Postigo

Caída libre de Beltrones

José García Sánchez _________

 Los cambios dentro de la política suelen encumbrar a los hombres que los protagonizan, a veces incluso, llegan a inmortalizarlos las designaciones; sin  embargo, en el caso de Manlio Fabio Beltrones, convertirse en el líder nacional del PRI pareciera desgastar su figura de político y verlo como un burócrata que quiere jubilarse.

El optimismo injustificado de los priístas por su llegada se traduce como el principio de la equidad dentro del PRI, porque desde la víspera del actual sexenio los militantes de ese partido que podían ser considerados como tales sólo eran los del Estado de México. Al arribar a la cúpula del partido, alguien que muy discretamente peleó la candidatura a la Presidencia de la República al actual Presidente y que operó uno de los proyectos sexenales más extravagantes como el Pacto por  México consideran que Beltrones pueda darles a algunos lo que les arrebataron los de Atlacomulco.

Sin embargo, esto es sólo una manifestación de la infinita ingenuidad de los priístas quienes, ya montados en esa esperanza desbocada, consideran a Su nuevo líder nacional no sólo como el próximo candidato del tricolor a la Presidencia de la República sino su Presidente a partir del 1 de diciembre de 2018.

El operativo de seducción económica que rea izó para concretar el Pacto por México, sólo fue el aviso de que Beltrones no va hacia arriba sino todo lo contrario. La Presidencia de la República se ha convertido en una especie de laboratorio de medios de información para destilar a los proclives al oficialismo y los que ejercen el periodismo, que cada día son menos. Aquí también hay operativos que tienen que ver con la seducción económica pero éstos no han estado a cargo de Beltrones.

Vista así la Presidencia de la república resulta por demás difícil que alguien a los casi 65 años, para ese entonces, quiera enfrentar toda una avalancha de presiones dentro y fuera de nuestras fronteras. La presencia de Beltrones en el PRI no obedece a una plataforma de despegue para 2018 sino la mejor manera de concluir una vida pública operando dos compromisos inminentes: salir lo mejor librados de las 12 gubernaturas que se disputarán el próximo año y cobijar al Presidente de la república de mayores embates de los medios y la propia militancia.

La enciclopedia virtual Wikipedia en uno de los párrafos finales de la biografía señala a la letra: “El 23 de febrero de 1997 el diario estadunidense The New York Times publicó información en la que vinculó a Manlio Fabio Beltrones y Jorge Carrillo Olea (entonces gobernadores de Sonora y Morelos, respectivamente) con el narcotráfico. De acuerdo con la investigación presentada en el diario por los reporteros y autores de la nota, Sam Dillon y Craig Pyes, un informe elaborado por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) revelaba esta información. El reporte acusaba a los funcionarios de proteger al narcotraficante Amado Carrillo FuentesEl Señor de los Cielos”.

No ha habido un candidato a la Presidencia de la República que haya tenido este antecedente mediático que, verdadero o falso, pesa en el futuro de cualquier funcionario público y más aún a la hora de que los votos deban ser absolutamente mayoritarios en su favor, como lo exigirá necesariamente la votación que elija al próximo presidente de México en 2018.

Porque para el PRI, el poder político, el poder fáctico y la Presidencia de la República son más urgentes sus áreas actuales, tales como pasar a los mexicanos que están en el abstencionismo al lado del PRI, o bien depurar el padrón de su partido para conocer, en términos reales y con números absolutos, el verdadero peso del voto duro. También Beltrones viene al PRI a justificar toda medida emanada del Poder Ejecutivo por represiva, restrictiva o absurda que ésta sea.

Beltrones no llega a despegar hacia la cima del poder sino a fortalecerlo desde el partido.

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