Festival de jazz en Rusia, una fiesta de cinco continentes

Martha Sánchez (*)___________

 Feodosia, Rusia (PL).-  El festival Koktebel Jazz Party de 2015 rindió culto a las tendencias más clásicas ese género musical y demostró que en Rusia tiene adeptos capaces de reunir a los cinco continentes en una gigantesca fiesta.

 Hace más de 12 años, un grupo de jóvenes se reunían en el balneario del poblado de Koktebel, en Crimea, todos los veranos, para intercambiar improvisaciones de jazz en un ambiente informal, luego dormían en tiendas de campaña en la arena. Cuando en 2003, decidieron convertir la experiencia en evento nació el primer festival.

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 Uno de sus principales organizadores, el director general de Rossia Segodnia, Dmitri Kiseliov, era de aquellos jóvenes entusiastas que disfrutaba de la música rodeado de amigos y según contó los objetivos de la cita se mantienen invariables en todas las ediciones: traer aquí la inspiración y la bondad inmersas en el jazz.

 En 2015, el festival se llevó a cabo bajo el lema Cinco Continentes Jazz, y concurrieron músicos de Brasil, Cuba, Gran Bretaña, Estados Unidos, Israel, India, Armenia, Alemania, Bélgica, Benín, Azerbaiyán y los Países Bajos.

 Como para acentuar aún más el carácter de fiesta, cada gala del 28 al 30 de agosto se prolongó hasta la madrugada del día siguiente.

 Desde el punto de vista artístico, la mirada principal apuntó al pasado mediante continuas alusiones a fraseos tradicionales del jazz, así como al mambo, el blues, el rock and roll y la época dorada de las big bands.

 Temas como While my guitar gently weeps, de los Beatles, coreado por el público en la sureña playa Koktebel, en la costa del mar Negro, fueron de lo menos antiguo, pero indudablemente el repertorio menos contemporáneo es el que allá le roba el corazón a miles.

 Fuegos artificiales y una luna llena que teñía de plata una pista de olas, adornaron cada noche la fiesta disfrutada por personas de todas las generaciones, en los asientos del teatro construido al aire libre o en la arena del balneario.

 Muchos lo vieron desde allí pues 450 sillas no alcanzaron y el escenario a escasos metros del mar fue construido con la intención de extender el evento sin límites, de modo que cientos presenciaron las galas acostados en la arena mientras los más jóvenes bailaban.

 Koktebel es uno de los mayores sitios turísticos de la provincia de Crimea y de acuerdo con el jefe de la administración de esa urbe, Dmitry Shchepetkov, el Jazz Party atrajo a la ciudad rusa de Feodosia a más de 15 mil turistas.

 Para este dirigente se trata de uno de los festivales más abarcadores en cuanto a tendencias musicales, por eso logra convocar a artistas y admiradores de los cinco continentes.

 Miles de personas de dentro y fuera de Rusia reservan sus vacaciones del año para venir aquí a disfrutar de esta fiesta artística, aseguró.

 Shchepetkov calificó el Koktebel Jazz Party como el principal evento cultural celebrado en la península de Crimea y no solo por la elevada calidad artística sino también por su notable impacto económico.

 Los hoteles de la playa de Koktebel estuvieron llenos y el hecho igualmente benefició a los negocios locales, pero todo el que quiera entender el jazz o al menos tener contacto con puro jazz debería venir aquí, recomendó Shchepetkov.

 Al mismo tiempo, apuntó, el evento promueve deportes relacionados con la aviación en esta costa del mar Negro, rodeada de colinas grises y azules.

 Tres pantallas digitales facilitaron el acceso a los conciertos compartidos por personalidades de la música como el contrabajista israelí Avishai Cohen, el célebre saxofonista italiano Stefano di Battista, la banda inglesa Red Square Band, y figuras estelares de Rusia como Yakov Okun, Sergei Golivnya y Larisa Dolina.

 La segunda noche, el pianista y compositor cubano Gonzalo Rubalcaba y su grupo Volcán pusieron a bailar al público con marcado acento latino; pues coquetearon con elementos del son, la timba, la contradanza, el danzón y los ritmos africanos enraizados en América desde la colonización.

 Cantantes como Artur Best, Georgi Melikashvili y Olga Oleinokova acompañados por la agrupación británica Red Square Band regalaron baladas famosas en todo el planeta, entre ellas, la canción brasileña Mañana de Carnaval, compuesta en 1959 para la película Orfeo negro, de Marcel Camus.

 Varias alusiones al swing y el blues deleitaron a los más románticos, pero la sorpresa de la velada fue el saxofonista italiano Di Battista, quien alardeó de su talento con un paseo por la playa de Koktebel mientras tocaba el instrumento.

 El Festival concluyó en las primeras horas de la mañana del 31 de agosto con una declaración de amor al jazz clásico gestado en Norteamérica en las primeras décadas del siglo XX.

 Los músicos y directores estadounidenses Benny Goodman y Duke Ellington fueron los dioses de aquella velada en la que el blues y especialmente el swing atrapó durante poco más de seis horas a un público de aproximadamente mil personas dispuestas a tolerar por buena música la frialdad nocturna de esta región costera.

 Para resguardarse del frío, algunos traían mantas y otros, sin ninguna pena, arribaron a la playa con corchas a fin de disfrutar la música en estampa más hogareña.

 La vocalista rusa Karina Kozhevnikova junto a Four Tenors Sax interpretó la exitosa canción I Left My Heart in San Francisco, popularizada por Tony Bennett en la década de 1950, y sumaron otros temas de los Beatles además del famoso Every Breath You Take, que le valió un Grammy en 1984 a Sting.

 Otro tema de lo más clásico fue What a Wonderful World, escrito especialmente para Louis Armstrong a principios de 1960, y la vocalista rusa Larisa Dolina entonó pegajosas composiciones de jazz como la popular canción Fever.

 La cantante estadounidense Ada Dyer ofreció creaciones sonoras de su mentor Stevie Wonder y de Aretha Franklin, entre otros, mientras el virtuoso saxofonista Igor Butman al frente de su orquesta recordó la época de oro de las llamadas big bands.

 Solo habría que preguntarse si en el futuro el evento seguirá mirando hacia atrás nada más o podría explorar otras formas de acompañamiento y desarrollo.

 Como sea, el festival Koktebel Jazz Party es una contagiosa mezcla de mar, arena, música, rigor profesional y la pasión que caracteriza a los amantes del jazz, los atractivos sobran y la edición de 2015, aunque parezca una redundancia, devino gigantesca fiesta.

(*) Enviada especial de Prensa Latina al festival Koktebel Jazz Party.

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