Europa y el debate interminable sobre el velo musulmán

Luisa María González * __________________

La Habana (Prensa Latina).-  En plena pandemia de Covid-19 la policía multa en Europa a quien no lleva máscaras, pero hasta hace poco tiempo las sanciones eran para quienes hacían justo lo contrario y cubrían su rostro: las mujeres musulmanas.

Podría decirse que es una jugada sarcástica del destino y la ironía no ha pasado desapercibida para muchas comunidades de esta religión en el denominado viejo continente, donde en una decena de países existen prohibiciones relacionadas con el velo islámico, principalmente el burka y el niqab.

«Es totalmente contradictorio», indicó al respecto Emarah, una joven musulmana holandesa que habló sobre el controversial tema con la cadena de noticias DW.

«Está mal que la salud pública sea motivo suficiente para cubrir el rostro, pero una creencia religiosa no», declaró al cumplirse un año en el mes de agosto de que Países Bajos prohibiera llevar el burka, o velo integral, en sitios públicos como el transporte, las escuelas, los hospitales o los edificios gubernamentales.

El uso del velo islámico se ha convertido en un asunto de recurrente discusión en Europa, a raíz del crecimiento en las últimas décadas de las comunidades musulmanas en muchos países.

Se trata de un debate complejo en el cual entran al juego diversos conceptos y puntos de vista: desde la libertad religiosa hasta la preservación de la seguridad nacional, desde los derechos individuales y colectivos hasta la emancipación de la mujer.

DE LA LEGISLACIÓN AL ESCRUTINIO PÚBLICO

En 2010, Francia y Bélgica fueron los primeros países del continente en aprobar legislaciones encaminadas a prohibir en sitios públicos el uso de los denominados velos integrales, considerados los más estrictos y radicales.

Así se hace referencia al burka, que cubre por completo a la mujer de la cabeza a los pies y solo incluye una rejilla en la parte de los ojos para permitir la visión, y el niqab, un velo similar pero que deja descubiertos los ojos.

La restricción, aplicada en escuelas, instituciones, transporte público e incluso en la calle, no comprende otros velos musulmanes que dejan afuera la cara de su portadora, como el hiyab.

En los años siguientes otras naciones establecieron limitaciones similares, como Dinamarca, Luxemburgo, Austria, Bulgaria y Países Bajos, entre otras, pero no todas con el mismo alcance o nivel de severidad.

Por ejemplo, en Países Bajos no se puede usar burka en lugares públicos como las escuelas y el transporte, pero sí en las calles.

En el caso de Italia, desde 1975 una ley prohíbe cubrirse el rostro en lugares públicos con prendas que dificulten la identificación, y eso incluye desde los velos musulmanes hasta los cascos de motos.

En otros sitios, la restricción no hace referencia solo a los velos musulmanes sino a cualquier símbolo religioso, como sucede en ocho estados federados de Alemania, donde los profesores en las escuelas no pueden portar vestimentas o accesorios relacionados con la religión.

La aprobación de este amplio y diverso abanico de leyes ha estado acompañada, en numerosas naciones, de tensas controversias e incluso de manifestaciones en las calles.

ARGUMENTOS DE UN LADO Y DEL OTRO

Para justificar la aprobación de las diversas legislaciones sobre la materia, en muchas ocasiones se ha acudido al argumento de la seguridad pública, principalmente en el contexto de la amenaza terrorista.

De acuerdo con estas versiones, los velos integrantes resultan peligrosos pues impiden la identificación de su portador y pueden servir, por ejemplo, para que un sospechoso buscado por las autoridades consiga escapar, o que un atacante esconda armas o explosivos bajo las telas.

No obstante, con frecuencia también se ha aludido a la cuestión socio-cultural y a las implicaciones del uso del velo, considerado una muestra de discriminación hacia la mujer y una violación del principio de laicidad refrendado en las constituciones europeas.

«Por mucho tiempo hemos soportado las afrentas a la laicidad, la igualdad entre el hombre y la mujer, las discriminaciones. Eso ya no es soportable. El velo integral es contrario a la dignidad de la mujer y la respuesta debe ser su prohibición», declaró en 2010 el entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy.

Del otro lado, los detractores de tales medidas demandan: ¿dónde queda la libertad religiosa también estipulada en las constituciones de los países europeos? ¿qué sucede cuando el uso del velo integral no es fruto de una imposición a la mujer, sino de una decisión propia motivada por las creencias religiosas?

«Mucha gente piensa que uso el burka porque mi esposo me obliga, pero no es así, lo hago porque quiero. De hecho, empecé a usarlo cuando estaba soltera», contó Esmara acerca de su experiencia.

De esta forma se entremezclan los argumentos relacionados con la seguridad, la libertad religiosa y los derechos de la mujer, en un debate que aún no ha conseguido un punto de equilibrio y que cada cierto tiempo resurge para ocupar las portadas de la prensa.

Así ocurrió, por ejemplo, cuando en el verano de 2016 se popularizó el uso del denominado «burkini» -una especie de mezcla entre burka y bikini usado por mujeres musulmanas para ir a la playa o a la piscina-, el cual generó intensos debates en varios países de la región.

Ello muestra que, más allá de la cuestión específica del velo integral, el conflicto toma dimensiones más amplias: tal como denuncian especialistas y activistas, las mujeres musulmanas suelen ser estigmatizadas y discriminadas por llevar la prenda incluso en sus versiones menos estrictas, las que no están penadas por la ley.

Según las denuncias, con demasiada frecuencia el velo se convierte en un obstáculo para acceder a una carrera universitaria, para obtener un puesto de trabajo, o constituye simplemente la causa de que una musulmana no consiga insertarse funcionalmente en la sociedad occidental.

El experto en temas de discriminación Marco Perolini lamentó, citado por el diario español El Mundo, que «a las mujeres musulmanas se les niegan empleos y a las niñas se les impide asistir a clases normales simplemente porque usan prendas de vestir tradicionales, como el pañuelo».

En otras palabras, señaló, «en muchos países europeos existe una opinión cada vez más generalizada de que el islam está bien y con los musulmanes no hay problemas, siempre que no sean demasiado visibles. Esta actitud está provocando violaciones de derechos humanos, y es necesario combatirla».

*Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina.

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