Maximiliano habría pedido a Austria el penacho de Moctezuma

Textos en libertad
José Antonio Aspiros Villagómez ________________

(Cuarta de cinco partes)

En la charla que habíamos preparado para alumnos del diplomado universitario de investigación sobre robos de arte en México, abundamos en lo siguiente:

“Entre 1979 y 1992 escribí 36 textos extensos sobre arqueología para la revista En Todamérica, muchos de ellos enfocados al tema del saqueo, pero también hay una amplia entrevista con el profesor Eduardo Matos, que se publicó en tres partes, sobre los 200 años de la arqueología en México (reproducida en diciembre de 2020 en estos Textos en libertad).

“Matos, por cierto, dictó en el Centro de Estudios de Historia de México Carso una conferencia sobre los museos que se han creado desde el siglo XIX para este tipo de tesoros, y también escribí al respecto. Dijo que el Museo Nacional fue creado en 1865 por Maximiliano en el sitio donde estuvo hasta 1964, en la calle de Moneda, además de que prohibió que fueran sacados del país los objetos históricos. También creó la comisión científica que hizo el primer levantamiento de la zona arqueológica de Teotihuacán, cuyas pirámides comparó su esposa Carlota con las que había conocido en Egipto.

Penacho de Moctezuma.

         (Lo que no lo dijo Matos, sino que lo escribió mucho después Cynthia Talavera Pérez (Infobae.com, 13 de febrero de 2019) fue que Maximiliano gestionó a través de su familia austriaca la devolución de “una carta de relación de Hernán Cortés al rey Carlos V, un códice y el chimalli -escudo de plumas-, (y) sólo este último regresó a México en 1866”. Por su parte, la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller dijo, con apoyo en el libro Noticias del Imperio de Fernando del Paso, que el segundo emperador de México también pidió la devolución del penacho de Moctezuma, pero se lo negaron con las mismas razones que más de cien años después aducen los austriacos: que la pieza “no estaba en condiciones de soportar un largo viaje y podría llegar deshecho”. Así lo reseñó el pasado 6 de enero la reportera Rosalía Vergara para la agencia informativa Apro).

De vuelta con los apuntes del tecleador, “Matos explicó que, mientras en América los museos buscan mostrar el pasado de sus pueblos, los europeos presentan otras historias dada su condición colonialista, y (como siempre lo hemos pensado) tendrían que cerrar sus puertas si devolvieran a sus países de origen los tesoros que exhiben.

“El conferencista no habló de saqueo, pero muchos países siguen exigiendo a los museos y bibliotecas de Europa la devolución de sus ‘dioses secuestrados’.

Maximiliano y Carlota.

“En mi libro así llamado, Los dioses secuestrados (Sedena, 1987), menciono que “los pueblos más limitados en la actualidad en términos de riqueza para su desarrollo, son los que mayor cantidad de bienes arqueológicos han acumulado en su ya larga existencia, mientras que naciones poderosas y aún prepotentes por sus recursos bélicos, tecnológicos y económicos, han llenado salas completas de sus museos con objetos provenientes del extranjero y adquiridos ilegalmente, y se aferran a ellos como de su propiedad con una fuerza mayor que cualquier demanda aislada de devolución, o aún que los acuerdos y recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)”.

“También me refiero a los más o menos 500 códices que se encuentran fuera del país, frente a sólo 140 que hay en México. Menciono los acuerdos de la Unesco que obligan a los países a devolver bienes culturales sustraídos a otros, y cómo Veracruz ha sido la puerta de salida de piezas robadas, que luego aparecen en anuncios de algunas casas de subastas.

“En general, la obra refiere de manera cronológica la historia del saqueo de bienes arqueológicos en México, desde Hernán Cortés hasta el robo al Museo Nacional de Antropología, incluida la lista de lo sustraído. Menciono casos, cito nombres de saqueadores, dificultades legales para recuperar objetos, el caso de los coleccionistas particulares que están fuera de la ley, lugares saqueados, objetos robados, el destino que tienen, opiniones y denuncias de los especialistas y las autoridades, los convenios binacionales, la falsa información del hallazgo en Estados Unidos de algunas piezas robadas al MNA, los conflictos cuando hay zonas arqueológicas en tierras particulares, los convenios con instituciones que realizan obras públicas y durante las mismas encuentran restos antiguos, y los robos a museos, anteriores al de 1985, y lo que se había hecho para inhibir los hurtos.

“¿Cómo me documenté para escribir ese librito? En la bibliografía cito un centenar de referencias, entre material bibliográfico, hemerográfico, leyes, decretos y acuerdos, comunicados oficiales e investigaciones propias, como es el caso de otras obras semejantes. Lo hice solo, sin ayuda ajena como sí lo hacen otros autores, que tienen equipos humanos -sus alumnos incluidos- que trabajan para ellos.

“Cuando escribí entre 1986-87 el libro sobre saqueo arqueológico en México, no existían facilidades de acceso a la información mediante leyes de transparencia. Tampoco había Internet ni bases de datos digitalizadas; eso llegó hasta la siguiente década y comenzó de manera incipiente.

“A última hora encontré otro libro sobre el mismo tema, Contrabando arqueológico, de Ramón Valdiosera, publicado en septiembre de 1985 por la editorial Universo y que puede estimular el interés del público sobre el tema. Este autor es partidario de que los particulares posean esos bienes que, según la ley, son de la nación.

“Para documentarme sobre el robo al Museo Nacional de Antropología (en diciembre de 1985), únicamente acudí al Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuya oficina de prensa me facilitó toda la información que necesité. Así, escribí más bien artículos que noticias, y lo que puse en Los dioses secuestrados fue una historia incompleta porque aún no se resolvía el caso.

“Pero celebro que los ladrones hayan sido unos principiantes y no unos hampones profesionales, porque entonces el tesoro recuperado casi en su totalidad, ya estaría en el extranjero: en colecciones privadas, galerías o hasta museos.”

(Concluirá. La tercera parte se tituló “Los restos de sor Juana y el caso del medallón”)

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