Migrantes entre la violencia, la discriminación y el coronavirus

Ernesto Hernández Lacher * _____________________

La Habana (Prensa Latina).-  Tras difíciles travesías para llegar a Europa y escapar del hambre, la discriminación y la violencia, los migrantes sufren ahora las restricciones derivadas de los cierres fronterizos en esa región ante la amenaza de la Covid-19.

Sus intenciones de establecerse allí como residentes se desvanecen hoy tras la interrupción de los programas de acogida, la suspensión de los trámites de asilo y los regímenes de cuarentena a que son sometidos aquellos que en las últimos jornadas arribaron a alguna nación de la Unión Europea (UE).

El portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Joel Millman, exhortó a respetar y dignificar a esas personas ante las limitaciones para el libre desplazamiento impuestas por esa comunidad.

El vocero de esa dependencia, asociada a la Organización de Naciones Unidas (ONU), comentó que alentar el miedo hacia los extranjeros puede provocar que los migrantes no acudan a los centros de salud y hospitales para recibir tratamiento en caso de presentar síntomas de la enfermedad.

Así ocurre con los que lograron su objetivo y hoy residen en las distintas naciones que componen la UE, región a la que según datos divulgados recientemente por la OIM ingresaron cerca de 15 mil irregulares por vía marítima en lo que va de año.

A ello se suma, además, la apertura de la frontera entre Turquía y Grecia por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el pasado 28 de febrero, al anunciar el fin de los controles de seguridad en la zona limítrofe tras una escalada de enfrentamientos en la provincia siria de Idlib.

Pero no todos los migrantes logran su objetivo. Como respuesta al éxodo masivo el Gobierno de Grecia fortaleció los controles de seguridad, trasladó militares a la frontera y suspendió los procedimientos para el otorgamiento de asilo.

Así sucedieron interminables jornadas para los indocumentados, víctimas de las decisiones de ambos Ejecutivos, criticadas por varias organizaciones humanitarias, la ONU y la UE.

El 18 de marzo último, a solo tres semanas de abrir sus fronteras, el Gobierno de Ankara anunció que impedirá las entradas a su territorio desde Grecia y Bulgaria.

LOS MIGRANTES Y LAS MEDIDAS CONTRA LA PANDEMIA

La rápida propagación de la Covid-19 que convirtió a Europa en epicentro de la enfermedad con más de 10 mil fallecidos, provocó medidas extremas por parte de los países de la UE, en especial dirigidas a esas personas cuyo anhelo es encontrar en tierras europeas el sueño de paz, seguridad y sustento.

Organizaciones no gubernamentales advierten que estas poblaciones vulnerables están abandonadas a su propia suerte, sobre todo aquellos que ante la desesperación optaron por arribar a países como Grecia y hoy están hacinados en insalubres campos de acogida.

En Alemania, considerada la locomotora de Europa y donde viven 1,3 millones de solicitantes de asilo y migrantes, los servicios públicos destinados a ellos están casi paralizados y las entrevistas previas a su aceptación como parte población residente se encuentran suspendidas.

Esa nación canceló sus programas de acogida de migrantes, días después de su publicitada intención de recibir a más de mil infantes procedentes de los centros griegos para refugiados antes mencionados.   Tras los cierres fronterizos impuestos por la UE, la Agencia de la ONU para los Refugiados advirtió que los países miembros del bloque no podían dejar desamparados a los demandantes de asilo o forzarlos a regresar a sus países de origen.

En Grecia la actual situación podría generar una catástrofe humanitaria a mediano plazo, según declaró desde la isla helena de Lesbos el eurodiputado alemán del partido Los Verdes, Erik Marquardt, quien abogó vía telefónica por la evacuación de ese territorio.

Por su parte la Organización no Gubernamental alemana Pro Asyl llamó a la “solidaridad europea” ante la difícil situación que enfrentan dichas personas entre las que se encuentran cerca de 10 mil menores, según datos divulgados por dicha entidad.

En Hungría el gobierno del primer ministro, Vikor Orbán, cerró las fronteras esgrimiendo el riesgo que supone la acogida de migrantes para la población local.

Así justificó la medida Istvan Hollik, director de comunicaciones del oficialista partido Fidesz, mientras defensores de derechos humanos cuestionan tal enfoque y expresan que dicha postura es parte de una campaña de odio que demoniza a los refugiados.

En Croacia el ministro de Salud, Vili Beros, manifestó que los migrantes representan un riesgo potencial de diseminación de la Covid-19, mientras en Serbia sectores extremistas organizaron patrullas nocturnas para evitar el libre desplazamiento de ese sector poblacional, de acuerdo con la prensa local.

En Belgrado, la capital, los ultraderechistas amenazan a los irregulares mientras el presidente, Aleksandar Vucic, manifestó que su país, considerado un punto de tránsito para los que tratan de llegar a la UE, no es “una playa de estacionamiento” de migrantes.

Tan desproporcionado comentario contrasta con un informe conjunto de la Organización Internacional de Trabajo y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que destaca que los migrantes no constituyen una carga para las economías de los países de destino, por el contrario, aportan a su crecimiento.

Por otra parte, el acelerado proceso de envejecimiento que sufre la población europea sí significa una enorme carga para los contribuyentes, según un análisis publicado por el portal digital BBC Mundo.

En consecuencia, la ola de migrantes, ahora menguada por la pandemia que azota al orbe, es útil para los países miembros del bloque comunitario desde el punto de vista económico y demográfico en consonancia con criterios expuestos por varios economistas, quienes concuerdan en que la inmigración promueve el crecimiento y el desarrollo.

Europa enmascara como acciones humanitarias puros intereses económicos. Los desplazados, migrantes y refugiados sufren las secuelas, primero de las guerras, el hambre y el racismo, y ahora de la mayor pandemia que ha azotado la humanidad en los últimos tiempos.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, recordó que la vida de muchas personas en el mundo está paralizada o se transforma de forma inimaginable; mientras la guerra y la persecución no cesan.

En el orbe hay personas que huyen de sus hogares en busca de un lugar seguro a pesar de la Covid-19, agregó Grandi en referencia a la pandemia que ocupa titulares, condiciona el comportamiento de las personas y provoca en algunos los sentimientos más egoístas.

*Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina.

You must be logged in to post a comment Login

Photo Gallery

Designed by Gabfire themes