Hasta nunca Trump

Singladura
Roberto Cienfuegos J. ___________________

¡Albricias! Faltan dos días para que termine el mandato constitucional del presidente, Donald Trump, y por supuesto que es una excelente noticia, a la que debe agregarse una más como un imperativo para preservar a Estados Unidos y al mundo entero de un político soberbio, soez, corrupto, inepto y embustero contumaz. A Trump hay que cerrarle para siempre la puerta de la Casa Blanca.

El ejercicio del poder trumpiano deja muchas más sombras que luces en Estados Unidos y en la escena internacional, aun cuando algunos despistados o aliados peligrosos y perversamente interesados hayan comenzado a sentir y aún expresar su nostalgia por el adiós de un empresario, el magnate del ladrillo, que puso al mundo en vilo más de una vez en estos últimos y tormentosos cuatro años bajo el pretexto de hacer grande otra vez a Estados Unidos. Vaya chasco derivado del engaño.

Pocas veces ha resultado -supongo- tan acertado el actor Arnold Schwarzenegger, también ex gobernador republicano de California, cuando en sus redes dio su adiós baby nada menos que a Trump, su correligionario.

Más acertados, si es que hubiera grados del buen tino, se observa a los dirigentes demócratas de Estados Unidos, comandados por Nancy Pelosi, su líder en la Cámara de Representantes, para asegurarse de que el adiós pronunciado por Schwarzenegger, junto incluso que el que profirieron otros republicanos, resulte definitivo o más aún, para siempre a Trump. De eso trata el “impeachment” o juicio político contra el hombre que ha pretendido violentar la democracia más antigua del orbe al alegar, sin prueba alguna pero con mucha violencia, un fraude electoral. Vaya cinismo y aún tentativa criminal de un pésimo perdedor.

Es cierto, faltan unas horas para que Trump deje la Casa Blanca, pero la única respuesta apropiada para él será el juicio político, el segundo, una marca inolvidable para un embustero contumaz.

Lo admita o no, es un hecho que Trump deberá salir de la Casa Blanca el próximo miércoles, pero hasta ahora nada le impide repetir la búsqueda del poder en 2024. Ya sabemos como son los contumaces disfrazados de persistentes.

Se trata claro de una perspectiva abominable, pero peligrosa especialmente como consecuencia de cómo Trump se ha comportado en los dos últimos meses, en los que blandió el poder de la presidencia para hacerse de un segundo periodo en el mando ejecutivo del país, lo que puso en un riesgo máximo una de las tradiciones esenciales de la república estadunidense que es la transferencia pacífica del poder, conforme advirtió recién el prestigiado The New York Times.

Trump si que ha sido persistente para imponer su voluntad y capricho. Ha difundido todo tipo de mentiras para socavar el triunfo electoral legítimo del demócrata Joe Biden y ha presionado a numerosos jueces de cortes federales y estatales para que avalen su desmesurada necedad. Incluso urdió planes para que los militares respaldaran su despropósito. Afortunadamente para la democracia estadunidense y los países que la defienden como el sistema político más idóneo, todos los intentos de Trump han fracasado. La irrupción violenta el miércoles seis de enero contra el Capitolio fue un intento más, el más desesperado de Trump, por mantenerse en el poder a cualquier precio. El secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, tuvo el valor civil y la decencia política de negarse a los caprichos de Trump cuando éste le pedía y aún lo amenazaba que le consiguiera poco menos de 12 mil votos. “No, señor presidente. Usted no está en lo correcto”, argumentó Raffensperger a un insolente Trump, obstinado, ciego y bandido.

Es por ello y aún mucho más que los representantes demócratas están impulsando el juicio político contra Trump, aun y cuando éste tenga sus horas contadas en la Casa Blanca. Debe enjuiciársele para garantizar que nunca más estará en condiciones de competir por la presidencia de Estados Unidos y mucho menos de imponer sus concepciones estúpidas, paranoicas y criminales, que comparten no pocos de sus compatriotas según dejó claro la elección presidencial del 3 de noviembre y los hechos que le han seguido.

Así que por el bien de Estados Unidos y aún del mundo, hasta nunca Trump,  un malhechor de la política.

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