Lazos entrañables en la historia de Cuba y Angola

María Julia Mayoral * _______________

Luanda (Prensa Latina).-  Cuba y Angola celebran 45 años de relaciones diplomáticas, marcadas por el ejercicio genuino de la solidaridad internacional, opina el doctor en Ciencias Históricas Oscar Oramas, quien fuera el primer embajador aquí de esa nación caribeña.

El 15 de noviembre de 1975, a solo cuatro días de la proclamación de la Independencia por António Agostinho Neto, ambos Estados rubricaron el establecimiento oficial de los nexos bilaterales.

En ocasión de la efeméride, Prensa Latina conversó por vía electrónica con Oramas, cuyas apreciaciones atestiguan «la amistad entrañable entre dos naciones hermanas», opinó el también fundador de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (Ospaaal).

Como dijera el Comandante en Jefe Fidel Castro, la ayuda a los angoleños fue en primer lugar por un principio revolucionario y, en segundo lugar, porque nuestro pueblo es latino-africano, dijo el entrevistado, en alusión a los millones de habitantes este continente trasladados a isla caribeña como esclavos en la época colonial.

La solicitud de cooperación, formulada en reiteradas ocasiones por Agostinho Neto, denotó la clara comprensión del líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) sobre los peligros en ascenso debido al asedio de poderosos enemigos externos, sopesó.

Cuando la independencia estaba próxima, abundó, el mismo imperialismo que había apoyado al colonialismo portugués, envió fuerzas regulares de algunos países africanos aliados, así como a mercenarios blancos y fuerzas sudafricanas.

Eso sucedió mucho antes de que llegaran los primeros instructores cubanos a tierra angoleña en octubre de 1975; fue el 5 de noviembre de ese año, cuando el gobierno de Cuba, en apoyo al MPLA, decidió enviar la primera unidad militar, explicó el analista.

«La situación era compleja; el enemigo contaba con medios y fuerzas superiores en diferentes frentes y el ejército popular de Angola todavía no era una institución consolidada, provenía de un movimiento guerrillero que no estaba familiarizado con el empleo de técnicas militares modernas», señaló Oramas.

En aquellas circunstancias, indicó, se hizo necesaria la ayuda de los combatientes cubanos para repeler la agresión y contribuir al mantenimiento de las fronteras heredadas de la dominación colonial.

Inmediatamente Cuba comenzó a cooperar, además, en la formación del Estado, difícil tarea, pues era preciso construir un aparato capaz de enfrentar las ingentes tareas de un país invadido, recién llegado a la Independencia, el 11 de noviembre de 1975, y con su infraestructura prácticamente colapsada, apreció el historiador.

Otro vínculo ejemplar, opinó, fue el despliegue de una inédita campaña de alfabetización; tras aquel primer esfuerzo cultural, miles de jóvenes fueron a estudiar a Cuba para «constituir una masa crítica capaz de afrontar luego las labores de reconstrucción y construcción de una Angola nueva».

Centenares de funcionarios, que hoy en día desempeñan importantes funciones, cursaron sus estudios en universidades y escuelas técnicas cubanas, apreció el académico.

RECORDACIÓN A NETO

El MPLA, Neto y el pueblo angoleño escenificaron una de las páginas más gloriosas del proceso independentista de África austral, junto a las tropas internacionalistas de Cuba, juzgó el experto, quien fungió, además, como representante de su país ante la Organización de las Naciones Unidas (1984-1990).

Líder revolucionario y estadista de talla mundial, Neto sobresalió por su claridad política y firmeza revolucionaria; cuando la artillería de los sudafricanos abrió fuego sobre los alrededores de Luanda, él se mantuvo ecuánime, convencido de la justeza de la causa y seguro de la victoria, ejemplificó el entrevistado.

A juicio de Oramas, las relaciones de Fidel y Neto fueron excepcionales, «había una comunicación muy fluida entre ellos; la cooperación con el MPLA y el naciente gobierno de Angola partía de ese diálogo franco e intenso, que cimentó una entrañable amistad entre ambos dirigentes».

Frente a la agresión imperialista, de los mercenarios blancos y de los racistas sudafricanos, el líder del MPLA no vaciló en solicitar el apoyo internacional.

No solo recibió la respuesta positiva de Cuba; combatientes de Guinea y de Guinea Bissau, bajo la conducción del presidente Luis Cabral, apoyaron a los angoleños, mientras la Unión Soviética envió importantes cantidades de armas, recalcó Oramas.

También debemos valorar en su justa medida, indicó, la contribución del Congo Brazzaville para que nosotros pudiéramos ayudar a Angola, y rememorar igualmente, de manera especial, el inestimable apoyo ofrecido por el presidente guineano Ahmed Sékou Touré.

Sékou Touré, estimó, fue capaz de parar los vuelos internacionales a su país con tal de que el combustible que tenían fuese utilizado por los aviones cubanos para el transporte de tropas hacia Angola.

UN ALTÍSIMO HONOR

Para mí, respondió, constituyó un altísimo honor que el Comandante en Jefe Fidel Castro me designara como el primer embajador de Cuba en Angola.

Fui el primer diplomático en llegar a Luanda en 1975, pero se decidió que el embajador del Congo Brazzaville, Benjamín Bounkulou, entregara primero sus cartas credenciales por el simbolismo que entrañaba para el continente africano, explicó.

La ceremonia de acreditación de Oramas fue «un momento de muchas emociones»; en aquella modesta reunión estaban algunos viejos amigos, a quienes había conocido en los años 1960.

Entre ellos, relató, estaban Luís de Almeida, quien había sido el representante del MPLA en Argelia, la Meca para los movimientos africanos de liberación nacional en aquella época, y Paulo Teixeira Jorge, que luego fue miembro del Buró Político del MPLA y ministro de Relaciones Exteriores de Angola.

Alejado de los rigores del protocolo, el acto resultó peculiar; «muy propio del encuentro entre revolucionarios de vieja data».

Recordamos, afirmó, muchos momentos en los que habíamos estado juntos, en actividades del Movimiento de los No Alineados, trabajando primero para el reconocimiento del MPLA como el único movimiento de liberación de Angola y después en otras gestiones para fortalecer su papel en la arena internacional.

EL RESPETO AL OTRO

La diplomacia de la Revolución Cubana, contestó, siempre ha estado basada en el respeto al otro. «Nosotros no colaboramos con nadie para dictarle las pautas que debe seguir».

Las relaciones entre Cuba y Angola, opinó, reflejan el tipo de vínculos que debería primar no solo entre los países del Tercer Mundo, sino a escala global, por su naturaleza solidaria y el respeto mutuo a la soberanía y la autodeterminación.

Defendemos, apuntó, el ejercicio genuino de la solidaridad internacional, que permita a los pueblos generar por sí mismos las condiciones propias para enrumbarse por los caminos del desarrollo económico y social y hacia la liberación social.

Una de las grandes lecciones de la actual pandemia de la Covid-19, juzgó, radica en el valor de la solidaridad como norma que debería regir las relaciones internacionales; «necesitamos, sintetizó, de la cooperación para salvarnos todos y no solo una parte de la humanidad».

*Corresponsal de Prensa Latina en Angola.

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