Jinetes del Apocalipsis

Megalópolis

Adán Juárez __________________

A VER A VER… Andrés Manuel López Obrador, desde joven fue inoculado por el virus del marxismo en su tierra natal Tabasco; después ese virus creció y se fortaleció en su paso por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM), donde por cierto mostró tener serios problemas de comprensión sobre las materias que cursó, lo cual ocasionó que tardara catorce años en titularse. O sea, no sólo es dogmático sino cabeza dura.

Según el clásico, si un joven a los 18 años no es marxista es un estúpido, pero si a los 30 sigue con esa ideología es doblemente estúpido. Entonces, ¿En qué nivel se encuentra quien rebasa los 60 años? Preguntara usted.

Les platico. Resulta que en Palacio Nacional, orgullo de los mexicanos por su historia y arquitectura, integrantes de la secta Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, con el aval de Andrés Manuel rezan y mal interpretan los valores bíblicos. El actual dirigente de la Confraternice,  Arturo Farela Gutiérrez se ha convertido en su Gurú favorito ¿Esto qué tiene que ver con el juarismo? Preguntara usted.

Si bien pudiera ser una inocentada esa práctica religiosa, pero qué habría pensado “el pueblo bueno” si Vicente Fox o Felipe Calderón acepta que sacerdotes católicos oficiaran misas en Los Pinos y se tira a la basura al Estado laico? Preguntara usted.

Cualquier fundamentalismo religioso, político o ambos al mismo tiempo, cuando es impuesto desde el poder público provoca las peores injusticias y hasta los genocidios más espantosos que registra la historia, decía Ludwig von Mises, padre de la economía moderna.

Alberto Barranco Echeverría, embajador de México en El Vaticano, al respecto advierte: En México hay una descomposición moral muy fuerte y lo que se busca es que realmente se recobre ese sentido de lo que es la responsabilidad de los derechos mínimos de la gente.

Andrés Manuel, según parece, desde su visión marxista mezclada con la  evangélica,  está  convencido que su proyecto de la “cuatroté” sólo será  posible implantarlo sobre las ruinas de lo que llama  neoliberalismo.

Bajo esa óptica, la pandemia del coronavirus contribuye a ese propósito: destruir para luego construir.

La prohibición a hospitales privados en los exámenes médicos, según se ve, no es sólo para ocultar las cifras de los contagiados sino para impulsar la propagación del virus maligno, dice el doctor José Narro.

La secta evangélica ha convencido al Presidente López Obrador que la pandemia es un castigo divino, a cuyos pecadores les espera la hoguera.

Y traen a los pasillos de Palacio Nacional los fantasmas de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Sì, esos jinetes que según La Biblia, generan plagas a toda la humanidad.

Veamos. La interpretación de lo que cada jinete representa es la siguiente (Prévost 2001: 38; Vanni, 1982: 53-54): Caballo rojo, representa la guerra; caballo negro, la hambruna, la pobreza; caballo verde o amarillo, la muerte o la enfermedad; caballo blanco, para algunos la muerte, por el hecho de que vence siempre, pero para otros por que porta una corona​ y que los cristianos no creen que la muerte sea invencible, representaría más bien a Cristo o a un jinete en su representación.

Aunque los evangélicos en sì rechazan las imágenes de santos o vírgenes, como sì los aceptan los católicos, Andrés Manuel en una reciente mañanera se atrevió a mostrar una estampita con la leyenda “Detente enemigo, que el Sagrado Corazón está conmigo”. Esta ocurrencia, por decir lo menos, fue interpretada por los católicos como un insulto o una burla a su creencia.

Andrés Manuel, como evangélico no cree en ninguna imagen pero si las usa con fines propagandísticos, como a la Virgen Morena.

Tal vez no dejaría de ser un hecho anecdótico si solo fuera un ciudadano común, pero es el Presidente de México y tiene en las manos todo el poder  para construir o destruir, dice Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex.

Más allá de creer o no en Los Cuatro Apocalipsis, sì se vislumbra un futuro de sangre, sudor y lágrimas para la mayoría de los mexicanos, provocado por las pésimas políticas del gobierno de Andrés Manuel, situación que  se agravará con la pandemia.

Mientras en Estados Unidos- nuestro principal socio comercial- la FED redujo la tasa interbancaria a cero; bajó y condonó tributos a empresas y particulares para fortalecer la economía de la Nación, en México se hacen las cosas al revés.

La mayoría de las empresas mexicanas y extranjeras, desde antes de la llegada del Coronavirus ya estaban cerrando sus cortinas por los altos tributos, inseguridad y persecución de la cuatroté a todo lo que huela a sector privado.

Y desde luego las cifras del desempleo han ido a la alza y con esta pandemia, mucho peor. Los números que maneja la Coparmex, son alarmantes: la mayoría de pequeñas y medianas quebrarán y un millón de empleos se perderán en un par de meses.

Sí a esas cifras añadimos todos los millones que viven en la informalidad, es decir “al día”, ahora sí quemarán Palacio Nacional y todo lo que sea   cuatroté. Ojo.

Veremos a hordas de zombis hambrientas saqueando comercios- ya empezaron-, a casas-domicilios; asaltando a personas, familias…mientras que otros lloraran a sus muertos víctimas de un gobierno torpe, criminal, fundamentalista que cree tener la verdad absoluta. Vaya, vaya, vaya.

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