Estocada al discurso

Singladura

Roberto Cienfuegos J. ________________

 La masacre en un centro de rehabilitación en Guanajuato, con un saldo hasta la víspera de 26 muertos, entre ellos jóvenes y aún menores de edad, habla por sí sola del clima de violencia criminal que estremece a México y pareció una estocada, calculada o no, al discurso presidencial en el recinto parlamentario del Palacio Nacional para conmemorar los dos años de un triunfo inobjetable y contundente que se perfila, de manera paradójica y harto preocupante, en una desgracia nacional.

“Esta nueva política de seguridad empieza a dar resultados”, decía el presidente en Palacio Nacional, mientras que casi de manera paralela en el centro de rehabilitación “Recuperando mi vida” de Irapuato, siete hombres armados abrían fuego contra menores y jóvenes, colocados boca abajo, en una nueva masacre en el país que se inscribe ya como la peor de este año. Paradojas de la vida y de la muerte, del poder presidencial y la omnipresencia criminal. Del mensaje presidencial al pueblo bueno y sabio, y la realidad nacional cada vez más frustrante y peligrosa.

Esto en medio de un telón de fondo marcado por la disputa entre cárteles tan violentos como el Nueva Generación y Santa Rosa de Lima, el primero acusado por el reciente atentado al titular de Seguridad Ciudadana en la Ciudad de México, Omar García Harfuch, y el otro dispuesto, según amenazó su líder “El Marro”, a convertirse en una piedra en el zapato para el gobierno.

En tanto y ante la omisión, seguramente deliberada de las cifras que reflejan el auge de la criminalidad en el país, incluso antes de la temible pandemia y ni siquiera a la baja durante ésta, el presidente prefirió decir: “Durante el tiempo que llevamos en el gobierno hemos podido mantener sin aumentos sensibles el delito de homicidio y hemos roto la tendencia histórica de su crecimiento”. Así cuando él hablaba en Palacio Nacional de triunfos y avances, se consumaba casi al mismo tiempo la peor masacre de este año. Más de una centenar de disparos en unos cuantos minutos con armas de alto poder contra muchachos inermes en un centro irregular de rehabilitación dijeron más que 45 minutos de palabras.

Si hubo cifras en cambio sobre la reducción considerable del resto de los ilícitos en comparación con noviembre de 2018. A diferencia del caso de los homicidios, el presidente si aportó números sobre “el resto de los ilícitos” como los refirió.

Así que, citó como ejemplo, el robo de vehículo, de entonces a la fecha, ha disminuido en 41 por ciento; el secuestro, en 25 por ciento; el robo a transporte público colectivo, en 58 por ciento; el robo a transporte público individual, en 36 por ciento, el robo a casa habitación, en 27 por ciento; el robo a negocio, en 24 por ciento; el robo a transeúnte, 45 por ciento y así en casi todos los delitos. En “casi todos los delitos”, debe subrayarse la frase con la intencionalidad clara del mensaje de hacer creer que también en esto vamos “requetebién”, así los hechos duros digan otra cosa.

Y claro, exaltar al equipo para sembrar el mensaje de que se está haciendo lo mejor, resultaba imperativo. Así, dijo, “todo esto se ha hecho con el trabajo conjunto, en particular del Gabinete de Seguridad. Agradezco mucho el apoyo y la lealtad de las Fuerzas Armadas, de manera especial el apoyo del general secretario de la Defensa y del almirante Ojeda, secretario de Marina”. Nada mal el mensaje aun y cuando la realidad sea otra, una donde se libera a presuntos y temibles delincuentes por falta de pruebas o disputas entre fiscalías y jurisdicciones en el pleno estado de derecho que dice el presidente rige en México.

Por si fuera poco, otro tanto: “todos los servidores públicos encargados de esta importante tarea han actuado con perseverancia, con profesionalismo, con rectitud, con inteligencia”.

Luego vino el infaltable ataque que es siempre mejor que la defensa. Todo esto, argumentó el presidente, “no como era antes, sólo con el uso de la fuerza”. Ahora es la inteligencia, el profesionalismo, la rectitud y la perseverancia.

“Aquí destaco que ahora, a diferencia de otros tiempos, en los enfrentamientos entre elementos del orden y las bandas de la delincuencia son más los heridos y detenidos que los muertos; es decir, se acabó el ‘remátalos’, el ‘mátalos en caliente’ y la orden de ‘que ustedes hagan su trabajo y nosotros nos encargamos de los derechos humanos’. Así lo cree y lo dice el presidente en Palacio Nacional, mientras que en un recinto para la rehabilitación se mata a mansalva a jóvenes y menores.

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