Migración venezolana, la verdad al descubierto

Yadira Cruz Valera * _________________

Caracas (Prensa Latina).-  Uno de los temas más llevados y traídos en el último quinquenio por los organismos internacionales y los medios de comunicación con respecto a Venezuela fue sin lugar a dudas la llamada “crisis migratoria”.

Cifras exorbitantes de emigrantes, testimonios de ciudadanos que salían huyendo de la supuesta dictadura, show mediáticos, declaraciones de funcionarios que daban fe del caos del país, dinero para ayudar a los países receptores, eso y más llenó durante los últimos años titulares en los grandes medios.   Más que simples noticias para vender, fueron suficientes argumentos para quienes buscaban un pretexto para criticar, enjuiciar y desprestigiar a la Revolución bolivariana.

La salida de miles de personas hacia otros países, de América Latina esencialmente, se convirtió en el caldo de cultivo de la prensa y funcionarios de algunos gobiernos de la región para arremeter contra el presidente Nicolás Maduro y su Ejecutivo.

Un fenómeno tan antiguo como la propia humanidad, condicionado en el caso venezolano más que nada por una crisis económica provocada por el bloqueo de Estados Unidos (que muy pocas veces se mencionaba), se politizó y manipuló hasta la saciedad durante años.

Titulares altisonantes como El éxodo de venezolanos que preocupa a los países de América Latina; La crisis migratoria en Venezuela, un desafío para América Latina; Migración venezolana: la bomba de tiempo que la región no quiere enfrentar; son algunos de los ejemplos de lo que hace apenas unos tres meses podía leerse en algunos medios.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), citaban altas cifras de “venezolanos desplazados fuera de su país”.

“Estas cifras alarmantes resaltan la necesidad urgente de apoyar a las comunidades de acogida en los países receptores”, dijo Eduardo Stein, representante especial conjunto de ambos entes en junio de 2017, mientras abogaba por la ayuda internacional para los receptores.

Si bien es cierto que miles de personas salieron del país en busca de oportunidades económicas, todo estaba condicionado principalmente por la escasez generada por la política hostil de Washington, que impide a otras naciones vender insumos a Venezuela, mientras en contubernio con la derecha congela sus activos y expolia sus empresas en el exterior.

Pero esas no fueron las razones expuestas por los medios; ante la opinión pública todos “huían de la dictadura de Maduro”, a tal punto se manipuló el tema que muchos migrantes se sumaron al coro para obtener beneficios en los países en que se radicaban y emitían las más insólitas declaraciones sobre su nación de origen.

La situación no fue sólo aprovechada para desprestigiar y atacar al Gobierno bolivariano, sino además para solicitar ayuda internacional con el supuesto fin de responder a la crisis, tan sólo la Acnur y la OIM solicitaron mil 350 millones de dólares.

Fuentes oficiales reportaban que Colombia, el mayor receptor, hasta el 14 de agosto de 2019 recibió 96 millones de dólares para programas de ayuda a los migrantes venezolanos.

Sin embargo, desde mediados de ese mismo año, miles de connacionales regresaron a Venezuela y ningún testimonio de los retornados da fe de haber recibido algún apoyo o ayuda económica por parte de esos gobiernos a través de los supuestos donantes.

La Acnur vaticinó para este 2020 que la ola migratoria más grande sería desde Venezuela hacia Latinoamérica, obviando a millones de desplazados como consecuencia de conflictos civiles en África o Medio Oriente, o el flujo de personas desde Centroamérica hasta Estados Unidos.

VERDAD QUE ADELGAZA Y NO QUIEBRA…

Tras años de manipular el fenómeno para atacar a la Revolución bolivariana y obtener beneficios financieros para la supuesta ayuda, bastó el azote de la pandemia del nuevo coronavirus para que se desmoronara todo el engaño.

Porque como escribiera Miguel de Cervantes en su obra cumbre Don Quijote de la Mancha, “la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite en el agua”.

Apenas llegó la pandemia de Covid-19 a la región, miles de venezolanos comenzaron a ingresar por las fronteras de Colombia y Brasil, hasta sobrepasar actualmente la cifra de 60 mil, según reportes oficiales.

Desgarradores testimonios relatan quienes llegan, no sólo sobre la travesía sin dinero o recursos que deben enfrentar por miles de kilómetros hasta llegar a la frontera, sino además de cómo fueron tratados, expulsados de sus viviendas y trabajos.

Entre los casos más conocidos se encuentran el de dos jóvenes que casi a término de embarazo fueron sacadas de las casas por los arrendadores, la policía colombiana no les dejaba pasar y se vieron forzadas a atravesar trochas y campos hasta llegar a la frontera.

Una de ellas dio a luz con apenas siete meses, la otra contó a la prensa que ni siquiera sabía el tiempo de embarazo porque nunca le habían atendido.

Desde hace cerca de tres meses miles de connacionales regresan al país, a todos se les realiza de forma obligatoria la prueba rápida de despistaje por la Covid-19, dependiendo del resultado se les hace el PCR y si éste resulta positivo, la persona es atendida en el Centros de Diagnóstico Integral instalados exclusivamente ello.

Tras esos procesos de control los migrantes que retornan son llevados hasta sus casas y tratados de igual manera que cualquier ciudadano, aun cuando muchos de ellos son los mismos que otrora renegaban de sus raíces y de su gente.

Más del 80 por ciento de los casos positivos de la enfermedad se presenta actualmente en quienes han regresado, en su mayoría de Colombia.

En las últimas semanas el Ejecutivo reiteró la alerta sobre la existencia de varios brotes en el territorio nacional, derivados -en gran medida- del contacto con individuos contagios que ingresaron de forma ilegal al país tras violar el cordón sanitario y de seguridad desplegado en las fronteras terrestres con Colombia y Brasil.

Ante esta situación, se crearon las Zonas Estratégicas de Defensa Integral Temporales Especiales, inicialmente en demarcaciones de los occidentales estados fronterizos de Zulia y Táchira, para garantizar una mayor contención en todos los pasos ilegales a fin de contrarrestar el paso de personas de forma irregular.

Aún en medio de tan complejo panorama epidemiológico, el Gobierno bolivariano continúa recibiendo a quienes deciden regresar huyendo de la xenofobia, el desempleo y las pésimas condiciones de vida, en su mayoría retornan con las esperanzas rotas en busca al menos de un apoyo familiar.

Sin embargo poco o nada hablan de esta migración invertida las grandes transnacionales de la información, los organismos internacionales o los gobiernos que meses atrás manipulaban el tema con el fin, entre otros, de justificar una agresión armada contra Venezuela.

Más bien se inventan nuevas estratagemas, la más reciente fue denunciada por el canciller Jorge Arreaza cuando acusó a la Acnur de usar a los migrantes venezolanos para satisfacer los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea.

En su cuenta en la red social Twitter, el diplomático criticó la postura de esa organización la cual, aseguró, anda en busca de dinero para supuestas ayudas a los venezolanos en otras naciones y no coopera con los fondos de repatriación para quienes desean regresar debido a la pandemia de la Covid-19.

Mientras, el pasado 26 de mayo el Gobierno de Venezuela deploró una supuesta preocupación por parte de la Unión Europea por la situación de la Covid-19 en el país.

A través de un comunicado oficial difundido por la cancillería, el ejecutivo bolivariano manifestó que los supuestos donantes de las ayudas son los mismos gobiernos que ameritan recursos y donaciones para enfrentar el colapso de sus sistemas de salud, proteger la vida de los ciudadanos y recuperar sus economías.

Así entre nuevas mentiras, manipulaciones y engaños se pretende una vez más silenciar la verdad y continuar la campaña  de desprestigio contra esta nación suramericana.

*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.