Madrazo  a los trabajadores

El otro dato

Juan Chávez _______________

Aparte de que el gobierno de López Obrador compró tarde y más caros más de dos mil respiradores, el coronavirus  soltó seco  madrazo a los trabajadores: en los dos meses de confinamiento 8 millones quedaron colgados con alfileres en su trabajo.

El Inegi, en encuesta telefónica que llevó a cabo, señala que casi 8  millones de trabajadores andan en busca de una ocupación adicional al quedar desvinculados de sus puestos laborales.

Gran parte de los trabajadores no están buscando activamente un empleo porque no han perdido sus ocupaciones de manera formal, pero se encuentran suspendidos sin garantía de retorno e incluso en algunos casos sin ingresos.

Las consecuencias de la prolongada pandemia empiezan a asomarse igual de dramáticas que los 220 mil 657 casos confirmados con 27 mil 121 muertes.

Inegi dio cuenta también de que 3 millones 100 mil mexicanos perdieron  su vínculo laboral en mayo, en otra negra secuela de la Covid-19 que, por otra parte, no cesa en su  empeño de esparcir el mortal virus ahora que se han abierto, aunque sea porcentualmente, los parque recreativos y los negocios pequeños y medianos, bastiones de la economía familiar.

La apertura se ha hecho bajo el semáforo naranja, aunque los contagios, en la realidad, son indicativos de que el rojo debió haberse extendido por algún tiempo todavía.

Salvar vidas no es consigna del gobierno de la cuarta transformación. La economía, como en otros países, es primordial y se ha colocado arriba de la pandemia sin que oficialmente se cuente con vacuna o medicina que contenga la letal enfermedad.

La contingencia, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, no se detiene ni se detendrá en los meses próximos.

La apertura avanza en medio de precauciones no vistas hasta ahora y que han nacido, lo más seguro, para quedarse. Tal es el caso del Centro Histórico, donde a los automovilistas se les dejó solo un carril y se privilegió, con el otro, a los peatones. Digamos, sin que parezca parábola, que el virus mortal trae de la mano la justicia social, como se puede apreciar con la preferencia, por vez primera, a los que andan a pie. Eso hace pensar que el gobierno de la Ciudad podría llegar a olvidarse de las obras suntuarias que favorecen a los automovilistas. La palabra última la tiene Claudia Sheinbaum que debe reparar en que los dineros del pueblo deben ser invertidos en su beneficio y no de aquella parte de la población que tiene para comprarse un carro e invertirle muchos pesos en gasolina para movilizarse él solo ante el volante.

Hay que pensar que los días de desprecio a los usuarios del transporte público, los “mató” también el fatal coronavirus.

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