La 4T entre la Biblia y el Evangelio

Pulso

Eduardo Meraz ______________

El juarismo de la cuarta transformación se debate sobre qué camino tomar: la “Biblia” o el “Evangelio” de los hermanos López Obrador, Pío y Andrés Manuel; la primera, se puede considerar como la etapa de recolección de dinero entre los pobres para el movimiento y, el segundo, la devolución -recompensa- de esos recursos, con el dinero de todos los que pagamos tributo y no únicamente de quienes integran esa cofradía.

Las alusiones religiosas tienen como propósito “santificar” las limosnas recibidas y “purificar” las dádivas que se otorgan a los grupos más vulnerables, sobre todo porque no existen cuentas claras de cómo se reparten. En otras palabras, el movimiento trata de “expiar” sus culpas, a cambio de obtener el respaldo electoral que necesita.

La pugna entre el antiguo y el nuevo testamento que enfrentan el primer mandatario y su hermano está marcando el destino de Morena y del gobierno actual, cuya moralidad pone en entredicho el clamoreo presidencial de combatir la corrupción, que a la luz de los recientes videos parece insuficiente para desmantelarla.

Desde que asumió la jefatura del entonces Distrito Federal, algunos de sus apóstoles más cercanos han dejado testimonio de su proclividad por conseguir monedas de oro -dólares o su equivalente en moneda nacional-, ya sea en sobres y bolsas de papel estraza -para no perder humildad- o portafolios, claro sin decir abiertamente quién sería el beneficiario final.

Así, ante el milagro de la multiplicación y duración de las aportaciones, que le permitieron vivir durante 18 años sin trabajar, la incorporación de sus programas sociales a la Constitución, López Obrador -el bueno- debería mandar una iniciativa o bien por decreto que dé forma al Instituto Nacional para Devolverle al Pueblo lo Cooperado, para ser congruente entre los dichos y los hechos.

La técnica de la coperacha adquirió carta de naturalización entre el morenismo, ya que desde que obtuvo su registro y ocupó posiciones en el poder legislativo o ayuntamientos, quienes alcanzaban estos cargos tenían que entregar un porcentaje de sus emolumentos para apoyar el movimiento.

Hoy que están al frente del gobierno federal, los servidores públicos tienen que, voluntariamente, aportar su diezmo, hasta el 25 por ciento de su salario, se dice, para la lucha contra el Covid-19, sin que se diga quién va a manejar y rendir cuentas de esas cuotas.

Latiguear y correr a los mercaderes de la política del templo sagrado de la 4T, para ser creíble debe empezar por casa. Sin embargo, parece que tomar esta medida no tiene sustento en ninguno de los versículos y mucho menos en el ánimo de Andrés Manuel, que tampoco se siente vengador ni justiciero.

Los casos de Emilio Lozoya y García Luna, de los que tanto se vanagloria el ejecutivo federal, son momentos estelares, muestran como su principal interés está en la justicia popular y no en la legalidad.

Aun cuando en la biblia se fustigaba a los fariseos, por su carácter sectario, en la actualidad, la 4T se aproxima al fariseísmo al considerar que lo único válido es su propia justicia, sobre todo cuando el jefe del ejecutivo asume una postura de suficiencia moralista e intolerante respecto a las opiniones y los comportamientos de los demás.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero afirmó que las órdenes de aprehensión que la Fiscalía General de la República (FGR) obtuvo contra Emilio Lozoya, ex director de Petróleos Mexicano (Pemex), se lograron porque “prevaleció el Estado de derecho y no por una cacería de brujas”.

eduzarem@gmail.com

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