Momentos de cinismo

Comparto Viborianus,…18 SEPTIEMBRE 2015…1830. Nace en la Ciudad de México, José Tomás de Cuéllar, novelista, periodista y diplomático, autor de La linterna mágica. 1930. Inicia transmisiones la radiodifusora XEW, “La Voz de América Latina desde México”. 1968. En el contexto del Movimieto Estudiantil deL 68, Ciudad Universitaria de la UNAM es ocupada por el ejército. 2000. La especialista en haltero lia Soraya Jiménez se proclama ganadora al levantar 215 kg; primera vez atleta mexicana obtiene presea de oro en Juegos Olímpicos, en Sídney, Australia.

Viborianus-

Victoriano Robles Cruz _________

Las impudicias y obscenidades circulan con tanta libertad en el escenario político, similar a cuando los ratoncitos transitan con plena libertad ante la ausencia de su verdugo: El Gato. Pareciera se insta a la gente en Quintana Roo, a los quintanarroenses legales, a no albergar demasiadas pretensiones de superioridad moral, porque como dice, en Quintana Roo: ideas impopulares pueden ser suprimidas sin utilizar la fuerza.

El momento es el reflejo en la administración de Peña Nieto, se vive el mayor momento de cinismo del sexenio. Nunca, quizá como antes, la historia mexicana y quintanarroense ha vivido momento tan decrépitos, como achacoso. Escuchamos mensajes falaces, vemos actitudes cínicas e hipócritas, pero no vemos individuos comprometidos con el bienestar social, no advertimos deberes para que las cosas cambien. Nos mienten con cifras de los empresarios del ramo turístico, como de una sola región… ¿Los demás no contamos?

Obvio, no es grato teclear de esta nauseabunda fetidez, como de sus perspectivas, pero nos trajeron la presencia de los cuatro primeros párrafos del texto «La caída de la casa Usher«(1839), de Edgar Allan Poe: escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense; reconocido por sus relatos cortos, y recordado por sus cuentos de terror. Queremos compartirlo con el mismo respeto que merecemos todos:

“Un día de otoño triste, oscuro y silencioso, cuando las nubes colgaban bajas y pesadas en el cielo, crucé solo a caballo una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse la sombra de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher.

 No sé cómo fue, pero, a la primera mirada que eché al edificio, un sentimiento de insoportable tristeza invadió mi espíritu. Digo insoportable, porque no lo aliviaba ninguno de esos sentimientos semiagradables, por ser poéticos, con los que recibe el espíritu incluso las más adustas imágenes naturales de lo desolado o lo terrible.

 Contemplé el escenario que tenía ante mí la casa, el simple paisaje del dominio, los muros descarnados, las ventanas como ojos vacíos, unas junqueras fétidas y los pocos troncos de árboles agostados con una fuerte depresión de ánimo, que sólo puedo comparar, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio, a la amarga caída en el deambular cotidiano, al horrible descorrerse del velo. Era una frialdad, un decaimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia ninguna forma de lo sublime. ¿Qué era me detuve a pensar, qué era lo que me desalentaba tanto al contemplar la Casa Usher?

 Misterio insoluble; y yo no podía luchar con los sombríos pensamientos que se agolpaban en mi mente mientras reflexionaba. Me vi obligado a recurrir a la conclusión insatisfactoria de que mientras hay, fuera de toda duda, combinaciones de simples objetos naturales que tienen el poder de afectarnos de esta forma, el análisis de semejante poder se encuentra entre las consideraciones que están más allá de nuestro alcance. Era posible, pensé, que una simple disposición distinta de los elementos de la escena, de los pormenores del cuadro, fuera suficiente para modificar o quizá anular su poder de impresión dolorosa; y, procediendo en consonancia con esta idea, dirigí mi caballo a la escarpada orilla de un negro y pavoroso lago, que extendía su brillo tranquilo junto a la mansión; vi en sus profundidades con un estremecimiento aún más sobrecogedor las imágenes reflejadas e invertidas de las grises junqueras, los troncos espectrales y las ventanas como ojos vacíos”.

Si tiene colofón.

Roderick Usher, propietario de la casa, quien invita a su amigo, el narrador de la obra, muere de terror, como él mismo había vaticinado. Lleno de horror, el amigo huye despavorido de la espeluznante casa, y al alejarse ve cómo de pronto comienza a derrumbarse la vieja mansión ante sus ojos y a desaparecer en las turbias aguas del lago que la rodea, identificándose así con el destino de sus desdichados habitantes.

PD.- “Y en estas cuatro cosas -creencia en los espíritus, ignorancia de las causas segundas, devoción a lo que suscita el temor de los hombres y el tomar como presagio lo que es casual- consiste la semilla natural de la religión.” Thomas Hobbes (1588-1679) filósofo inglés.

PD.- Somos testigos del canibalismo entre priistas, de la genética como hereditaria bestialidad, sólo propia de la época neandertal, de pterodáctilos. Paradigma de política quintanarroense. ¡Patrimonial!

viborianus@gmail.com  Twitter:@viborianus   www.viborianus.com

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