¡Hasta siempre Chaparrito!

Profunda huella nos dejó Ernesto Gutiérrez Gaytán

.-  Su sonrisa rompía los hielos más duros, dotado de un natural instinto, ayudado por su paso por el verdadero periodismo, se convirtió en todo un personaje que acostumbraba resolver cualquier problema con una sencillez pasmosa, hombre que le rehuyó siempre a los reflectores, como los buenos periodistas, mismo que nunca dudó en compartir sus conocimientos con sus compañeros.

Heriberto Bonilla Barrón ______________

Apenas hace menos de diez días que dejó este mundo terrenal Ernesto Gutiérrez Gaytán y claro que nuestro corazón sigue llorando y aunque estamos seguros de que seguirá viviendo en la mente de todos quienes fuimos sus amigos, además de estar llorando su partida no nos queda más que decir: ¡gracias Ernesto por tantas alegrías, por ser como eras, por haber existido y por provocar tanto amor, siempre estarás en nuestro corazón!

Con su adiós Ernesto no hizo más que adelantarse en el camino que todos vamos a andar algún día, por lo que estoy seguro de que pronto volveremos a encontrarnos y por lo pronto hay que alegrarnos de que él ya está gozando de la gloria de Dios, Nuestro Señor, por lo que estamos seguros de que hoy está convertido en una estrella  del cielo y que desde allá estará cuidando tanto de su familia como de los que fuimos sus amigos.

Al siguiente día de su deceso, debido al COVID, en FUERZA AGUASCALIENTES y en Mis Raíces Digital plasmamos con lágrimas el dolor que esto nos causó, sin embargo hoy a unos días de este adiós debemos darle gracias a Dios por todo el tiempo que nos lo prestó, por toda una vida de trabajo y amor, de amistad y de entrega, de allí que como compañero, estoy seguro de que Ernesto está descansando en paz porque sabía que cumplió con la misión que Dios le encomendó, forjar a una gran familia y convertirse en un periodista admirable y en un maestro que nunca dudó en compartir la sabia de sus conocimientos.

Mi hermano David ¨El Chato¨ Bonilla constantemente me habla de una gran verdad: cuando te mueras Heriberto, uno o dos días te van a llorar tus familiares y tus amigos, a los 3 o 4 días comenzarán a olvidarte porque lamentablemente los seres humanos somos ingratos, envidiosos y siempre buscando descalificar a quienes triunfan, por lo tanto goza el día a día y hazlo como si fuera el último de tu existencia, nunca esperes reconocimiento de nadie ya que casi siempre son frases huecas que se dicen por puro compromiso.

Y claro que coincido ampliamente con David, por eso dicen que el ¨muerto al pozo y el vivo al hoyo¨, de tal manera que lo que se hizo en la vida muy rápidamente se va diluyendo, sin embargo personalmente yo considero que eso no es cierto, mis padres don J. Cruz Bonilla M., y Doña María Elena Barrón de Bonilla –que hoy cumple 12 años de su muerte-, siguen vivos en mi corazón y hablo con ellos todos los días, lo mismo que estoy haciendo ahora con Ernesto, de tal manera que estas letras no buscan quedar bien con nadie, las estamos escribiendo para dar cuenta de todo lo que significó Ernesto en mi vida.

Fue un amigo, un colega, un compañero….. y un confidente, prácticamente un hermano y tan es así que casi todos los días charlábamos por teléfono y nos dábamos la mano, tanto personal como profesionalmente, cómo no dejar de reconocer que él y Chon Gutiérrez, cuando estaba de director de El Heraldo, me llegaron a auxiliar para que no dejara de aparecer Hidrocálido, lo que ocurrió en varias ocasiones y yo en cambio les brindé siempre toda la ayuda que me pidieron, a lo único que me negué fue a dejar al Hidrocálido y a mis familiares, para irme al Heraldo.

Por lo tanto, a casi diez días de su muerte, hoy sigo escribiendo en primera persona, para afirmar que indiscutiblemente que la vida ya no es igual tras la muerte de un amigo y es que el vacío que nos dejó con su adiós ya nada lo podrá llenar y si eso nos ocurre a quienes fuimos sus amigos, habrá que imaginarse lo que está sintiendo su familia, con todo y que podemos decir que se habrá ido físicamente pero que en espíritu sigue con nosotros, sin embargo ni eso nos puede reconfortar simple y sencillamente porque si él ya nada podrá ser igual.

Decirle adiós a un amigo como Ernesto es algo muy triste que a nadie le gustaría vivir; lamentablemente, la vida y la muerte son así: impredecibles y si bien es cierto que hay motivos para sentirse muy triste, también hay algunos que podrían alegrarnos, sobre todo porque el ser que se nos ha adelantado fue alguien extraordinario, un amigo al que nadie podrá sustituir, un ser al que reconocimos en vida y no como hoy hipócritamente, ya después de muerto, lo están haciendo algunos.

Ernesto Gutiérrez Gaytán, al que comencé a tratar hace exactamente 45 años, cuándo éramos reporteros de Policía, él con larga experiencia en el Heraldo y yo haciendo mis pininos en El Sol del Centro, cultivando una relación que se fortaleció con el pasar del tiempo, fue un compañero y un amigo incomparable, como hombre fue sencillo, servicial, humilde, firme, flexible y cariñoso que trataba a todos por igual.

Su sonrisa rompía los hielos más duros, dotado de un natural instinto, ayudado por su paso por el verdadero periodismo, se convirtió en todo un personaje que acostumbraba resolver cualquier problema con una sencillez pasmosa, hombre que le rehuyó siempre a los reflectores, como los buenos periodistas, mismo que nunca dudó en compartir sus conocimientos con sus compañeros.

Y conociéndolo tan bien, habiendo compartido una y millones de andanza estoy plenamente seguro de que mi gran ¨chaparrito¨  habría escrito las siguientes palabras:

 ¨He buscado el camino hacia Dios durante toda mi vida…..y ahora lo he encontrado, y no puedo creerlo, pareciera que aún sigo aquí, en mi casa, con los míos y con el cariño y la amistad de todos los que me han acompañado durante los últimos años y dejénme que les diga algo, la mayoría de la gente tienen  la idea de que Dios sólo se muestra de una única manera, sin embargo están muy equivocados ya que Dios está en todas partes y ahorita mismo Dios está a mi lado porque me ha llevado junto a El y eso es lo más maravilloso, por eso les pido a todos, no me lloren, oren por mí y recuérdenme con una sonrisa, yo estoy bien y ahora sé que me mirarán sin verme…. día y noche, por toda la eternidad desde donde voy a estar muy al pendiente de cada uno de ustedes, de eso pueden estar absolutamente seguros¨.

¨Dios está en la tristeza y en la alegría, en lo amargo y en lo dulce y quiero que sepan que  detrás de cada cosa se oculta un propósito divino y, por lo tanto, en cada cosa se halla la presencia divina, eso es algo que espero que tengan siempre presente, sobre todo en los momentos difíciles¨.

Así pues, el mejor homenaje, el mejor reconocimiento para Ernesto Gutiérrez Gaytán será tenerlo presente en todo momento, con la seguridad de que está a la diestra de Dios Nuestro Señor en donde seguramente habrá de velar por su familia y de todos quienes fuimos sus amigos y lo tratamos durante poco más de 45 años.

Ernesto, al que cariñosamente siempre le llamé ¨mi chaparrito¨ o ¨mi patillas de carretonero¨-así las usó durante un largo tiempo-, fue ese amigo del alma al que nos abríamos emocionalmente y con el cual, la realidad era mucho más intensa, enriquecedora y completa.

Con Ernesto puedo decir que caminamos juntos durante 45 años, me acompañó en las buenas…. y claro que más en las malas, siempre con una sonrisa y levantándome el ánimo: ¨vamos mi flaquito, no te me vayas a caer, tu eres más grande que los problemas y que tú mismo jefe, hay que ver siempre para adelante¨, y eso me dijo cuando tuvo que dejar el Hidrocálido, el diario del que fuimos no solo cofundadores, sino que podríamos decir que fue nuestro hijo, ya que tanto él como yo lo diseñamos y le dimos vida y eso aunque algunos no lo quieran, nadie podrá borrarlo

Ernesto dejó este mundo apenas la semana pasada y con nosotros no queda la hipocresía que casi siempre sale a relucir cuando alguien muere y entonces se le describe ¨como el gran hombre que fue¨, nosotros siempre se lo hicimos saber y eso fue casi todos los días, nuestra amistad fue completa y nunca por interés, de tal manera que nos dimos la mano en todo momento y claro que hoy a una semana de su muerte, lo estoy extrañando por lo que estoy seguro que nadie podrá llenar el enorme hueco que ha dejado en mi corazón.

Todavía recuerdo que a principios de este año me dijo que aún tenía muchos proyectos por realizar, me jubilado del Heraldo pero no del periodismo, por lo tanto voy a seguir ligado a los medios, aunque sea digitalmente mi querido ¨flaquito¨, me dijo e inclusive me comentó que estaba ideando una columna para que se la publicara en FUERZA AGUASCALIENTES y en Mis Raíces Digital, ¨a poco crees que te voy a dejar, volveremos a estar como cuando tú estabas en el Sol y yo en el Heraldo y luego nos juntamos para ser de los fundadores del Hidrocálido, nuestro hijo¨, nos dijo.

Ernesto contagiaba con su optimismo y claro que con él queda perfecta la definición de que un amigo es la otra mitad del “nosotros”, y como no destacar que fue mi apoyo en momentos muy duros y el cómplice de mis pensamientos, por lo tanto asumir la muerte de una amistad tan intensa es uno de los peores golpes que la vida puede traernos.

Con su adiós, Ernesto me está ratificando que en la juventud aprendemos y con  la  edad  comprendemos, por lo que  la  vida  sólo  puede  ser comprendida  mirando  hacia  atrás,  pero  sólo  puede  ser  vivida  mirando hacia delante, por lo tanto vemos  día  a  día  que  nuestra  reserva  fisiológica  se  va agotando  cada  vez  más,  ya  no  vemos  como  antes,  nuestra  agudeza auditiva   disminuye, nuestra memoria empieza a fallar y eso solo significa que estamos acercándonos a ese viaje en el que Ernesto ya se nos adelantó.

La muerte de Ernesto nos hizo ratificar cada uno de nosotros, no somos más que breves pasajeros en este mundo caprichoso, maravilloso y, a instantes, terriblemente cruel en donde todo lo que dábamos por sentado puede caerse a bajo como un castillo de naipes de un día para otro, sin más, a veces es un accidente, y en ocasiones, una enfermedad terminal que nos obliga a ver cómo se apaga día a día el ser querido en una dura batalla.

Por lo tanto tener que dar un adiós a un amigo es algo para lo que nadie nos prepara,  es como perder la mitad de uno mismo y quedar huérfano, momento en el que avanzamos a tientas sabiendo que no van a haber más llamadas, más cafés, vivencias que compartir, películas que comentar y problemas que desahogar entre risas y lágrimas.

Ahora solo me queda decirte: gracias Ernesto, por tu amistad, por tu cariñosa compañía, por ayudarnos a ser mejores personas, por tu fe, por dejarnos un recuerdo tan limpio, por tu sonrisa amplia y transparente, por tu risa fácil e inteligente, por tus conocimientos, pero por encima de todo, por el extraordinario ser humano que fuiste, con todo y los errores que pudiste haber cometido, como todo ser humano,  los cuales se borraban de un plumazo con tu gran calidad y calidez.

Desde el cielo en donde seguramente te encuentras, no te olvides de tus amigos ya que estoy bien cierto de que tienes a tu familia en primer lugar, sin embargo recuerda siempre a este hombre que más que colega, fue tu compañero que también te acompañó siempre en las buenas y en las malas, el amigo que nunca te va a olvidar y que siempre te llevará en el corazón.

¡Hasta siempre Ernesto!

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