Panamá Viejo: las ruinas de una centenaria ciudad

Nubia Piqueras Grosso (*)_________

 Panamá, (PL).- Centenarias columnas, abundante vegetación y modernas construcciones, testigos del paso del tiempo, marcan los trazos de lo que fuera la primera ciudad asentada en el litoral Pacífico del continente americano.

 Fundada el 15 de agosto de 1519, Panamá Viejo -como se conoce al primer centro urbano de la nación istmeña- no pudo resistir el saqueo y la codicia del temible pirata Henry Morgan, quien en 1671 solo dejó ruinas en este conjunto monumental, declarado en 2003 Patrimonio de la Humanidad.

Catedral_Panamá_Viejo
Catedral, Panamá viejo.

 Sin embargo, el abandono institucional, el galopante transcurrir de los años y la severidad climática, tampoco pudieron acabar con su estructura de piedra de cantera y cal, que actualmente acoge a uno de los principales atractivos turísticos del país, ubicado en el sector sur de la ciudad capital.

 «Es el segundo punto más visitado, con unas seis mil personas cada mes», aseguró el historiador Néstor Sánchez, del Patronato Panamá Viejo, que en la actualidad ejecuta un programa de rescate, conservación y restauración, dado el valor patrimonial del inmueble.

 Su terreno actual, compuesto por 28 hectáreas, es reservorio de los remanentes de la primera ciudad colonial fundacional del Istmo y de restos funerarios de poblados prehispánicos.

 El 60 por ciento restante del terreno lo ocupaban viviendas de maderas, donde vivía la mayor parte de la población, esa que hoy curiosamente todavía se dedica a la pesca y a otras labores manuales, tal y como sucedió en el siglo XVI.

 Según la directora del proyecto arqueológico, Mirta Linero, las evidencias ncontradas revelan que podría tratarse de un asentamiento cueva.

 Restos de adultos, niños, jóvenes, cerámica, alimentos, herramientas, collares, conchas y vasijas a modo de ofrenda conforman parte de los hallazgos acopiados durante los últimos 20 años.

 Pero sus piedras y cimientos no solo sirvieron para edificar una nueva ciudad mejor fortificada al suroeste de la vieja sede, también ayudaron a definir la identidad nacional al ser declarada como monumento público en 1912 durante el período republicano, acotó el arquitecto Félix Durán.

 De acuerdo con la arquitecta y encargada del plan de manejo 2014-2019, Silvia Arroyo, la iniciativa pretende potenciar el lugar desde perspectivas relevantes como la sostenibilidad, infraestructura turística, medio ambiente y paisaje.

 Y es que de sitio olvidado por mucho tiempo, la primera ciudad fundada en el siglo XVI contribuyó a trazar el mapa de la tierra natal consagrada en la actualidad como patrimonio histórico, señaló el historiador Félix Chirú.

 Orígenes y construcciones

 La ciudad fundada por Pedro Arias Dávila, mejor conocido como Pedrarias Dávila, se emplazó originalmente en una zona ocupada por una comunidad indígena, de ahí las evidencias arqueológicas encontradas que aportan valiosa información sobre las culturas precolombinas.

 Para 1541, la urbe apenas contaba con unos cuatro mil habitantes entre españoles, indígenas y esclavos africanos. Ya en 1607, el desarrollo era tal que contaba con varias calles, una Plaza Mayor y otras dos plazuelas.

 Desde este lugar partieron las expediciones que conquistaron el Imperio Inca del Perú en 1532, además fue escala de una de las más importantes rutas comerciales del continente americano, por donde pasaba la mayor parte del oro y la plata extraída por los españoles en América.

 Sin embargo, las condiciones de vida no fueron las mejores desde un principio. La escasez de agua potable, tres devastadores incendios, un terremoto (1621) y el asedio constante de los piratas dieron al traste con un asentamiento que aún guarda el encanto de la añeja historia.

 Frente a la antigua Plaza Mayor se encuentran las ruinas de la Iglesia, desde cuya torre de cuatro cuerpos y 30 metros de altura, todavía en pie, se observa una vista panorámica de una parte de la ciudad desde los cuatro puntos cardinales.

 Y en el espacio donde, hace casi cinco siglos, solo hubo mar y manglares, hoy florecen enormes rascacielos y un viaducto conocido como Corredor Sur.

 Lo que inicialmente se edificó como una sencilla estructura de paja y madera sobre un promontorio rocoso al este de la Plaza Mayor, a partir de 1619 y hasta 1626 devino en una sólida construcción de mampostería, lo cual explica su permanencia en el tiempo.

 No obstante, llama la atención la intervención arquitectónica de la misma para permitir su uso como mirador, pero con elementos anacrónicos como escaleras de perfiles metálicos, cristales de protección y reconstrucciones con ladrillos de barro rojo, al estilo actual.

 A pesar de ello, la Catedral de Panamá Viejo juega un rol importante en el urbanismo de la añeja metrópoli, pues representa el poder religioso de la época, de ahí que en su ubicación domine el espacio de la Plaza Mayor.

 Según los expertos, pocos monumentos en Panamá poseen el simbolismo de este templo religioso, en tanto su volumen recio e imponente resulta uno de los íconos inconfundibles de la nación, al sintetizar el origen hispánico del país.

 Además, el hecho de sobrevivir a los embates del tiempo lo convierten en testigo de la permanencia y la solidez.

 Pero en este conjunto arqueológico también pueden encontrarse otras ruinas pertenecientes a varias edificaciones, con un grado variable de conservación.

 Entre las mejores cuidadas sobresalen el antiguo Convento de la Concepción (único de monjas que entonces existía), el cabildo, la Compañía de Jesús y los conventos de San Francisco, de la Merced y de San Juan de Dios, además del Fuerte de la Natividad y de dos puentes: el Rey y el Matadero.

 Otro elemento sobresaliente es la gran cantidad de conventos e iglesias, símbolos de una institución que legitimó la conquista y ayudó a articular el territorio americano en beneficio de España: de hecho, la Corona exigió al menos un inmueble de este tipo en cada asentamiento, refieren documentos históricos.

 En el trazado ordenado de la urbe colonial destacan, además, amplias calles adosadas con piedras de canteras, algunas aún visibles en los alrededores de la Casa Alarcón y la Catedral, y otras perdidas debajo de la gravilla de calizas a la usanza moderna.

 La ausencia de una muralla y de sistemas defensivos convirtió a Panamá La Vieja, como también se le nombra, en blanco constante; por ello su centro urbano fue trasladado a una península cercana, ubicada unos 10 kilómetros al suroeste, en el actual Casco Antiguo de la capital istmeña.

 Testigo de múltiples eventos, Panamá Viejo recibió en 1926 la visita de los representantes extranjeros que conmemoraron el Centenario del Congreso Anfictiónico y, más recientemente, en abril último, acogió a los mandatarios que asistieron a la VII Cumbre de las Américas.

 Cada día los panameños intentan reivindicar la historia y la memoria de esa ciudad, donde la modernidad no ha podido derrumbar los vestigios del pasado, particularmente en ese lugar «reservorio del alma nacional».

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Panamá

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