Moscú.

En esta ocasión la atención se centra en el gasoducto Torrente Norte 2, para cuya terminación solo faltan 10 de sus dos mil kilómetros. Pero Alemania, después de invertir unos 10 mil millones de dólares en ese proyecto, junto a compañías europeas, parece cometer un acto de suicidio.

El hecho de que más de 100 compañías de varias naciones europeas se vieran involucradas en un proyecto que garantizaría 50 mil millones de metros cúbicos anuales de gas natural a Europa, habla de la importancia concedida a esa vía para recibir una energía más barata.

Pero la ultraderecha, el revanchismo y la reducción cada vez mayor de la independencia de la UE respecto a Estados Unidos, donde se declaró una guerra a muerte al Torrente Norte 2, parece tomar auge, aún cuando se conocen las implicaciones económicas negativas de frenar el gasoducto.

Analistas consideran que Alemania podría salir perjudicada en la historia de utilizar a Navalny para eliminar el citado gasoducto no solo desde el punto de vista económico-comercial, sino también en su posición política.

Alemania busca desde hace décadas consolidarse como líder de Europa, pero un acto de clara subordinación a los intereses de Estados Unidos, deseoso de penetrar el mercado energético europeo, para nada ayudaría a crear la imagen a la que aspira Berlín.

El diario Kommersant comenta que Rusia debe esperar una radicalización de la posición de Europa, pues ya esta fue capaz, incluso, de sacrificar un proyecto de tanta perspectiva como el Torrente Norte 2, para estar a la par de la posición de Estados Unidos respecto a Moscú.

*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Rusia.

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