Hay más balazos, que abrazos

Perfiles Políticos

 Francisco J. Siller _________________

 El primer año de este gobierno cerró con 32 mil 565 homicidios dolosos. 2019 se posicionó como el año más violento en los inicios de los gobiernos del PRI y el PAN. Hoy es tiempo de revisar las estrategias que se aplicarán en el segundo periodo López Obradorista. Queremos ver resultados, lo esperamos todos los mexicanos.

Hasta ahora la contención de la criminalidad se ha enfocado a buscar la integración familiar, a los jóvenes con becas y trabajos de aprendices en empresas e industrias, con apoyos económicos. Son planes que seguramente rendirán frutos a largo plazo, ¿Pero que pasará el próximo mes, o en seis meses?

Necesitamos un urgente cambio de rumbo. Podemos coincidir con algunos conceptos del actual gobierno sobre la llamada “guerra contra el narco”. El concepto que en su momento tendría alguna justificación fue errado en muchos aspectos, porque desató una violencia inusitada.

En este mes de enero no pasa un día sin que los medios de comunicación informen de enfrentamientos y ataques con saldos fatales. Como ciudadanos nos vamos enterando que la violencia esta cada vez más cerca de nuestras familias y amistades. No son solo notas en los periódicos ocurridas en sitios lejanos. No.

Hay –y eso debe reconocerlo el gobierno– una guerra del crimen organizado y contra el crimen organizado, en la que el gobierno no tiene participación activa. La única participación de las fuerzas armadas –léase Ejército, Marina y Guardia Nacional– se ha dado tras ataques iniciados por los criminales.

Hoy son las fuerzas estatales y municipales en por lo menos 10 estados del país, en especial en la zona centro y norte del país, que han enfrentado el embate de la criminalidad y han llevado el peso más grande en mantener la paz en los municipios más violentos, pero no pocos logros.

La complicidad de autoridades sigue imperando en México. Los cárteles del narcotráfico siguen comprando funcionarios y policías para que protejan las operaciones criminales, en especial el trasiego de drogas a los Estados Unidos y desde luego el ingreso masivo de armas a territorio nacional.

Armas que son utilizadas por los sicarios al servicio de los cárteles, en la conformación de ejércitos –muchas veces paramilitares– con una capacidad de fuego superior a las fuerzas de seguridad y un caso es el ocurrido el año pasado en Culiacán, donde las fuerzas federales tuvieron que replegarse.

Este 2020 es crítico para el gobierno López Obradorista que se pone en una disyuntiva. Actuar o dejar pasar. En este sentido no caben medias tintas. No se puede actuar como si nada pasara, porque la seguridad de la población está en juego y demeritar los daños colaterales es un gran error, porque es la población la que sufre.

Será interesante conocer el cierre estadístico de este mes de enero –el segundo del año de gracia que pidió AMLO en el Zócalo– que sin adelantar vísperas, apunta para ser más violento aún que el inicio de 2019 y otros anteriores y ver cuales son las acciones del gobierno para reducir los índices delictivos.

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