Inflexiones desde el insomnio

Tlatelolco.
Tlatelolco.

Una “mosca panteonera” ___________

José María Arellano Mora

Despierto repentinamente por causa del zumbido molesto de una mosca, al incorporarme en la orilla de la cama, siento fuertes ganas de ir al baño. En el camino, revoloteaban moscas –no le doy mucha importancia.

En la sala, me tomo un breve descanso para acabar de despertarme, veo varias moscas en la mesita donde habitualmente tengo mi cenicero. No es común –reflexiono.

Preparándome mi café despertador, veo, el techo forrado de los mismos insectos voladores. Tal vez haya algo cerca o dentro del departamento en descomposición, voy a revisar y limpiar todo porqué de no hacerlo esto será una gran calamidad –medito.

Pediré mis vacaciones para pintar el departamento, ojalá así erradique esta plaga.

Me paso toda una tarde revisando para encontrar la causa de este mosquerío, sin resultados. Tiro varias cosas caducas del “refri”. Embolso cada objeto que, a mí parecer, tienen posibilidad de anidar dípteros.

Entre fines de semana, y algunas horas entre semana, después de trabajar acabe de pintar la casa. Veo con gran satisfacción que las moscas han desaparecido, claro no falta alguna rebelde que de vez en cuando aparece –como que se transmiten la información entre generaciones para hacerse presentes, al menos en mi vivienda.

Y así, tranquilamente en está noche del viernes, sin proponérmelo, me quedo dormido en el sitio preferido del sillón…

-“¿De dónde viene ese olor tan desagradable?” –algunos vecinos asustados se preguntaban.

-“¿Quién sabe? ¿No será del vecino de arriba?

-“Hay que avisar a la policía o a quién corresponda para saber…

Después de unos días, supieron de dónde provenía el olor fétido.

Llegaron vecinos, representantes de la ley y protección civil para abrir el departamento…

Su mayor sorpresa fue encontrar a un señor de la tercera edad sin vida, sentado en el sillón de la sala cuyo cuerpo se encontraba totalmente tapizado de chinches y solitariamente una “mosca panteonera” revoloteaba cerca de la cabeza del cadáver.

Esto pasó y pasa en la Ciudad de México y también en Tlatelolco.  

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