Postigo

PRI, PAN y PRD santísima trinidad

José García Sánchez __________

 La falta de cuadros no sólo acusa improvisación sino monopolio de las plazas de un partido político. Colocar a los mismos en diferentes puestos de elección popular o por designación, y luego esos mismos siguen saltando de cargo en puesto hasta la muerte tiene un modelo que poco o nada tiene que ver con la democracia.

El PRI fue el primero en comenzar a acordar que se necesitaba un candidato de unidad, es decir designado y sin posible competencia y menos aún expresiones de inconformidad. Vaya democracia la del partido en el poder.

Luego viene el PAN que con dos candidatos y menos del 50 por ciento de la votación, impulsa a su nuevo líder a seguir plegándose a los designios del partido en el poder y del poder mismo.

Ahora, es el PRD tiene que importar líderes y desde la llegada de Agustín Basave se ve una mano que mueve todo el proceso electoral interno perredista, como sucede en el PAN y, desde luego en el PRI.

Elegir de manera popular, democrática a sus líderes pone en peligro no sólo a frágil unidad de los partidos en el poder sino sus planes.

El poder tiene miedo incluso de sus propios correligionarios, de ahí que no quiera formar cuadros, no hay sucesores adiestrados en la política ni la intención de capacitar dentro de la estructura partidista a ningún líder.

Por su parte, los líderes naturales de gremios, regiones, estados, municipios, son detenidos, encarcelados injustamente porque dañan las cúpulas de estos tres partidos por igual.

Por un lado, el poder se convirtió en un bloque sólido homogéneo por voluntad de las cúpulas partidistas; por el otro, el poder central no sólo limó asperezas con la oposición sino que las esterilizó para que expresaran inconformidad o diferencias con los designios que el poder central acata en un modelo inédito de sumisión ante los intereses de los poderosos del mundo.

Los tres partidos políticos que cada día se parecen más son uno solo. Es la trinidad religiosa que no conduce desde el consciente colectivo a la obediencia a la mansedumbre a la uniformidad de criterios. Como si se tratara del padre, el hijo y el espíritu santo, el PRI, el PAN y el PRD son lo mismo en esencia y apariencia. Compiten, como lo hicieron niños por una rebanada de pastel sabiendo que todos se empecharán con las tarascadas que el darán y todavía quedarán algunas migajas para los partidos chicos.

El poder se comparte con la complicidad y los objetivos comunes. La geometría de derecha, izquierda o centro desaparece dentro de la concepción de estos tres partidos políticos que al borrar sus diferencias desparecen sus ideologías. No hay ideología en ellos, sólo intereses. Lo demás es manipulación y demagogia, mentiras y trampas. Y si hay algún pero no faltarán voces que aseguren, como si tuvieran la verdad en un puño, que esa es la verdadera democracia moderna. Y con el cuento de la modernidad el retraso avanza en México.

La improvisación política que denota un retroceso es la parte negra de la administración pública que se dedica sólo a obtener ganancias personales desde la cúpula del poder y los partidos políticos que conforman la trilogía son parte de esa élite que daña al país y a los mexicanos.

Su manera de elegir líderes nos despeja las dudas que pudieran aún quedar acerca de sus complicidades, aunque ellos le llaman pacto, alianza, coalición.

Lo que parece improvisación obedece a un plan bien trazado desde hace muchos años fuera de nuestras fronteras, ahora sólo se ejecuta, se concreta en favor de pocos y en detrimento de muchos.

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