Miedo y gandallas

Entresemana

Moisés Sánchez Limón ___________________

Infundir miedo entre la población es, sin duda alguna, un crimen porque éste siempre conlleva el riesgo de transitar hacia el pánico, incluso prohijado por depositarios de la representación popular en perjuicio de la colectividad.

Ética y moralmente, aun más, reprobable que en ese escenario de desconcierto social se tomen decisiones que entrañan un beneficio sectario, de grupo y personal, acto que se conoce como agandalle, en buen romance, práctica que en el ámbito político nacional suele ocurrir aunque no necesariamente en un situación de emergencia sanitaria como la que se cierne sobre México con esto del COVID-19.

Anoche –miércoles 18 de marzo– se conoció el primer deceso registrado en el país a consecuencia de ese virus; la víctima es un hombre de 41 años de edad que, además, padecía diabetes. La Secretaría de Salud, formal y responsablemente, para no generar confusión, lo confirmó vía tweet y expresó las condolencias del secretario Jorge Alcocer Varela.

¿Dónde contrajo el virus esta persona? La información disponible, anoche, refiere que el pasado 3 de marzo asistió, con un acompañante, a un concierto al Palacio de los Deportes de la capital del país, presuntamente ahí se infectó. El deceso ocurrió en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

Bien que la Secretaría de Salud acompañe con información oficial este caso porque, debe insistirse, eso inhibe a los fake news y posibilita evitar que haya precipitaciones y el reguero de una versión dislocada de verdad que genere miedo y se convierta en terreno fértil para derivar en pánico. Y entonces sería el caos que nadie, nadie en su sano juicio desea.

Mal que el licenciado López Obrador trate con un simplismo que pretende ponerse en línea con la voluntad y opinión popular, pero linda en la ofensa al sentido común, enhieste una imagen religiosa para presumir que ésta como otras de otras religiones lo protegen.

Cada quien con sus creencias, respetables indudablemente, cada cual con sus supersticiones igual de respetables. Pero esta pluralidad religiosa, de libre credo constitucional, no otorga carta blanca a quien fue elegido Presidente de México y que se toma a la ligera cualquier asunto que no le agrade.

El problema es que tenemos a un presidente al que sus más cercanos colaboradores pretenden alzar como el estadista que no es ni el hombre culto que dista un abismo se serlo. Sus razones tendrá la doctor Irma Eréndira Sandoval Ballesteros para asegurar que López Obrador es el presidente más culto que ha tenido México.

Quizá por haber estudiado en el extranjero, la señora de Johnny Ackerman no sabe que ha habido presidentes cultos e inteligentes, que dicho sea de paso no los curó contra la parentela y amigotes corruptos. En fin.

Pero bueno, estábamos en este imperativo de impedir que versiones anárquicas inyecten miedo a la población con esta pandemia del COVID-19 que ayer rebasó la cifra de cien infectados y crece exponencialmente sin que ello mueva al señorpresidente a dejar de blofear y comportarse a la altura de su investidura.

Si él tiene confianza en sus chamanes y supersticiones, muy sus convicciones y atavismos, pero ello no le otorga ninguna libertad, por respeto al cargo, para despreciar medidas sanitarias e informar como dicta el sentido común sin contradecir a los especialistas que diariamente informan del status de esta situación.

Mire usted, el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, podrá tener antecedentes que discrepan de su actual proceder y defensas a ultranza del señorpresidente, pero es la voz autorizada y si no creemos en sus reportes –en sus reportes no en sus deslices verbales—no hay alguien más, oficialmente, que pueda ser el heraldo de lo bueno y lo malo que entraña este proceso del coronavirus en sus diferentes fases.

Por eso la importancia de la información que confirmó anoche la Secretaría de Salud porque se alza como un dique a la desinformación que se genera precisamente ante la ausencia de respuestas puntuales, no de regaños y reproches, de acusaciones perversas como aquella de culpar a los conservadores –López Obrador dixit—de estar apostándole a que las cosas salgan mal.

Por eso, también, la importancia de los contrapesos en estos temas para no avivar esa postura mesiánica del señorpresidente que se ríe de lo que ocurre en los hospitales, de los reportes que llegan del exterior, en una pueril convicción de que aquí no pasa ni pasará nada, porque se sustenta en una apuesta, el salto al vacío, a la suerte.

Y la suerte es eso, suerte. Si gana el lado al que le apostó, sus seguidores le aplaudirán sus críticos le cuestionarán que juegue con el presente y futuro del país. El tema ya se politizó y fue el licenciado López Obrador el responsable de dar esa pauta que, hay que decirlo, la oposición tomó como un reto con la mirada puesta en la elección intermedia de 2021, por supuesto sin pasar por encima de la prioridad que demanda atender un problema, grave problema, de salud nacional que está considerado ya como pandemia.

AGANDALLE. En esa consideración política, lo ocurrido en el Congreso de la Unión, este miércoles 18 de marzo, tuvo un subrayado contraste entre lo políticamente correcto, en el Senado, y el golpe gandalla en la Cámara de Diputados.

En ambas Cámaras la oposición legislativa se negó a asistir a la sesión ordinaria. Las bancadas del PT, PES y Movimiento Ciudadano, con menguada del PRD en el Senado, decidieron asistir a la sesión, aunque en la negociación el coordinador de la bancada de Morena, Ricardo Monreal refirió que el problema no trata de la protección de un senador o de una fracción parlamentaria, sino de proteger a la población.

“Nosotros, como representantes populares, tenemos la obligación de enfrentar, con el mayor de los éxitos, esta pandemia que está azotando al mundo”, acotó Monreal y sostuvo que por eso ha insistido en sesionar, en escuchar el consejo de los científicos y los técnicos, quienes han asegurado que no es necesario detener actividades, que no existe la posibilidad de contagio ni de elevar o imprimir velocidad la transmisión del virus.

Pero, y ese es el punto relevante, puntualizó que “el día que nos aconsejen concluir las sesiones ordinarias, sin ninguna actitud de titubeo lo vamos a hacer”.

Elemental la postura de Monreal, respetable que senadores de oposición hayan decidido no sesionar, pero ese mensaje no es el mejor que el Legislativo puede enviar a la población que hoy abriga temores, un paso hacia el miedo y, luego, hierba seca para el pánico.

Así, el contraste, albazo o agandalle en medio de esta emergencia sanitaria lo dio Morena en la Cámara de Diputados, es decir, las huestes encabezadas por Mario Delgado Carrillo, que sin notificación previa ni sesión en comisiones que aprobaran el dictamen, en fast track aprovechó la ausencia de la oposición y avaló, junto con sus satélites del PT y del PES modificaciones a las leyes electorales, para que diputados y senadores puedan buscar la reelección sin necesidad de dejar sus curules.

Con 254 votos a favor, 20 en contra y tres abstenciones, Morena se salió con la suya y logró reformas a las leyes generales de Instituciones y Procedimientos Electorales, y la de Partidos Políticos, para establecer la elección continua de legisladores federales. Sí, continua y sin mayor problema.

Mire usted, se dispensaron todos los trámites, no hubo siquiera dictamen previo y la minuta fue enviada al Senado de la República, cuyos integrantes podrán ser electos hasta por dos periodos consecutivos, mientras que las diputadas y los diputados al Congreso de la Unión, hasta en cuatro ocasiones seguidas, en los términos y condiciones que determine la ley.

Contrastante mesura legislativa la de Monreal con la del agandalle de Mario Delgado Carrillo que aprovechó el río revuelto, una situación de crisis para acarrear agua al molino. El prócer diría que legalmente es posible pero ética y moralmente condenable. Miedo y agandalle en tiempos del coronavirus. Cada quien con su cada cual, en el pecado –apenas acorde con el símil del Niño Fidencio—llevarán la penitencia. Conste.

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