Morena y el síndrome del ganador

Pulso
Eduardo Meraz _________________

La disputa por alcanzar la dirigencia nacional de Morena, es una muestra más del folclor político que priva en ese movimiento que, luego de más de un lustro de existencia no se ha podido consolidar como partido y mucho menos crear liderazgos; de ahí que entre los aspirantes predomine el medio pelo en las candidaturas.

Todo parece indicar que el Movimiento de Regeneración Nacional tendría una vida efímera, una vez cumplida su misión de llevar a la Presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador.

La falta de líderes de peso y de un proyecto político, han convertido a Morena en un champurrado de personajes que se unieron más por conveniencia que por convicción. En sus filas, como si fuera un bote de tamales, hay de chile, de dulce y de manteca, ya que en los tiempos modernos los principios que caracterizaban a la izquierda de fines del siglo pasado, se han vuelto tan elásticos y chiclosos, que lo mismo caben ahora neoliberales vergonzantes que radicales chantilly.

Desde que López Obrador dejó la dirigencia del movimiento, este agrupamiento de lo único que ha sido capaz es seguir, a pie juntillas, las indicaciones de su creador y gurú. La líder sustituta, Yeidckol Polevnsky simplemente se dedicó a administrarlo, creyendo que la inercia de popularidad sería suficiente para su consolidación.

Hecho para la resistencia, cuando fue oposición, carece de las formas de organización para que la simpatía de la gente fuese el motor que impulsara y dinamizara la acción política que todo partido político requiere para perdurar en el tiempo.

A partir de su triunfo en 2018, Morena no ha sabido cómo ser partido en el gobierno. Bueno, ni siquiera los “servidores de la nación” y mucho menos los beneficiarios de los programas sociales instrumentados por López Obrador han encontrado en ese instituto político los cauces para engrosar sus filas.

Estacionadas en el síndrome del ganador, las cúpulas de Morena han privilegiado la defensa a ultranza del primer mandatario, por encima de las tareas propias de un partido. Y la competencia interna por obtener la palmadita en la espalda del ejecutivo, los ha conducido a una balcanización, en la que las ambiciones personales y grupales han salido a relucir.

Los señalamientos de Porfirio Muñoz Ledo, sobre la cargada que se viene gestando en favor de Mario Delgado y de su mecenas, el canciller Marcelo Ebrard Causabon, lejos de ser un exabrupto del viejo lobo de mar, en realidad refleja el grado de deterioro en que ha caído Morena.

Tampoco deben descartarse las advertencias sobre el interés de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum por obtener, en su momento, la candidatura presidencial. En similar proyecto trabaja el senador Ricardo Monreal, por más que los tres morenistas nieguen –como indica la ortodoxia- tal propósito.

Pensar que los más de 100 participantes en alcanzar la dirigencia de Morena, constituye una demostración de pluralidad, inclusión y democracia, es una engañifa. En realidad, se trata de montar un carnaval, la encuesta, que oculte la decisión de su líder espiritual, pues es de todos sabidos que López Obrador tiene en su poder el voto de calidad.

Para no dar pistas sobre de qué lado masca la iguana, es dable esperar que la presidencia y la secretaría general de Morena termine en una aparente decisión salomónica: una posición para cada uno de los dos principales grupos, atendiendo la disposición de paridad de género.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

La solicitud de licencia al Congreso Federal de Ernesto Nemer Álvarez, forman parte de los ajustes que anunciará el gobernador del estado de México, Alfredo del Mazo. Se menciona que Ernesto Nemer pasará a ocupar la Secretaría General de Gobierno. Estos movimientos, ¿conllevan algún mensaje para el presidente del PRI, Alejandro Moreno?

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