Medicinas sin distribuidores ¿cómo?

El otro dato

Juan Chávez _________________

A la industria farmacéutica  le llevó décadas lograr las estructuras en las que se asienta, desde la producción o importación de materias primas, la producción en los laboratorios de los medicamentos y  su distribución en dos niveles, hasta hacerlas llegar al último rincón del país.

No se trata de enchílame la otra y ya. Y no importa que el gobierno de López Obrador se levante el cuello y lleve a la gloria “sus compras consolidadas” que significaron un ahorro de buena cantidad de millones de pesos.

Los laboratorios producen las medicinas para ponerlas en manos de distribuidores que cuentan con la tecnología que es menester al cuidado de la producción, bajo las temperaturas adecuadas. Estamos hablando de transportes con equipos que mantienen el clima que un medicamento exige.

En los empaques de las mismas se está advirtiendo a las consumidores consérvese  a tal temperatura y no la exponga a los rayos del sol.

Bajo tales paradigmas, no es posible aceptar la satanización a los distribuidores que han emprendido el presidente López Obrador y su subsecretario de Salud Hugo López-Gatell que en  el balero mañanero del martes volvió a mencionar que mediante el modelo de triple optimización, se compra directamente a fabricantes y dueños de los registros sanitarios, “sin intermediarios ni condicionamientos comerciales”.

El costo, subrayó, se incrementaba por el intermediario.

Pero el intermediario, en la industria de las medicinas, es una necesidad. El equipo con que cuenta es un rol estratégico y por eso las empresas distribuidoras siguen con el pandero en la mano.

Probablemente las muy calificadas se hayan retirado antes de preferir el arrinconamiento donde las autoridades de salud y el  presidente las quieren, para desaparecerlas de un chilacatazo.

Firmas como Fármacos Especializados, Dimesa o Maypo ya no participan directamente como oferentes, pero sigue habiendo distribución  y reparto de medicamentos aún bajo el testimonio presidencial de “compra consolidada”.

Para darse un quemón de lo que es la organización en la producción, distribución y reparto de medicinas, basta con meterse a internet y ver las páginas enteras que ocupa. No es posible, en un santiamén, apechugar todo  el cuadro de esa importante rama de la economía que es el detonante de la salud del pueblo.

Lo evidente es que la entrega de medicinas se está retrasando 45 días por la satanización presidencial a los distribuidores.

Mientras no se logre un buen control en el reparto no se solucionará la carencia de terapias en clínicas y hospitales; el problema es que muchas veces están en los almacenes de laboratorios y tardan mucho en llegar al paciente. Y no es para menos: son entre 2,000 y 2,500 puntos de entrega…

En la negociación del fin de semana iniciada en Gobernación y continuada por el equipo de Zoe Robledo en el IMSS, les falto hablar de ese tramo, de la distribución. Raquel Buenrostro antes de irse de la Oficialía Mayor de Hacienda al SAT, ya había comprendido el importante rol del distribuidor de fármacos.

La cuestión toral es que por muchos ahorros que se logren en el precio ofertado por el fabricante, sí en el traslado el medicamento no preserva su calidad, seguridad y eficacia, dichos costos, al final, anulan los ahorros.

Un mal manejo de terapias que deriva en el descontrol de temperatura puede significar pérdida de propiedades o de eficacia o de riesgo para el paciente. Este punto es el que no cuenta, en el papel mediático con que del presidente pa’bajo se maneja la cuestión de los medicamentos y su falta o escasez en los nosocomios del sector salud.

www.entresemana.mx

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