Papa Francisco retrasado

El otro dato
Juan Chávez _______________

El Papa Francisco, en medio de la crisis sanitaria mundial, lanza un consuelo para las feministas que le demandan convertirse en sacerdotisas para oficiar los santos oficios.

Acordó  establecer que las mujeres puedan dar la comunión y leer la  palabra de Dios, en esa, su afamada concesión.

Hace años, diría sin temor a equivocarme, desde las reformas introducidas a la religión de Jesús por el papa Juan XXIII, que las féminas hacen lo que ahora Francisco les otorga. Por eso, lo considero retrasado y mal informado.

La noticia dada por el Vaticano señala que el pontífice cambió este lunes su ley para permitirles a las mujeres, formalmente,  servir como lectoras, monaguillos y  administrar la comunión.

De hecho, cuando auxilian al sacerdote en la misa que imparte, son eso: monaguillos, lo que conocemos como acólitos que antes, niños vestidos de túnica roja y blanco, auxiliaban a los curas.

Las mujeres además de auxiliar al clérigo en la impartición de la eucaristía, le acercan el frasco de agua para que se lave las manos y le sirven en el cáliz el vino de consagrar de 4 grados etílicos. Luego retiran  los objetos y abren las puertas donde se encuentran las sagradas ostias para extraerlas y depositarlas en el altar.

Anoto, por cierto, que cada vez que el presbítero eleva primero la ostia y luego el cáliz y cita que es el cuerpo y la sangre de Cristo, está sacrificando de nueva cuenta al resucitado Jesús.

No bastó con que lo crucificaran; en cada celebración es sacrificado de nueva cuenta. Es, tal parece, el sufrimiento eterno.

Pero en fin, lo que el obispo argentino ha hecho se considera  otro paso hacia una mayor igualdad para las mujeres en la Iglesia Católica.

Pero ellas no están conformes con que se les haya formalmente permitido leer las liturgias y actuar como monaguillos y administrar  la comunión.

El Papa formalizó en el decreto lo que viene sucediendo en muchos países desarrollados desde hace años.

No obstante, al introducir el cambio en el Código de Derecho Canónico, será imposible que los obispos conservadores impidan que las mujeres de su diócesis tengan esas funciones.

Pero Francisco, insisto, sigue a la zaga de lo que las mujeres pretenden: ser sacerdotisas, como lo fue María Magdalena que inclusive, en plena predicación y antes de La Pasión,  invistió de sacerdote al propio Jesús para que estuviera en aptitud de “ascender a los cielos” y encontrarse con Dios Jehová.

En el decreto, llamado «Spiritus Domini» (El Espíritu del Señor), Francisco dijo que había actuado después de una reflexión teológica.

«Este cambio alinea a la Iglesia institucional con las realidades pastorales de todo el mundo», dijo Kate McElwee, directora ejecutiva de la Conferencia de Ordenación de Mujeres, que promueve el sacerdocio femenino.

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