Gobierno poco verosímil

Pulso

Eduardo Meraz _________________

En la víspera del segundo informe constitucional de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, serán pocas las novedades que pueda presentar, si día con día presenta presuntos resultados de gestión, en donde las falsedades o imprecisiones discursivas le restan verosimilitud a los dichos presidencial.

En días recientes, el primer mandatario ha caído en afirmaciones que le restan credibilidad. Por ejemplo, mencionó la semana pasada que tenía medio año de no hablar ni con el fiscal General de la República ni con el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como para darles indicaciones de los sonados casos de corrupción que se ventilan actualmente.

Su dicho es contradictorio con lo que dijo -dos meses antes- a principios de junio en una mañanera en Yucatán cuando afirmó que acababa de hablar y reunirse con los funcionarios citados para convenir como realizar acciones conjuntas.

Y lo más reciente, en uno de sus promocionales de su informe, López Obrador asegura contar con el respaldo de 70 por ciento de los mexicanos, pero en su mañanera de este lunes sostiene que cuenta con la aprobación del 64 por ciento de los mexicanos, a propósito de una encuesta, cucharada según él,  del diario Reforma que ubica el apoyo en 56 por ciento.

Así las cosas, y en casos tan sencillos que no alteran los asuntos de Estado, el titular del ejecutivo es capaz de mentir, ¿qué garantiza la veracidad de sus otros datos en asuntos como la evolución de la economía, los muertos por Covid-19, o que en realidad sus apoyos lleguen al número de personas que dice atender y un largo etcétera?

Este continuo grado de incoherencia en la narrativa presidencial nos habla de un cierto nivel de disfuncionalidad o, más grave aún, de cierta perversidad, para presentar una realidad compatible con su zona de confort y alejes de los datos duros.

Su intención de que demos por hechos irrefutables sus expresiones resulta ofensivo para un mayoritario número de ciudadanos que, a diario, sentimos los estragos de una mala gestión administrativa en salud, educación, seguridad, violencia, corrupción que, desde la visión idílica que nos quiere vender, son problemas prácticamente resueltos y estamos a punto de entrar en el Edén.

Quizá ni el propio Andrés Manuel esté consciente del estado de confusión discursiva en el que se desenvuelve, pues de tanto hablar olvida lo dicho con anterioridad. La agudización de las incoherencias verbales, más que adhesiones, está generando que se desconfíe de la autenticidad y sinceridad de sus dichos y actos.

Es plausible el tono optimista de sus discursos, para no provocar desánimo entre sus hueste y si se puede entre parte de la población. Pero la ausencia de respuestas a demandas de sectores no clientelares, hacen que la narrativa presidencial poco les importe ya y encuentre los argumentos para rebatir mentiras y falsedades.

Cómo cada vez es mayor el desencanto social por la 4T, en especial por su selectivo combate a la corrupción -ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio-, pretende suplirlo con reiteraciones poco convincentes, desordenas, confusas e incoherentes como la realización de una consulta popular para juzgar mediática y no legalmente a expresidentes.

Los mensajes sin argumentos sólidos y conceptos dispersos del presidente López Obrador para atender las crisis sanitaria y económica, no dan confianza.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Nuevamente se da por hecho la salida de Víctor Toledo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), luego de sus agudas críticas a la 4T. Se prevé la llegada a la dependencia de María Luisa Albores, actual secretaria de Bienestar.

eduzarem@gmail.com

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