Inflexiones desde el insomnio

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Tlatelolco y el sismo del 85

José María Arellano Mora ___________

Con la tendencia “retro” me tope con el capítulo piloto de la serie de televisión estadounidense de los 60s: “El túnel del tiempo”. Cuantas veces quisiéramos viajar en el tiempo, en una máquina o introducirnos en un túnel –como en la serie- para incursionar en un acontecimiento específico. Con la idea de ver y, ¿por qué no?, cambiar la historia. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 1985, para alertar del siniestro a los residentes del Nuevo León para salvar sus vidas, eso sí, con la naturaleza no se podría. Regresar a esta época, correr y constatar si en verdad hubo un cambio de la historia. Entonces el 30 aniversario se recordaría de otra forma…

Parecerá una inmediatez perversa pero el sismo afectó en toda la Ciudad de México, en algunas zonas más que otras pero todo se enfoca en Tlatelolco y no es así. Es cierto, se cayó parcialmente el edificio Nuevo León, los edificios que se derribaron posteriormente fue porque era más económico hacerlo así que reconstruirlos, además ya no había dinero.

Quién recuerda a las costureras fallecidas en ese taller donde eran explotadas laboralmente, incluso hay zonas donde actualmente a los inquilinos de algunos inmuebles no se les ha resuelto el problema de vivienda.

Todos o casi la mayoría de los testimonios se enfoca en experiencias… de correr, de ver caer un edificio, de estar atrapado entre escombros, de haber perdido a seres queridos o amistades, de haberse salvado. No niego esas experiencias, pero la gran mayoría que vivió muy de cerca y de manera trágica prefiere olvidar o no mencionar y no por el afán consciente de “perder la memoria” –como ahora pregonan como muletilla algunos medios y periodistas. En este caso la “desmemoria” es por evitar el sufrimiento pero para cuando se desea encontrar a los culpables o denunciar a quienes se aprovecharon del dolor y sacaron beneficio individual e incluso actualmente viven de esa bandera, es mejor aplicar la “desmemoria” por seguridad a su integridad física.

Entonces, ¿qué hacer?

Analizar el por qué alcanzó dicha magnitud el desastre provocado por los sismos del 19 y 20 de septiembre, proponer y sugerir se hagan estudios -con la frecuencia determinada por arquitectos, ingenieros o profesionales afines- de los inmuebles de la Ciudad de México. Solicitar un diagnóstico de los inmuebles. Implementar un programa de prevención. Fortalecer y enriquecer un plan de Protección Civil.

Porque de nada sirve poner alarmas que avisen en segundos de un sismo ¿Qué se puede hacer en ese cortísimo lapso? Sólo provocará más pánico. En el caso de la Unidad Tlatelolco, se deberá sortear varias puertas por edificio, la principal y secundaria, en algunos departamentos; 2 puertas más, de la entrada y reja. En algunos departamentos se tendrán que abrir 3 chapas o más. Las personas de la tercera edad entrarían en desesperación de no poder salir a prisa. Estando en el exterior del edificio ¿Qué zonas son seguras? ¿Dónde se debe concentrarse? No se han indicado.

De nada sirve viajar al pasado –si fuera posible- para corregir o cambiar la historia. Debemos ver el pasado para prevenir en el presente y evitar un futuro tormentoso.

Es necesario cambiar la mentalidad ante ese tipo de fenómenos naturales. Debido a que por más simulacros se hagan en el mismísimo siniestro la mayoría de las personas se olvidan de las indicaciones y corren horrorizados sin cuidar la seguridad de los demás y de sí mismos.

Cada año recordaremos el suceso, con dolor y nostalgia. Pero no para quedarnos en esa fecha: “19 de septiembre”. Ese día es para recordar y seguir adelante.

Esto pasó y pasa en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.

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