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Las verdaderas herencias

Teresa Gil ____________

Dicen que un político que ha gobernado deja como mínimo una herencia para seis de sus generaciones. Es la única herencia auténtica que deja. Lo demás que le atribuyen no es si no resultado de una gestión que le fue pagada. Gestión que  en ocasiones suele ser  deficiente, con  precios inflados y no siempre adecuada a las necesidades vitales de una población. Los neoporfiristas que esperaban una reacción aclamadora de su propuesta para traer los restos de don Porfirio, centraron sus argumentos en “las grandes obras” que mandó hacer o impuso el dictador, en la vorágine de su inclinación por Francia. Es  su herencia, dijeron, haciendo caso omiso de una Revolución que se fraguó precisamente por la pobreza que generó ese dispendio. Soslayan esos impulsores que muchas obras que se hicieron en  las distintas épocas del siglo anterior, montadas en el modernismo, eran parte del desarrollo mundial o  colofón del industrialismo del siglo X1X que era necesario aplicar en México. No hacerlo era quedar  rezagados. Cuando se habla de vías del ferrocarril, de carreteras, de edificios suntuosos calcados de las influencias arquitectónicas de la época, etcétera, se les atribuyen a Díaz  y más tarde al priísmo alemanista o a cualquier  gobernante posterior como si hubieran hecho grandes aportes al país. Las obras las construyen trabajadores mexicanos con nuestros recursos, ¿por qué tenemos que ver reflejado en placas  el nombre de esos gobiernos?.  Aunque con cierta demagogia, en la cultura puede haber algún aporte; hay que revisar  las ediciones que promovían los priístas en épocas  lejanas. A propósito de don Porfirio, la edición sobre Ricardo  Flores Magón (Epistolario y textos, Fondo de Cultura Económica 1964),  la hizo la SEP  -ahora tan menguada-, en aquel tiempo en manos de Jaime Torres Bodet, y hubo otra edición pública en 1984  a través de  Biblioteca Joven lo que viene a cuento ahora que desde Los Pinos se invoca la rebeldía de los jóvenes. La obra reúne  los más importantes apuntes del luchador social y revolucionario,  uno de los grandes críticos del porfiriato por no decir el principal, a quien se debe en buena parte  el haber desnudado el régimen dictatorial a través de las páginas de El Demócrata, Regeneración, El hijo del Ahuizote, El nieto del Ahuizote,  entre varios. Su espíritu contestatario y su rebeldía lo llevaron nueve veces a la cárcel en la novena de las cuales fue asesinado por estrangulamiento en Leavenworth prisión de Estados Unidos, en 1922. Curiosamente, un 20 de noviembre. Leerlo es actualizar en los hechos que ahora vivimos, es ver en las palabras del viejo Porfirio lo que ahora nos recalcan y es reconocer en las palabras de Ricardo, las mismas argumentaciones que esgrime el periodismo crítico. Bueno sería que esos jóvenes a los que ahora se alude, conocieran los contenidos  magonistas y pudieran  tener ante sus ojos obras y ejemplos como éstos. Las verdaderas herencias. El historiador Manuel González Ramírez prologuista y ordenador de los textos, hace un  interesante panegírico de Flores Magón y sus luchas a la par que exhibe la decadencia del antiguo régimen. El viejo priísmo lo permitía; pero hoy,  en el priísmo que se asume joven algunos de sus miembros  proclaman en contrasentido la reinstalación de don Porfirio. Han olvidado las últimas palabras de Flores Magón como epílogo de sus luchas: “He perdido todo, menos una cosa y esa cosa es mi honra de luchador; cuando muera, no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas”.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

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