Escuela virtual, pedal de desigualdades

El otro dato

Juan Chávez ______________

Cumplí  este martes 88 con la lamentación de advertir que la escuela virtud implementada por la SEP va a constituir  un acelerador más a las desigualdades que laceran al país, tanto como el covid-19 que se apunta con 60,800 muertes y más de 593 mil contagios.

Estuve dos semanas fuera de la ciudad por cuestiones familiares y viví  las angustias de dos de mis nietos por quedar conectados, vía internet, la noche anterior para tomar sus clases una, la más pequeña, que comienza secundaria y su hermano la preparatoria.

Los dos estaban felices por “regresar a la escuela”, aunque fuera a distancia. Las angustias eran de sus padres. ¿Cómo vigilar a los dos si uno tiene que ir a trabajar y la madre entregarse a las actividades domésticas y preparar la comida?

La casa, definitivamente, no podrá ser al mismo tiempo la escuela, colegí.

Hay otros niños, desafortunadamente, que no tienen televisión y menos internet.

La experiencia de la escuela en casa acarreará desigualdades mayores a los que ahora existen en este México nuestro que sigue arrolladoramente golpeado por el coronavirus… aunque el presidente López Obrador sostenga “que la pandemia  está cediendo”.

Desde luego, la palabra presidencial es una más de sus socarronas mentiras, aunque esta haya sido soltada por conmiseración al sufrido pueblo remitido por el  letal virus a convertir sus casas en escuela de sus hijos.

La equidad se aleja de nuestros lares. No hay manera de que los niños de los hogares pobres, que arrastran días y noches miserables, puedan estar presentes en la “escuela virtual”.

Más dramático resulta que los pequeñines de preescolar puedan ser encaminados a las rutas del aprendizaje escolar por falta de contacto con las encargadas de enseñarles desde como tomar el lápiz y empezar a garabatear hojas.

Será angustiante para las niñas y niños que inician su primaria “a distancia”. No puede presumirse que tendrán  paciencia para estar pegados al televisor por horas y menos que sus mamás los acompañen, porque hay que suponer que los padres marcharon al trabajo o están metidos en el “tele trabajo” vía internet.

Además, cuántas madres no cambiarán el canal para zambullirse en su telenovela favorita.

Los datos duros no mienten:

93% de los hogares cuenta con al menos un televisor pero sólo 73% de esos hogares tiene un aparato capaz de captar las señales digitales por las que se difunden las clases.

Esos hogares, con tan solo un televisor, son en los que viven hacinadas las familias, desafortunadamente, con más hijos y un televisor que no será suficiente para que dos o tres hijos capten sus clases en la “escuela virtual” que no receta la maldita pandemia.

En lo que al internet se refiere, en 55% de los hogares no hay una computadora.

El secretario Moctezuma Barragán en su intención por mantener que la “escuela virtual” no dejará sin educación a ningún niño ni a ningún joven, podrá decir que por eso las clases se transmitirán por la radio.

La teoría de la comunicación concebida por Aristóteles fijo la imagen como la vía contundente de convencimiento y en el caso del virtualismo en el que estamos hundidos, es esencial para el “aprendizaje virtual”. Es decir, se requiere la imagen viva del que enseña.

El asunto toral es que la tecnología, en la que se funda ese virtualismo y por ende la “escuela a distancia”, además de estar estancada en México, la que tenemos no abarca a todos los hogares del país.

De cualquier forma, por angustiante y desigual que es, la “clase virtual” a los niños es mejor que chile y agua lejos.

www.entresemana.mx

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