Retos de la fruticultura en Cuba

Roberto Salomón* _______________

La Habana, (Prensa Latina).-  La diversificación de la siembras y la regionalización de las variedades, constituyen objetivos de primer orden en el desarrollo de la fruticultura en Cuba, que tiene entre sus principales desafíos los problemas asociados al cambio climático. En esos propósitos un papel primordial corresponde al Instituto de Investigaciones de Fruticultura Tropical (IIFT), el cual mediante su labor relacionada a una mayor disponibilidad de productos muy necesarios en la dieta humana por ser fuente abundante de vitaminas.

Su director general, Guillermo Almenares, refirió a Prensa Latina entre los retos, además, la regionalización de las especies mediante la identificación de sus patrones con el mejor comportamiento en cada zona.

La estrategia en la siembra -reitera- es diversificar la producción y las variedades, pues el cambio climático en la agricultura está modificando los patrones del comportamiento de las especies.

Algunos antecedentes de la fruticultura en Cuba

Antes de 1959 la piña era la fruta que más se cultivaba en Cuba y una parte de su producción se exportaba, mientras que el resto se situaba en el mercado local.

Con excepción de esa planta, los frutales se encontraban en arboledas dispersas, linderos de fincas y pequeñas áreas compactas.

Según expertos del sector, la fruta es un cultivo de ciclo largo y nunca hubo en esta isla una política acertada en función de su desarrollo, que estuvo muchas veces a expensa de tecnologías atrasadas.

Desde los primeros años de la década del 60 de la anterior centuria se puso notable interés en el fomento de la fruticultura, mediante el incremento de las áreas, fundamentalmente de las citrícolas, y la realización de inversiones en busca de mayor rendimiento por hectárea.

En el período 1966-68 se concibió y puso en ejecución un programa dirigido al desarrollo de ese tipo de fruta, con el objetivo de incrementar sus exportaciones y aumentar su consumo por la población, el cual se basó en la creación de grandes empresas especializadas.

Para el respaldo científico-técnico de ese plan se constituyó en 1985 el Instituto de Investigaciones de Cítricos, dedicado al estudio de esa y otras frutas, el cual en 2001 adquirió su nombre actual.

¿ Por qué el extensionismo agrícola ?

Este centro tiene la misión de proveer la base científico – técnica para lograr la sostenibilidad de la agroindustria frutícola cubana,  afirma Almenares.

Sobre ese aspecto refiere la importancia del extensionismo agrícola, que vincula a la institución con el campo y es una práctica permanente de ésta para llevar los logros científico- técnicos de todas las disciplinas a la base productiva.

El directivo resume en ese sentido que cuando la investigación, la innovación tecnológica y la prestación de servicios científicos se aplican en función de la producción, los resultados en la finca y la cooperativa son superiores, particularmente si están acompañados de prácticas sostenibles y compatibles con el entorno.

En cada campo frutícola-agrega- se verifican, como en un laboratorio, la trazabilidad de los procesos, desde la fertilización hasta el riego y de acuerdo con las condiciones de suelo y clima existentes.

El IIFT brinda asesoría sobre sistemas de gestión de la calidad ambiental, de la innovación tecnológica y comunicación empresarial.

La institución ofrece, además, servicios de monitoreo, diagnóstico, certificación en buenas prácticas, plagas, tecnologías y propagación de cítricos, y desarrolla proyectos de investigación orientados a aportar conocimientos y soluciones a problemas técnicos de las cadenas productivas.

Almenares menciona entre otros retos la obtención de nuevos cultivos y variedades de guayaba y de mango, y también de cítricos.

En el caso del mango, la fruta más abundante en el país, comentó que la institución ha logrado caracterizar los 30 mejores lugares de cultivo en toda la isla.

A juicio de nuestro interlocutor, el principal desafío de la fruticultura en Cuba es lograr satisfacer totalmente las necesidades de la población, si bien en los últimos años se registra un notable avance en la producción.

Almenares destacó el papel relevante del movimiento de cooperativas de frutales de alto rendimiento, que lidera la producción en esta esfera con más del 23 por ciento del total.

Comentó que si hace unos seis años, cuando se creó el movimiento a nivel local, había 100 cooperativas, hoy se cuenta con 353.

Al programa de desarrollo de frutales se destinan en esta isla más de 18 mil hectáreas, y un número creciente de mini-industrias que procesan frutas y vegetales y cuyo número asciende a 200.

Se producen unas 900 mil toneladas de frutas por año, cifra aún insuficiente de acuerdo con las necesidades del consumo. Se aspira alcanzar más de un millón de toneladas en 2030.

Las frutas tropicales constituyen un grupo relativamente nuevo en el comercio mundial de productos básicos, al haber adquirido importancia en el mercado internacional sólo a partir de 1970, gracias a los avances en el transporte.

Para Cuba, país netamente tropical, insertarse cada vez más en ese mercado, representa un fuerte reto, más aun teniendo en cuenta la necesidad de incrementar sus rubros de exportación agrícolas, en el que tiene gran potencial.

*Periodista de la redacción Económica de Prensa Latina.

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