Ochenta Años de El Siglo: «Un recio clarín de lucha a pleno sol»

Eduardo Contreras * _______________

Santiago de Chile (Prensa Latina).-  Este período especial que estamos viviendo los seres humanos de todo el mundo es sin duda algo complejo.

Tanto por las fuertes limitaciones objetivas que impone la pandemia como por la total incertidumbre respecto a su duración, de la forma de su término y las consecuencias objetivas y subjetivas de este tiempo incierto.

Sin embargo, el súbito cambio de hábitos y disposición del tiempo nos deja espacio para hacer muchas cosas que queríamos hacer y nunca hicimos.

Una de ellas -al menos en nuestro caso- ha sido la posibilidad real de revisar nuestros documentos acumulados por tantos años, ya sea del trabajo profesional o político, del ámbito literario o simplemente del campo de los recuerdos de tantos años vividos y en compañía o cercanía de muchos seres especiales que ya no están y de los que en vida gozamos de su amistad.

Uno de ellos fue nuestro ilustre compañero Volodia Teitelboim, chillanejo como yo, y con quien siempre tuve una fraternal relación personal. En algún momento de sus últimos años me regaló uno de sus archivos con artículos y recortes y entre ellos encontré un documento que guardo con especial afecto.

Es una copia, en papel copia de la época, de una nota que Pablo Neruda escribiera para nuestro diario El Siglo. Está fechada en Los Guindos, 25 de octubre de 1952, dedicada precisamente al histórico medio de prensa de los comunistas chilenos; su título es «Con esta primavera, vuelven las hojas de El Siglo».

Pablo Neruda.

Este artículo apareció publicado en la página 8 de la edición de El Siglo del domingo 26 de octubre de 1952. Terminado el gobierno del traidor González Videla, el Partido Comunista, tras la larga represión, comenzaba a recuperar su plena legalidad.

Cumplo pues con reproducir ese hermoso y esperanzador texto, al cumplirse este 31 de agosto los 80 años de la fundación de El siglo:

«El Siglo ha sido para muchos de nosotros la luz y el pan de cada día. En otra época en que sólo la violencia sostiene los restos de un sistema caduco, la mentira es el elemento natural de la prensa capitalista que atreve a llamarse ‘libreâ€Ö, este diario detenía la oscuridad y nos daba luz.

Nos mostró los conflictos del pueblo organizado y también la vida de los pequeños seres, de la gente simple.

Ha sido una lección de poesía cotidiana. Y también un recio clarín de lucha a pleno sol.

Yo presencié como nacía y era conmovedor ver los ojos humedecidos de los viejos militantes. Detrás de la gran rotativa que empezó a moverse aparecieron el rostro de Recabarren, la primera y humilde prensa obrera, los viajes de Lafferte por la pampa, los arenales y la sangre, los golpes de la represión a las máquinas, las pequeñas prensas encarceladas, tantas vidas y tantas cosas, tantos combates y tantos martirios y, al fin, la gigantesca obra que nacía, el papel impreso para todo el pueblo, la dignidad alcanzada en la continuidad inflexible de nuestra lucha.

Luego llegaron los Pobletes, los Corteses, los Brun, los bailarines de zamba, los Trucos, y un viento de soplones apagó nuestra luz. Yo vi como se deleitaba arrancando a El Siglo editoriales, avisos, trozos y fragmentos, con regocijo sucio, con su obscenidad socarrona, y creían que nos iban matando, cuando son ellos, pobres diablos, los muertos que hieden o las ratas que jubilan apresuradamente, mientras la luz espléndida de la verdad vuelve a marchar por los caminos de Chile.

No pueden detener la Historia.

Con el silencio de estos años también El Siglo, nuestro diario, ha ayudado a escribir la Historia, pero nos hacía falta su voz grande y su grandeza de gran árbol chileno.

Con esta primavera vuelven las hojas a El Siglo, éste se poblará de voces, de canto de esperanza y el viento del futuro esparcirá por todos los rincones de la patria las semillas de la verdad. En nuestro diario tenemos que enseñar y aprender cada día.   En estos días de octubre a lo largo de la patria se oyen todas las voces de las aguas y los bosques. Es algo natural y primaveral que a ellas se agregue la antigua y poderosa voz del pueblo.

Pablo Neruda».

El hallazgo de este texto es una de las cosas buenas que nos ha dado la pandemia en curso y de paso nos subraya que nadie debe olvidar nunca que a lo largo de la historia los mejores exponentes de nuestra cultura, los que llegaron más lejos, han sido parte de los destacamentos del pueblo, defensores de la clase obrera, militantes del Partido Comunista. Entre ellos Volodia Teitelboim y Pablo Neruda, ambos miembros del Comité Central del PC de Chile.

*Abogado, colaborador de Prensa Latina, miembro de la dirección del Partido Comunista de Chile.

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