Les Miserables, de Ladj Ly

Gillian Turner _________________

Recuerden queridos amigos; no hay malas hierbas ni malos hombres. Solo hay malos cultivadores.

Sabias palabras de Victor Hugo.

Les Miserables, de Ladj Ly, tiene nada que ver con la novela de Victor Hugo, ni con la comedia musical basada en esa novela, excepto que está filmada en Montfermeil, donde Victor Hugo ubicó la posada de los Thenardier en su novela. Montfermeil hoy es un barrio rudo, con una gran población inmigrante originaria del Magreb y de otras partes de África, musulmanes en su mayoría. En este barrio creció Ladj Ly, nacido en Mali, 1978. Les Miserables es su primer largo metraje. Ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes, 2019. En 2017 hizo un corto con el mismo título, sobre el mismo barrio, basado en los violentos disturbios y revueltas de 2005.

La película inicia con la victoria francesa contra Croacia (4-2) en la Copa Mundial de Futbol, 2018. Francia está unida, eufórica, todo el mundo en la calle, las diferencias entre raza, color, credo, todas olvidadas.

Un evento menor enciende la mecha: Issa, un chico travieso ya conocido por la policía roba un cachorro de león de un circo itinerante.

Stéphane, policía recién llegado de Cherbourg, se acaba de incorporar a una patrulla anti-crimen. Sus colegas son Chris, el líder, un tipo prepotente, fascista, que vacila entre camaradería con los pequeños delincuentes del barrio, y acoso a los más vulnerables; y el negro Gwada, que hace lo que puede para controlar a Chris, pero a quien le gana el estrés. Lo que ve Stéphane es una situación mal llevada, a punto de estallar.

El trío de policías encuentran a Issa, lo persiguen, lo agarran, le amarran las manos en la espalda. Al hacerlo tienen que enfrentarse con la cólera de los compañeros de Issa que les tiran todo tipo de objeto. Gwada pierde los estribos y dispara su pistola de salva. Hiere a Issa en la cara. Lo peor de todo para los policías es que otro chico del barrio, Buzz, ha filmado todo, tanto la persecución como el disparo de Gwada, con su “dron”. Mientras Chris y Gwada entran en pánico tratando de apoderarse del video, Stéphane lleve al chico herido a una farmacia para curar la herida.

Finalmente el dueño del circo recupera su cachorro, dándole una lección terrible al pobre Issa. Stéphane se queda con el video delatador.

¿E Issa? Herido, aterrorizado, humillado, el odio y la ira se apoderan de él. Se estalla la violencia colectiva. Bombas caseras, cocteles molotov, proyectiles de todo tipo. Los tres policías reciben toda la carga de la furia de los habitantes de este barrio marginado y olvidado.

¿El final? Como todos los buenos finales, es abierto, aunque sí, en esta instancia hace que la película pierde algo de fuerza.

Aquí no hay buenos ni malos. Los policías son violentos, abusivos, dispuestos a todo. Los del barrio, marginados y sin oportunidades en la vida, son violentos, delincuentes, dispuestos a todo. Irónicamente el que sale mejor es el líder local de la comunidad musulmana, quien se muestra conciliador, con ganas de mantener la paz.

Se dice que cuando Emannuel Macron vio la película salió molesto, conmocionado. Es una llamada a la atención. Ojalá y le sirva de algo.

Es verdad. No hay malas hierbas ni malos hombres. Solo hay malos cultivadores.

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