Es un exceso y siembra odio, dice AMLO por declaración de quemar a morenistas

Centro Histórico

.-  «Mucho pueblo para tan poco dirigente», dice AMLO de Morena.

.-  Trump, infectado: una noticia que cae en un terreno sembrado de desconfianza.

.-  «Mañaneras de AMLO, una guillotina»: lo que quiso decir el ex vocero de Vicente Fox.

Crescencio Cárdenas Ayllón ____________________

Recordaran respetados lectores a aquel vocero casi al final del sexenio del presidente Vicente Fox, es jesuita y ex guerrillero llamado Rubén Aguilar Valenzuela, si aquel del dicho “ lo que el presidente quiso decir” “lo que el presidente quiso decir”  pues bien ahora salió con que las mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador son «una guillotina francesa en la que pasan a los periodistas y medios a cuchillo, porque no dijiste lo que quería oír o porque fuiste crítico». «En ese sentido es una amenaza real a la libertad de expresión», asegura en entrevista con EL UNIVERSAL.

Afirma que en una sociedad democrática el poder tiene que «aguantar la crítica», ya que utilizar los instrumentos de su rango para denostar a los periodistas es violentar la libre expresión. «El poder ante la opinión de la prensa no se pronuncia, acepta la crítica», sostiene. Considera que la descalificación a los medios y a los periodistas, con nombre y apellido, «es una invitación a que se vale golpear o incluso asesinar». Vaya con los oportunistas andan sueltos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador calificó como “un exceso” el comentario del escritor Francisco Martín Moreno sobre quemar a morenistas en el Zócalo si se viviera en la época de la Inquisición. “Se me hace un exceso esa declaración; siembra odio“, dijo el mandatario en un video grabado durante su gira por Sonora.

López Obrador señaló que en 2017 había expresado su disgusto con el escritor, “pero ahora se pasó“. El presidente criticó en el video a “los conservadores” y a “otros que se han quedado callados ante este tipo de declaraciones, supuestamente son antifascistas”.

Martín Moreno dijo el jueves en un enlace durante el programa de Pedro Ferriz de Con que “si se pudiera regresar a la época de la inquisición, yo colgaba a cada uno, no colgaba, quemaba vivo a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino”.

Un día después de su declaración, el escritor se disculpó por “la metáfora literaria impropia de las redes” y afirmó que en su obra se ha “opuesto a la violencia y defendido los derechos humanos”.

Asimismo el presidente Andrés Manuel López Obrador retomó un mensaje emitido en 2017 en sus redes sociales en el que señaló que es «un mal escritor dedicado a explotar la ignorancia y el conservadurismo de la sociedad.

«Ahora que sostiene que nos quemaría a los morenistas uno a uno en el Zócalo, como en la Inquisición, me preocupa no solo por la propagación del odio, sino por el silencio abrumador de los supuestos antifascistas», señaló López Obrador y recordó el fragmento de un poema atribuido a Martin Niemöller.

«Cuando los nazis buscaron a los comunistas / me callé /  porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas / me callé / porque yo no era socialdemócrata. Cuando buscaron a los católicos / no protesté / porque yo no era católico. //Cuando me buscaron a mí / ya no había nadie / que pudiera protestar», escribió el Presidente.

Pues lo único que se le puede reconocer a este violento escritor es que no se refirió a la época de la Gran Tenochtitlán y los  Aztecas porque se revivirían los sacrificios humanos,  El Zócalo se teñiría de sangre, ¿no creen ustedes? en fin.

El conflicto interno por la sucesión en Morena fue motivo de opinión, por primera vez, por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador. El Mandatario se «quitó la investidura presidencial» y regañó a los dirigentes de su partido, Morena, quienes a más de un año no pueden resolver la renovación de su dirigencia, siguen enfrascados en pleitos y tienen un desbarajuste en el partido que él fundó.

Mientras tanto, el Instituto Nacional Electoral precisó que en el marco del proceso de renovación de la dirigencia nacional no contempla campañas, promociones personales, tampoco debates, porque así lo definió la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Por la mañana, en Palacio Nacional, el presidente López Obrador refirió: «Me quito la investidura y solo por esta ocasión hago este comentario. Me llama la atención que llevan los dirigentes de Morena, de mi partido —aunque yo tenga licencia porque soy Presidente— no sé cuánto tiempo sin resolver lo de la dirigencia, más de un año y se enfrascaron en pleitos.

«Y se hacen las encuestas y se le pregunta a la gente: ‘Si fuesen las elecciones, ¿por qué partido votarías?, y ese partido está hasta arriba; o sea, es mucho pueblo para tan poco dirigente, con todo respeto, porque no hay dirección, hay un desbarajuste».

El Titular del Ejecutivo expresó que ojalá y los dirigentes estén a la altura del pueblo. «Lo digo para que no estén pensando que son indispensables, insustituibles; afortunadamente Morena es pueblo».

Sobre los resultados de la encuesta, que ponen liderando las preferencias a Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado Carrillo, sin mencionar sus nombres, el presidente López Obrador pidió respetar la opinión del pueblo.

«Ojalá se le tenga confianza a la gente, si se hace una encuesta y la gente dice: ‘Es esta persona’, esa es la opinión del pueblo y respetarla. Todos tenemos derecho a inconformarnos, pero si es por afán individualista, eso no va a tener éxito».

«No hay campañas». La consejera Claudia Zavala indicó que los actos de promoción en Morena no están prohibidos, pero tampoco permitidos, porque el método de selección es a través de una encuesta abierta, con base científica y probabilística. Si existe promoción, expuso, el INE podrá verificar a partir de una denuncia o indicio de uso de recursos públicos.

En el caso de los recursos del partido, si se utilizan para promoción, el organismo político lo deberá informar. «No se trata de un proceso electoral, por ello es que no hay promoción, no hay actos de campaña, no hay debate, y todo ello fue definido por la Sala Superior [del TEPJF]. «Lo que se tiene es una encuesta abierta con una metodología científica. No hay actos de promoción, no están prohibidos, pero tampoco están permitidos», indicó.

Si existe promoción, añadió la consejera electoral, lo que se cuida son dos cosas: si se usa recurso del partido o si es de alguna institución pública o funcionarios. Zavala explicó que si se detecta el uso de recursos del partido, necesariamente el instituto político tendrá que rendir cuentas.

En el caso de recursos de funcionarios o institución públicos, agregó, está prohibido, y si existe una denuncia sobre el hecho o el INE tiene indicio, se revisa el caso y se aplica el proceso sancionatorio correspondiente, si la acusación procede.

¿Qué es un fraude? ¿Qué es una mentira? ¿El presidente estaba más enfermo de lo que dijo o no estaba enfermo en absoluto? ¿Qué significa «síntomas leves» y qué tan distinto es de «moderados»? ¿Hay alguna posibilidad de que esta alarmante noticia sea el cinismo máximo en forma de engaño?

Ayer, cuando se desayunaron con la pasmosa noticia de que el presidente Donald Trump tenía Covid-19 después de meses de ningunear el virus, muchos norteamericanos tuvieron una reacción similar: puede no ser cierto. «No le creo», dijo Anthony Collier, un camionero de Atlanta. «Me parece que quiere dar lástima».

Por supuesto que no hay evidencia alguna de que Trump y su esposa, Melania, no estén enfermos. Con el paso de las horas, los partes médicos y la noticia de que el magnate sería hospitalizado, los rumores viraron del escepticismo sobre su enfermedad hacia las dudas sobre la transparencia de la Casa Blanca acerca de la verdadera gravedad del cuadro que presenta el presidente.

«No me sorprende que nadie le crea. Hoy por hoy, nadie cree nada», dice Armando Iannucci, humorista político y director y creador de la serie Veep. «El virus que se está propagando es el que siembra dudas sobre todo información fáctica», añade. «Poner en duda la verdad, poner en duda las noticias. Simplemente sembrar dudas, calificar todo de fraude, decir que lo que existe no existe».

Nicole Hemmer, historiadora especializada en el rol de los medios de prensa conservadores en la política norteamericana, señala que nada de esto debería sorprendernos, considerando el caudal de contradicciones, distracciones y tergiversaciones emanadas de la Casa Blanca y desperdigadas por todo Estados Unidos.

«Históricamente, ni el presidente ni el gobierno han sido narradores confiables», dice Hammer. «Suelen no decir la verdad, y en el caso del presidente, miente directamente. Así que no me sorprende el escepticismo de la gente».

Y por supuesto que la maraña de declaraciones confusas que salieron de la Casa Blanca a primera hora del viernes no ayudó para nada. Mientras la bolsa se tambaleaba, el país temblaba y las teorías proliferaban, el doctor Scott Atlas, uno de los expertos que asesoran a la Casa Blanca en el tema de la pandemia, declaró alegremente a la cadena Fox que Trump «tendrá una rápida y completa recuperación».

Y en referencia a un hombre de 74 años cuya edad y peso lo convierten en paciente de riesgo ante el Covid-19 y que recientemente pareció tener problemas para descender por una rampa y llevarse un vaso de agua a la boca, el doctor Atlas agregó: «Nunca he visto a un hombre de ninguna edad con más energía y vigor.» De hecho, un par de horas después, la Casa Blanca anunció que Trump sería hospitalizado.

No debería ser una gran sorpresa que un presidente que llegó a la fama -en los negocios, la televisión y la política- en un archipiélago de desconfianza y exageraciones se encuentre ahora ante un público escéptico de su propio relato sobre su salud, en especial con un virus cuya gravedad ha desestimado durante meses. En el debate del martes pasado, se burló del Joe Biden, el candidato presidencial demócrata, por ponerse tapabocas.

«La gran razón por la que Trump tiene un lugar en el Partido Republicano es que es el más malo con los liberales, el más malo con los medios, el más malo con la gente que odia», dice Tim Miller, ex participante del comité nacional republicano y de la campaña de Jeb Bush, y que ahora milita para derrotar a Trump. Según Miller, es lógico que la noticia sea recibida «con desconfianza, y con enojo y rencor hacia su persona».

Don Beyer, congresista demócrata por Virginia, dijo que no dudaba del estado de Trump , pero agregó: «No me asombraría enterarme de que fue una estratagema política para desviar la atención de sus declaraciones de impuestos y la supremacía blanca».

James Zogby, presidente del Instituto Árabe-Americano, quedó perplejo con la montaña rusa de emociones de ayer. Como muchos demócratas todavía consternados con las elecciones de 2016, su mente pasó a cuestionarse qué ventaja política podía sacar Trump al enfermarse. «En una situación normal nos lamentaríamos de que esté enfermo y ahí se terminaría todo», dice Zogby. «Pero ahora nos preguntamos si es verdad, si está mintiendo y si quiere sacar ventaja. Es muy preocupante».

Por lo demás, creo que todos estamos bien.

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