Poco a poco… el poder político priista carcome al PRD

Guerra de papel.

.- El PRI, un partido obstruyente, oclusivo, bilabial y sordo.

.- Controversial, crea a sus villanos favoritos y coyunturalmente los promueve “bajo el agua” en futuros líderes de otros institutos políticos.

Blas A. Buendía___________

blasalejo@gmail.com

Seis “pes”. Solo seis.

Son las que se describen en la frase de esta serie de observaciones en las que el priismo ya se metió hasta la intimidad de los perredistas.

Sin embargo, todos son familia, que se transforma en cofradía, llena de tipos inconforme, como cuando ocurrió con el famoso Peje, quien las considera la Mafia del Poder, so pena que él encabeza a su propia Mafia del Otro Poder, con sello de una “izquierda mafiosa recalcitrante”.

En lo que corresponde al Abecedario, la P es la decimoséptima letra y la decimotercera consonante del alfabeto español, y la decimosexta letra del alfabeto latino básico. Su nombre en español es femenino: la pe, en plural pes.

En español representa una consonante obstruyente, oclusiva, bilabial y sorda.

Esta letra representa al elemento químico: Fósforo

En este desglose filológico, en su más aceptable expresión de certero galimatías -aplicable en el desarrollo de los partidos políticos de México-, el Partido de la Revolución Democrática -desde que lo dejó todo en desorden el desgobernante de origen tabasqueño Andrés Manuel López Obrador-, anda volando sin rumbo fijo, simulando a esas jocosas brujas que con todo y escoba, ya no saben dónde aterrizar.

La estrategia del bazar político priista es mantener un maridaje, casi pasional con sus ex militantes a quienes les dio escuela, a quienes les dio origen de poder y los dotó de todas las mañas político-jurídicas.

Finalmente perredistas, hermanos de sangre del Revolucionario Institucional, el padre de todos los partidos políticos en México, duélale a quien le duela. Pero así está el espectro de la política nacional.

La emergencia que se centra en el catedrático universitario Agustín Basave, para convertirse en el próximo líder del partido del Sol Azteca, ha ido ganando aceptación, entre las más disímbolas corrientes que integran ese partido de la ahora llamada “izquierda globalizada e institucionalizada”.

Las lecturas disímbolas del mundo político mexicano, situaciones y escenas cotidianas, imaginarias e incluso surrealistas, es parte del culto al simbolismo, deseos reprimidos y expresos; voyerismo político, acaso también morbo.

Seres fantasmagóricos, personajes y escenas rurales y citadinas, son otros de los aspectos que, con sus matices, comparten las exposiciones de la grilla que desde siempre se mueve en la orilla de un caos entre revolcados demonios de carne.

Son parte también de las “sobras” que ha ido excretando el otrora partido hegemónico por 71 años en el poder político y presidencial de México, y que con esos matices, el tricolor cuenta con material humano de sobra.

Si no fuera por el PRI, el país a pesar de su extraordinaria inseguridad que ha vivido por el desbordante crimen organizado que ha enlutado a miles de hogares como en la época post-revolucionaria, la nación seguiría siendo un botín de guerra para esos agazapados e iluminados que sienten ser los Mesías o Presidentes Legítimos. Toda una pieza para la ciencia de la siquiatría.

Pero los riesgos y obsesiones personales de los políticos conllevan a un vaivén incierto, que ubica a esos personeros en la orilla del caos, en una visión lúdica y en ocasiones estremecedora de alucinaciones chillonas que se vive a diario, el mejor ejemplo lo exhibe el Mesías López.

Pero los antónimos de esos «disímbolos», también se conjugan con la adjetivación: el PRI, como padre nato de sus partidos formó y que se identifican como “satélites” -de todos los sabores y colores-, siempre los ha corroído, los desgasta, se los come, los desmenuza con lujo de detalle, los lleva a tal situación de adelgazamiento hasta socavarlos.

En la columna de la izquierda se listan palabras similares a «disímbolo» y palabras que incluyen «disímbolo» o algo similar en su significado análogo.

Una mente de político diabólico que dialoga, duda de cada opinión; de ahí la fuerza del arte, la que explica lo sensible de lo bello no a través de la palabra sino de los símbolos empleados; la que no tiene normas ni ataduras, pero sí diálogo; la que experimenta y da libertad; la que consiste en poseer conocimientos verdaderos, adquiridos por la observación o el estudio.

Haciendo un recuento histórico, la escisión priista de 1988-1989 trae a colación la correlación política, es decir, el PRI cuyas tesis y principios básicos lo ha caracterizado por tener toda una estructura como partido político consolidado, tiene la amplia capacidad de ser obstruyente, oclusivo, bilabial y hasta sordo cuando sus cuadros se le rebelan, poniéndosele al tú por tú, como en la mitología de ponerse a patadas con Sansón. La montaña viene a él, y no él hacia la montaña.

Lo que parecía una inspiración de locura, casi ya es un hecho porque Agustín Basave, un ex priista perteneciente al clasismo colosista al frente del partido que fundó Cuauhtémoc Cárdenas en 1989. Basave llegaría a la presidencia del PRD en los momentos en los que el partido navega en aguas muy turbulentas. Ése es su mérito y su desafío.

De raíces del nortísimo regiomontano de Nuevo León, regresa a la política luego de abandonarla, decepcionado, en 2002 porque su partido, el PRI, no le cumplió sus ambiciones personales. El ladrillo al que se trepó lo mareó, no obstante que durante los últimos 13 años se refugió en la academia y en el esquicito mundo diplomático, toda vez que fungió como embajador plenipotenciario en Irlanda.

La puñalada trapera y la abyecta traición, Basave no esconde sin escrúpulo alguno su resentimiento en contra del partido que le tendió la mano, y lo hizo diputado federal en la 55 Legislatura.

Los cantos de sirena en el PRD siempre han sonado, y fuerte. Basave con un lenguaje bajuno, ya se identificó con el perredismo. Si lo hacen presidente del PRD, desde luego, marcó los límites de tránsito político en relación no por el camino de las alianzas con el PRI, a quien calificó de ser “el peor partido”, pero de llegar al PRD, solo velaría por el conflicto de intereses. Es decir, sólo hace ronda con secuaces incondicionales.

Pero el PRI, con toda su organización, no ponderará con los abyectos, remachando en su constante de ser obstruyente, oclusista, bilabial e imperativamente sordo.

De las seis “pes”, Fósforo, que representa un elemento químico, y aplicado en el partido tricolor, no estará dispuesto en acceder el poder a nadie, después de su lastimosa historia del año 2000 y 2006, cuando perdió la Presidencia de la República en manos del histriónico panista Vicente Fox Quesada y luego con el dipsómano blanquiazul Felipe Calderón Hinojosa.

Dentro de todo ese galimatías, el priismo seguirá siendo el gran maestro para crear confusión política, el desorden con sus similares, caos entre la sociedad inconforme que ya son millones que se debaten en el embrollo.

Así ha sido la fórmula del PRI, y pese a todas las circunstancias, millones de mexicanos no dejan a su partido por nada del mundo. Con él, toda la vida, sobreponiéndose a los llamados fatuos de los iluminados.

En síntesis, es controversial, crea a sus villanos favoritos y coyunturalmente los promueve “bajo el agua” en futuros líderes de otros institutos políticos, muchos otros ejemplos es el del ex gobernador de Puebla, Manuel Bartlet Díaz, a quien la izquierda de antaño le reclamó la caída del sistema en 1988, y ahora es admirablemente deslumbrante senador de la izquierda petista en la LXII Legislatura del Congreso de la Unión de México.

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