Montecristi, símbolo de amistad entre Cuba y Dominicana

Edilberto F. Méndez * _________________________

Santo Domingo (Prensa Latina).-  Un símbolo de amistad entre Cuba y la República Dominicana lo constituye Montecristi, pintoresca ciudad ubicada al noroeste del país y capital de la provincia homónima.

Aunque a las dos naciones caribeñas las unen lazos históricos que se remontan mucho más allá de las gestas independentistas, existen algunos momentos y espacios que marcan pauta y quedan en la memoria de los pueblos, y esta ciudad es uno de ellos.

Cuando los cubanos arriban a Montecristi, lo primero que preguntan es por la casa donde se firmó el conocido Manifiesto que lleva su nombre, el 25 de marzo de 1895; y lo segundo, por el sitio de desembarco de José Martí cuando vino por primera vez a esta nación.

Dos lugares de visita obligada para los provenientes de la isla porque los identifica y une con sus “hermanos dominicanos” y es entendible.

La Casa Museo de Máximo Gómez es la atracción principal porque, aunque la vivienda original ya no existe, en su lugar se levantó una similar inaugurada en 1973 con objetos usados por la familia, y entre ellos figura una estrella en el techo llevada allí por el Apóstol cubano.

También se muestra una colección de fotografías en algunas de las cuales aparece Martí junto a Gómez, y en otras, el Generalísimo y miembros de su familia, como sus hijas y esposa Bernarda del Toro, y su hijo Panchito Gómez Toro, caído en batalla en 1896 junto a Antonio Maceo, de quien era ayudante.

En esa casa, los destacados patriotas llevaron a cabo los preparativos para trasladarse hacia Cuba con vistas a cumplir la misión de independizar a la isla y por ello firmaron el memorable programa de lucha que hizo posible el fin del colonialismo español en el Caribe.

El Manifiesto de Montecristi significa mucho para los habitantes de la mayor de las Antillas, pues en él Martí y Gómez anunciaron al mundo las razones del reinicio de la guerra del pueblo cubano por su independencia.

Fue donde Martí se enfrentó a los manidos argumentos esgrimidos contra la gesta de 1895, los cuales decían que en Cuba se iban a repetir los errores cometidos en las repúblicas latinoamericanas.

Por ello afirmó: “Ni del desorden, ajeno a la moderación probada del espíritu de Cuba, será cuna la guerra; ni de la tiranía (…). Desde sus raíces se ha de constituir la patria con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzcan a las parcialidades o a la tiranía”.

También aclaró que “la guerra no es contra el español (…). Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad”.

Y escribió que “en el pecho antillano no hay odio, y el cubano saluda en la muerte al español, a quien la crueldad del ejercicio forzoso arrancó de su casa y su terruño para venir a asesinar en pechos de hombres la libertad que él mismo ansía”.

Pero no solo fue el programa estratégico para la Guerra Necesaria (1895-1898), también conformó el concepto de Patria soñado por Martí, independiente también del imperialismo yanqui, legado con plena vigencia para la nación cubana en su lucha por perdurar frente a la voracidad imperial del “norte revuelto y brutal que nos desprecia” (…), como expresó el Apóstol.

PUERTA DE ENTRADA DE JOSÉ MARTÍ A DOMINICANA

En cuanto a que la ciudad fundada por Nicolás de Ovando en 1506, fue la puerta de entrada del héroe cubano en todos sus viajes a la República Dominicana, no existen dudas.

La primera vez, para encontrarse con Gómez en septiembre de 1892, en procura de algo muy sagrado para los cubanos, la independencia de la isla y el sitio de desembarco se encuentra identificado con un sencillo monumento.

En esa ocasión, el héroe cubano estuvo durante dos días y tres noches en la casa de la finca La Reforma, en Laguna Salada, antiguamente perteneciente a este territorio.

Posteriormente, Gómez lo acompañó de Montecristi a Santiago de los Caballeros, y el resto del itinerario hasta Santo Domingo, el maestro lo siguió con otros acompañantes.

Fue en 1893 la segunda entrada al país; en ese viaje Montecristi resultó la entrada y la salida, pues solo estuvo en esa ciudad porque su objetivo era hacer un grupo de consultas al bravo banilejo y de ahí regresar de inmediato a Nueva York, Estados Unidos.

El colofón fue su llegada el 7 de febrero de 1895, etapa cuando más tiempo estuvo,  para explicar a Gómez el fracaso de la expedición de La Fernandina, donde los tres vapores con armas fueron incautados por las autoridades estadounidenses.

Ambos acordaron tomar medidas urgentes, porque ya la orden de alzamiento en la isla estaba dada y por eso poco tiempo después partieron hacia Cuba. Montecristi dio el adiós a esos grandes hombres, quienes fueron a darlo todo por la independencia cubana.

Demostrado queda como entre Cuba y Montecristi existe una historia que el tiempo no borró, todo lo contrario, la enriqueció y fortaleció.

Tan es así que cuando los visitantes o turistas llegan a esa ciudad y se dirigen a ver una de las reliquias más preciadas del pueblo, el histórico Reloj de Montecristi, la primera anécdota para contar es como Martí y Gómez estuvieron presentes cuando este llegó a la ciudad el 11 de marzo de 1895.

Montecristi, la bella ciudad que destaca por sus salinas, el espectacular Morro, Los Caños con sus manglares y la gente, ostenta otro atributo, tener un lugar de privilegio en la historia de Cuba.

*Corresponsal de Prensa Latina en la República Dominicana.