La vida como es…

La vida como es...

Octavio Raziel ___________

Inteligencia

“Dos cosas son infinitas:

El universo y la estupidez humana;

y yo no estoy seguro sobre el universo.”

Einstein

En un debate, en los años 30, en el que participaba el poeta y literato Miguel de Unamuno, uno de los baturros que integraban los camisas azules de la falange (derechistas) gritó: “viva la muerte”, a lo que añadió el general franquista Millán: “muera la inteligencia”. El vate español, ante el poderío de los militares terminó la discusión expresando: venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis.

Una de las consecuencias de esa disputa fue la persecución contra los intelectuales durante la guerra civil española que trajo consigo la muerte, entre otras, del bardo Federico García Lorca.

La inteligencia, en ocasiones, se confunde con la psicopatía política. En el primer caso, los que la poseen, sobresalen por su brillantez en muchas de las artes y ciencias, en tanto que en el segundo, generalmente está en personas que sobresalen en la política o las finanzas; aman el poder y usan a sus congéneres para su beneficio sin importar dañar, incluso matar, a quienes les rodeen. Dos parejas ejemplo han sido el ex presidente George W. Bush, que no tiene la inteligencia pero se asoció con Condoleezza, la psicópata de poder o Vicente Fox, que sin materia gris, está acompañado por la demencial Martita.

Cuando se descubrió que la inteligencia era, en gran medida, un rasgo congénito, no faltaron los que protestaron, especialmente los profesores que pensaban: “la educación te hará libre (e inteligente)”. Definitivamente, es la vida familiar en la que al individuo le tocó vivir la que incide directamente en su proceso intelectual.

Hay una corriente de estudiosos que piensan que las emociones y no el coeficiente intelectual pueden ser la base de la inteligencia humana; así, ha aparecido la denominada inteligencia emocional, que intenta entender cómo se complementan el coeficiente intelectual con el factor emocional; cómo la capacidad de una persona para controlar la tensión afecta a la capacidad de concentrarse y usar la razón. El maestro de la Universidad Nacional, doctor Jorge Molina Avilés, señala está también la teoría de las inteligencias múltiples, la que nos lleva a evitar el rasero único, pues el poeta, matemático, programador o el músico muestran diferentes tipos de talento. Las emociones y no sólo el coeficiente intelectual pueden ser la base de la inteligencia humana. Debemos comprender, añaden otros expertos, además los sentimientos, eso que se dio por llamar la formación del carácter.

Una de las supercherías culturales que prevaleció hasta hace poco suponía la primacía intelectual del hombre sobre la mujer, asunto que ha quedado ya deslindado.

Además, durante el gobierno nazi aparecieron teorías eugenésicas que sustentaron sus postulados de superioridad de la raza aria y justificaron el genocidio de judíos, gitanos y otras etnias consideradas inferiores, así como de los débiles mentales y homosexuales.

La medición de inteligencia se obtiene por el porcentaje alcanzado en equis número de pruebas que hacen los psicólogos especializados en este menester; sin embargo, hay sinnúmero de factores que inciden para alcanzar los números en el IQ. Se considera superdotado a todo aquel cuyo coeficiente intelectual es superior a los 130 puntos. Qué tan cierta o no es esta medición, es algo que muchos ponen en tela de duda.

Hace muy poco, la niña Elise Tan-Roberts, de tan sólo dos años y diez meses, registró un C.I. de 152, el mismo que el físico Stephen Hawking; mientras que Marilyn von Savant, conserva el récord máximo de 228 puntos. Hypatia -matemática, astrónoma, inventora, filósofa, etc.- mi heroína, nacida en 370 de nuestra era, alcanzó un factor intelectual estimado en 183 puntos.

Ha habido miles de superdotados. Sobresalen, con más de 150 puntos, Sharon Stone (actriz) con 152 puntos, Albert Einstein, 160, Galileo Galilei, 165, Leonardo Da Vinci, 179, María Curie, Mozart y Charles Darwin con 153, y Goethe, 179.

Hay petardos que se consideran inteligentes por su astucia para hacer dinero; sin embargo, otorgándoles el beneficio de la duda, sabemos que pueden, cuando mucho, resolver crucigramas. Otros, ocupan puestos en la fábrica de papá y manejan lujosos autos acompañados por hermosas mujeres, sin que llegue su C.I. a los 80 puntos; puntaje que, por otra parte, les importa un bledo.

En un encuentro entre el escritor Bernard Shaw y una bellísima chica, ésta le propuso al viejo irlandés tener un hijo con él. “Imagine –dijo- mi belleza con su inteligencia” a lo que respondió el premio nobel: y si fuera lo contrario, mi fealdad y su estupidez. Hay, en algunos lugares del mundo, bancos de esperma de hombres superdotados que portan toda la herencia genética de primera. Se vende a mujeres que desean mejorar el nivel IQ de su estirpe.

 “Per natura non da, Salamanca non presta” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no te lo presta) dice la leyenda en el frontispicio de la universidad salamanquina, recordándoles a quienes tienen un C.I. menor de 80, que la materia que no se les dificultará en la universidad de la vida será el recreo y la que reprobarán, seguramente, será la gris.

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