Habrá enfermedades más mortíferas, de seguir jugando con fuego: PNUMA

Constelación Andrómeda

.-  “Delirio peligroso”, separar las políticas sanitaria y medioambiental

Norma L. Vázquez Alanís ____________________

 Investigaciones recientes sobre el Coronavirus 19 (Covid19) de los científicos y expertos que colaboran con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), revelaron la estrecha relación de la biodiversidad con esta enfermedad letal.

Y, tras la revisión y análisis de los datos reunidos, una de las conclusiones de ese equipo de especialistas en diversas disciplinas fue que las actuales dinámicas de destrucción de la naturaleza están detrás del salto de patógenos desde la fauna salvaje a los seres humanos, los cuales provocan enfermedades conocidas como zoonosis, entre ellas el ébola, la gripe aviar, el síndrome respiratorio del Oriente Medio (Mers), el virus Nipah, la fiebre del Valle del Rift, el síndrome respiratorio agudo severo (Sars), el virus del Nilo Occidental, el virus del Zika y, ahora, el coronavirus que causa el Covid19 -que atemorizó y paralizó al planeta-, todos ellos vinculados a la actividad humana.

Así pues, alrededor de 60 por ciento de todas las enfermedades infecciosas en los humanos y 75 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas, es decir, que son transmitidas por los animales. Al respecto, el grupo de biólogos, epidemiólogos y ambientalistas del PNUMA consideró que el brote de Covid19 significa una “clara llamada de advertencia” en virtud de que existen enfermedades mucho más mortíferas en la vida silvestre e indicó que la civilización actual está “jugando con fuego”, porque casi siempre fue el comportamiento humano lo que provocó su diseminación en las personas.

A su vez, la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, economista y ecologista danesa egresada de la Universidad Metropolitana de Londres, Inglaterra, explicó que el brote de ébola en África occidental derivó de la pérdida de bosques que condujo a contactos más cercanos entre la vida silvestre y los asentamientos humanos. La interacción de los humanos o el ganado con la vida silvestre los expone al riesgo de propagación de patógenos potenciales, pues para muchas zoonosis el ganado sirve como un puente epidemiológico entre la vida silvestre y las infecciones humanas, agregó.

Asimismo, los impulsores de la aparición de enfermedades zoonóticas son los cambios en el medio ambiente, casi siempre como resultado de actividades humanas que provocan alteraciones en el uso del suelo, en el clima, en los animales y en los patógenos, que siempre evolucionan para explotar nuevos huéspedes.

La ecologista que dirige el PNUMA advirtió que los cambios ambientales inducidos por el hombre modifican la estructura de la población de vida silvestre y reducen la biodiversidad o diversidad biológica (término por el que se hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que conforma), y dan como resultado nuevas condiciones ambientales que favorecen a los huéspedes, vectores y/o patógenos particulares.

Sostuvo además que la integridad de los ecosistemas sustenta tanto la salud como el desarrollo humano y también puede ayudar a regular las enfermedades, al promover la diversidad de especies para que sea más difícil que un patógeno se extienda, amplifique o domine.

“Hay demasiadas presiones al mismo tiempo sobre los sistemas naturales y algo tiene que suceder, pues estamos íntimamente interconectados con la naturaleza, nos guste o no, y si no cuidamos la naturaleza, no podemos cuidar de nosotros mismos”, subrayó Andersen. De suerte que al acercarse la población del planeta a los diez mil millones de habitantes, es indispensable enfrentar este futuro armados con la naturaleza como nuestro aliado más fuerte.

En tanto que Aaron Bernstein, pediatra y especialista en Biología Humana por la Universidad de Stanford, además de funcionario en la Escuela de Salud Pública de Harvard, Estados Unidos, coincidió con la directora del PNUMA en que la destrucción de lugares naturales impulsa a la vida silvestre a vivir cerca de las personas y que el cambio climático también está obligando a los animales a moverse; “eso crea una oportunidad para que los patógenos entren en nuevos huéspedes”.

Tenemos que ver lo que la naturaleza está tratando de decirnos con la aparición de Sars, Mers, Covid-19 o VIH. Es necesario reconocer que la separación de las políticas sanitaria y medioambiental es un delirio peligroso, porque la salud humana depende totalmente del clima y de los otros organismos con los que compartimos el planeta.

Aparición del Covid19 predecible por

comercio ilegal de animales silvestres

El profesor de epidemiología de la vida silvestre en la Sociedad Zoológica de Londres, Andrew Cunningham, aseguró que la aparición y propagación de Covid-19 no sólo era predecible, sino que algunos científicos habían dado la voz de alerta en el sentido de que habría otra manifestación viral de la vida silvestre, la cual representaría una amenaza para la salud pública.

Ya un estudio efectuado en 2007 sobre el brote de los Sars 2002-03 había argumentado que “la presencia de un gran reservorio de virus similares a Sars-CoV en murciélagos herradura, aunada con la práctica de comer mamíferos exóticos en el sur de China, era una bomba de tiempo”, recordó Cunningham, quien alertó que habrá más virus de este tipo en el futuro a menos que la humanidad cambie su comportamiento hacia la conservación de la biodiversidad y el medio ambiente.

El epidemiólogo consideró que los mercados que matan animales salvajes de todas partes del mundo son el ejemplo más obvio (se cree que un mercado en China fue la fuente de Covid19), pues los animales han sido transportados a grandes distancias y están hacinados en jaulas, estresados e inmunosuprimidos y excretan cualquier patógeno que tengan en ellos.

Así que un elevado número de personas en el mercado y en contacto íntimo con los fluidos corporales de estos animales resulta un escenario ideal para maximizar las posibilidades de transmisión de un virus; no podía pensarse en una mejor manera de hacerlo, expuso Cunningham.

A su vez el ex secretario general de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, John Scanlon, apuntó que el multimillonario comercio ilegal de vida silvestre es otra parte del problema del Covid19 y otros virus provenientes de la fauna salvaje.

“Los países importadores deben crear una nueva obligación legal, apoyada por sanciones penales, para que un importador de vida silvestre demuestre que se obtuvo legalmente de acuerdo con las leyes nacionales del país de origen”, dijo, e insistió en que, adoptar una línea dura contra los traficantes transnacionales organizados de vida silvestre y abrir nuevas oportunidades para las comunidades locales, facilitará la prosperidad de la biodiversidad, los ecosistemas y las comunidades; es urgente avanzar hacia un futuro más limpio y verde, apuntó.

Por su parte, Jonathan Sleeman, director del Centro Nacional de Salud de la Vida Salvaje del Instituto Estadounidense de Geofísica, precisó que los animales silvestres son transportados largas distancias y se mezclan con múltiples especies diferentes en condiciones insalubres, lo cual crea un ambiente perfecto para que los patógenos que transportan salten de una especie a otra.

         Y a través del manejo, la carnicería y del consumo humano, estos patógenos terminan propagándose a la gente, porque los eventos de transmisión entre especies crean oportunidades para que el virus mute y se adapte a nuevos hospedadores, lo cual da como resultado el surgimiento de patógenos distintos capaces de transmitirse de persona a persona.