Portrait de la jeune fille en feu/Retrato de la mujer en llamas (2019) de Céline Sciamma

Gillian Turner ______________

Estamos en el año 1770. Marianne, una joven pintora, deja sus alumnas en París para viajar a un remoto castillo en la costa de Bretaña. Su comisión es pintar el retrato de Héloïse, una joven recién salida de un convento, para enviarlo a un aristócrata italiano. El hombre era pretendiente de la hermana de Héloïse que se suicidó. Héloïse es su reemplazo.

Héloïse es renuente. Marianne, algo contrariada, debe trabajar a escondidas. Pero mientras la relación crece entre las dos mujeres, las expresiones de ambas cambian, los rostros se suavizan. Héloïse sonríe. Marianne, más relajada, ya puede trabajar abiertamente. Entre caminatas al borde del mar, y charlas cada vez más cándidas, se desarrolla un profundo romance. Para Héloïse es una experiencia nueva. Le pregunta a Marianne: ¿Cómo es enamorarse? ¿Cómo se siente estar enamorada? Marianne le enseña las respuestas.

Aparte de las enamoradas, está Sophie, la criada, cuya complicidad es clave. En la ausencia de la señora condesa, madre de Héloïse, Sophie se convierte en amiga, cómplice, compañera. Y cuando se dan cuenta del problema que tiene Sophie, Héloïse y Marianne a la vez le brindan su amistad y compañerismo, acompañándola a resolver un embarazo indeseado.

Se termina el retrato. Regresa la madre de Héloïse. Sophie deja de ser amiga y cómplice, vuelve a ser criada. Las enamoradas se separan.

La película es bella, hecha de retratos, de miradas, de pequeños gestos. La acción se alterna entre caminatas por los riscos que dan al océano — el Atlántico frío y ventoso — y los salones al interior de un castillo semi-abandonado, escasamente amueblado. Nunca vemos el exterior.

Las actrices son atractivas y muy buenas, la fotografía y la iluminación espléndidas. ¿La música? No la hay, aparte de una canción a cappella durante una fiesta entre los habitantes de los alrededores, y la rendición conmovedora de un concierto para violín de Vivaldi, que da un peso aún mayor al desenlace de la película. La letra de la canción es en latín: “fugere non possum”. Según Céline Sciamma, la directora, se trata de la adaptación de una frase de Nietzsche, que dice básicamente: Lo más alto volamos, lo más pequeño nos ven los que no pueden volar. Céline Sciamma presentó la película en el Festival de Cannes 2019 donde ganó el premio por mejor guión. En la conferencia de prensa dijo ella: “Quería hacer una historia de amor, un filme que habla de una historia de amor y paso por paso describe cómo es el enamorarse.”

Ordinary love/Amor extraordinario (2019) de Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn

Tom y Joan viven cómodamente en Belfast, Irlanda del Norte. Jubilados, pasan sus días juntos; salen a caminar juntos (siempre la misma ruta, hasta el mismo árbol, y de regreso), van juntos al supermercado, ven TV juntos. Un día Joan siente una bola en un seno. Se inicia el calvario de visitas al hospital: la mamografía, la biopsia, la diagnosis, las operaciones, la quimioterapia, la pérdida del pelo. Y finalmente, la recuperación. Durante todo está presente el amor. No es un amor azucarado, melodramático, de una gran pasión llamativa. Es un amor perdurable, cotidiano, de la convivencia, los pequeños detalles, los chistes privados, las quejas, las peleas.

Nos enteramos de una tragedia en su vida matrimonial. Su única hija murió hace unos años. Quizás este hecho es lo que les mantiene aislados, y que ha acentuado su dependencia el uno del otro. No hay amigos que les hablen por teléfono. No hay chismes con los vecinos, ni visitas. La casa se ve vacía, excesivamente ordenada.

Liam Neeson en esta ocasión abandona sus papeles de hombre fuerte de acción y se revela como el excelente actor que es. Como el marido Tom da una actuación llena de sensibilidad y ternura. Vemos un hombre gentil, algo torpe, atrapado en una situación en donde se siente impotente e indefenso, un hombre enamorado de su mujer. Lesley Manville es espléndida como Joan. Su interpretación muestra los matices, las emociones, las dudas, de una mujer de repente inmersa en una experiencia nueva y desconocida. Es valiente; no pierde su sentido de humor. Somos testigos de la soledad sufre uno al padecer una enfermedad, y sus esfuerzos por – sino superarla – por lo menos intentar acostumbrarse a ella.

El escritor de la película, el irlandés Owen McCafferty, recurre a una experiencia propia, cuando su esposa fue diagnosticada con cáncer de mama. Los directores Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn, ambos de Belfast y marido y mujer en la vida real, trabajan juntos por tercera vez. Barros D’Sa describe Ordinary Love (traducido inexplicablemente como Amor Extraordinario en México) con estas palabras: “… una historia que celebra la poesía de la vida común y corriente, los momentos comunes y corrientes, la textura y normalidad de un amor duradero.”

Así que las dos películas son historias de amor. El amor de Héloïse y Marianne, por razones fuera de su control, dura una semana. El de Tom y Joan ha durado décadas. Pero el amor de ambas parejas es igual de profundo, genuino, verdadero. Vemos las dos parejas de amantes inmersos en su amor único. Por lo tanto, viven apartados de los demás, en una burbuja intocable, inquebrantable. El aislamiento de Héloïse y Marianne lo simboliza aquel castillo remoto, abandonado. La muerte de la hija profundiza el aislamiento de Tom y Joan.

¡Por fin, se abren los cines! ¡Por fin, la pantalla grande!

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