La leyenda del conejo

Las plumas de Quetzalcóatl
Guillermo Morán Romo _____________

AMIGOS, va otra de nuestra deidad preferida, Quetzalcóatl… inquieto que era el chamaco…

Hablamos en la entrega anterior de su experiencia como sustituto de Santa Claus o Papá Noel repartiendo regalos y juguetes en México en la navidad de 1930 gracias a la “generosidad” de nuestro presidente Pascual Ortiz Rubio, que le permitió al Dios Azteca ser el símbolo de la Natividad…

Ahora les cuento que aprovechando sus dones y atributos como Dios que era de los Aztecas y haciendo gala de su benevolencia y agradecimiento, decidió inmortalizar a un animalito, un conejo para ser precisos.

Va la narración…

En una de esas ocasiones en que el Dios Quetzalcóatl se disfrazó de hombre y se dispuso a caminar por el mundo, anduvo sin parar durante el día, y por la noche se sentó junto a un árbol, hambriento y cansado, cuando las estrellas iluminaban el firmamento.

A su lado se encontraba un pequeño conejo, que por azahares del destino llegó junto a él y que se encontraba comiendo zacate. El conejo le ofreció compartir su alimento viendo el hambre de la Deidad.

Quetzalcóatl le dijo que él no comía zacate y el conejo sin pensarlo dos veces, ofreció su cuerpo para que le sirviese de alimento.

La Deidad, sorprendida por la inmensa generosidad del animal, quiso agradecerle el gesto.

Conejito, le dijo, aunque sólo seas un pequeño animal, por tu gran ofrenda todo el mundo se acordará de ti y acto seguido lo levantó muy alto, hasta la Luna, donde su silueta quedó grabada para siempre. (La Tierra de los Aztecas).

Pasen felices la fiesta de fin de año y año nuevo…

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