Figurones de las letras

Carlos Ravelo Galindo, afirma: ____________

Con afecto a don Virgilio Arias Ramírez.

En el libro ‘Días de guardar’, de Carlos Monsiváis, resume Rosario Castellanos la esencia en una pregunta: ¿qué es lo que presenciamos, sin atrevernos a participar, sin convertirnos jamás en protagonistas?

Y su respuesta: “la representación de la vida ajena que tiene dos extremos y, consecuentemente, dos escenarios diferentes: la de los ricos, que se exhibe en las páginas de sociales de los periódicos, y la de los pobres, que comparece en la nota roja”.

Y leerlos es un estímulo. Lo debemos a doña Norma Vázquez Alanís, quien nos habla de otra escritora. Ambas, ya lo sugerimos, a figurar en el paseo de las heroínas.

De la Biblioteca de Arcadia extraemos a quienes como figurones de las letras han enaltecido a nuestro país.

 Rosario Castellanos (Chiapas, 1925 – Israel, 1974) publicó en varias ocasiones ensayo y crítica literaria, pero no vio su libro ‘El mar y sus pescaditos’, pues la muerte le ganó en Israel, en lo que fue dado a conocer como un accidente que truncó su vida.

Los “pescaditos” de Rosario Castellanos, es una de sus obras, que aborda su colega doña Norma.

En los años cincuenta, cuando el ensayo se consideraba espacio de varones, la escritora Rosario Castellanos se atrevió a incursionar en ese género literario, el cual le permitió opinar sobre tópicos de la política, la literatura o la situación internacional, además de hacer una aportación muy profunda a las letras mexicanas.

 En cada uno de los ensayos, la escritora hace un puntual análisis sobre el rol social, filosófico y político del intelectual, el literato y la novela, además de que aborda temas como ‘el escritor y su público’ o ‘la libertad de expresión y una tentativa de autocrítica’.

 Ello demuestra tanto su disciplina con la lectura, como su interés por la literatura universal.

En su libro póstumo ‘El mar y sus pescaditos’ (Secretaría de Educación Pública, Colección SepSetentas, mayo 1975, 198 páginas), que reúne 32 ensayos aparecidos en diversas publicaciones entre finales de los 60 y principios de los 70, Castellanos demuestra que poseía una de las inteligencias más claras y vivas de la cultura mexicana en el siglo XX.

En los textos contenidos en este volumen, Rosario Castellanos aborda planteamientos teóricos sobre las obras de autores pertenecientes a varias tradiciones literarias, sobre todo las de América Latina y Europa.

Y comparte con el lector sus consideraciones sobre las entonces nuevas tendencias de la novela, la poesía y el teatro

En esos textos dedicados a escritores en otros idiomas, Castellanos manifiesta su asombro por la literatura como un fin en sí mismo en la obra de Robbe-Grillet y hace un sagaz análisis del llamado teatro del absurdo con Beckett, uno de sus iniciadores, cuya gran alegoría ‘Esperando a Godot’ la lleva a reflexiones muy profundas sobre el desánimo del individuo.

Pero esta serie de ensayos también refleja el panorama de lo que ella creía que debía ser la literatura y de las perspectivas de las letras latinoamericanas ante la narrativa experimental que estaba en auge en aquella época.

En otra parte de ‘El mar y sus pescaditos’ la autora examina la literatura mexicana que se escribía entonces; hace una disección de la novela ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo y llega a la conclusión de que el rencor al padre ausente -tema central de la narración- es producto de madres que aprovechan el trance de su agonía para cargar a sus hijos con ese fardo bajo el que se doblegaron siempre dándole el nombre de abnegación.

Luego estudia la obra de Ricardo Garibay, de quien dice que compadece a sus criaturas (personajes), pero no las ofende apresurándose a ofrecerles el auxilio del paño caliente para aplicarlo sobre una herida que es metafísica.

 Los cubre, eso sí, con el manto de la caridad que aconsejaba San Pablo.

Para la escritora, los entes que discurren por las páginas de Garibay están sometidos a la potestad del César, no tienen tiempo para divagaciones, pero cuando se puede… hay que gozarla.

Seguiremos con el misterio de su muerte en Israel.

craveloygalindo@gmail.com

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