La vida como es…

La vida como es...

Octavio Raziel _________

Población

Hace poco veía cómo vomitaba el Metro a miles y miles de personas, mientras que otras tantas intentaban ganar un lugar en el autobús colectivo. Volteé hacia el otro lado y la fila para obtener un lugar para la presentación de uno de los desconocidos artistas modernos era inmensa.

¿Adónde iremos a parar con tanta gente? Decía una humilde mujer a la que se le habían ido dos microbuses pues no cupo en ellos con su chamaco y la bolsa del mandado.

Saqué mi IPod y comencé a rescatar de su memoria números y más números sobre el mundo que dejaremos a las nuevas generaciones.

Viejos eran los anhelos del Distrito Federal que aspiraba a tener sus primeros cinco millones de habitantes; las abuelas decían: Vamos a México, aunque vivieran en la Villa de Guadalupe o San Pedro de los pinos. De pronto, de los honrosos cinco millones pasaron a los horrorosos veinte millones. En tanto que el  mundo crecía –de 1950 al 2000- más del 130 por ciento.

En lo que va del 2015, la población mundial alcanzó los 7,318 millones; esto es, del 1 de enero a la fecha, han nacido 87 millones y, afortunadamente, han muerto 35 millones. Cincuenta  millones –como la 6.20- llegaron para quedarse.

Los gobiernos del mundo, según sus capacidades, hacen lo imposible por disminuir la mortalidad infantil. La UNICEF, por ejemplo, considera como “progreso histórico” el hecho de que “el número de niños que mueren con menos de cinco años ha caído por debajo de los diez millones”; y África anuncia que, gracias a las campañas de vacunación, se ha logrado reducir la muerte de infantes en un 75%.

Por el contrario, nuestro país, con el apoyo de los vecinos estadunidenses, ha logrado disminuir del 6.1 al 1.9 el porcentaje de nacimientos y el promedio de vida ha aumentado considerablemente, lo que nos ha convertido en una nación con cada vez menos niños pero con más viejos.

De los 35 millones de personas que han muerto en el mundo en lo que va del año, 13 millones han sido por males cardiovasculares, mientras que por cuestiones de guerra sólo 135 mil, lo cual nos lleva a la conclusión de que es preferible vivir en un país en guerra que morir por stress en una ciudad en paz.

El quid que más preocupa es la misma pregunta de la mujer: ¿A dónde iremos a parar con tanta gente?

En ese instante, salido de la nada, San Compadre se hizo presente.

-¿Te acuerdas cuando una buena guerra o una epidemia eran una poda sensacional para la población mundial? La revolución mexicana costó más de dos millones de muertos y representó la pérdida de una generación completa- dijo San Compadre.

-¿Y la vacuna contra la influenza? Se ha dicho que servirá para –en un plazo de 10 a 15 años- enfermar y matar a buen número adolecentes.

-¿Cuántos te gustan que mueran en el 2020 por culpa de la vacuna? ¿Veinte? ¿Cincuenta millones? Un rasguño demográfico, cuando la tierra cargará con más de 7,800 millones de habitantes. Así, el argumento de las vacunas no es válido. ¿Cuál método podría ayudar para hacer más habitable nuestro planeta? El Ébola, el SIDA y otros virus que se dice se les han escapado a los gringos de sus laboratorios, no son solución.

Se propuso en alguna ocasión llevar a cabo una guerra nuclear focalizada. En Europa, por ejemplo. Obviamente los europeos (460 millones) dijeron: y por qué no en los Estados Unidos (305); los chinos (1,324) replicaron que sería bueno llevar a cabo ese conflicto a la India, donde sobran muchos habitantes (1,150) y por qué no, a Indonesia (249)

Para hacer habitable otra vez al planeta azul, deberíamos regresar a los años ’20s, esto es, a principios del siglo pasado, cuando eran unos 2,200 millones de seres que bailaban charlestón; Eliot Ness y Al Capone contribuían con su cuota al control demográfico. Había terminado la Gran Guerra, acompañada de la peste española, que diezmó al mundo.

-¿Y una guerra química o bacteriológica controlada?

-¿Contra quién? Recuerda que debemos deshacernos de unos 4,500 millones de humanos para lograr el equilibrio hombre-naturaleza. Claro que podríamos pedirles asesoría a los mayas, cuya población creció a ritmo vertiginoso durante 1,200 años, llegando a concentrar en sus ciudades hasta dos mil habitantes por kilómetro cuadrado y en las zonas rurales unos 400. De pronto, el desastre demográfico, el silencio de una cultura que había logrado una total armonía con su entorno. Reflexionó San Compadre.

Por cierto, la profecía del año 2012 en que iba a hacer una buena depuración les falló y seguiremos creciendo hasta el infinito. Aunque la relación producción alimentaria y consumidora ha sido rota hace un buen rato.

¿Qué proyectarán en las llamadas élites de poder sobre el futuro de la humanidad? Sólo ellos lo saben.

Mientras, escuchan como grita la plebe: «Somos un chingo y seremos más».

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