En puerta una América Latina esperanzadora: Juan Paz y Miño-Cepeda

Maylín Vidal *__________

 La Habana (PL).-  Historiador por excelencia, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, Juan Paz y Miño-Cepeda cree que la integración plena de América Latina es un proceso complejo, pero finalmente la región ha comenzado a caminar por una senda en pos de ella.

 Tenemos una Latinoamérica esperanzadora, pero si los pueblos no nos movilizamos para preservar esa ruta, corremos el riesgo de que todo se pueda revertir, alertó en una entrevista exclusiva con Prensa Latina en la que profundizó sobre el momento histórico que vive el continente.

Juan Paz y Miño Cepeda.
Juan Paz y Miño Cepeda.

 Invitado al Coloquio sobre Integración Latinoamericana y Caribeña, a 200 años de la Carta de Jamaica, de Simón Bolívar, que sesionó en esta capital, está convencido de que el proceso encabezado por varios gobiernos progresistas de la región marca las pautas de un futuro sustancialmente distinto.

-A su juicio, ¿cuál es el mayor desafío que enfrenta esa integración en su avance?

-Como dije antes, se trata de un proceso complicado. Hay países con gobiernos de nueva izquierda y otros de orientación distinta, de corte neoliberal.

 Una integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA-TCP), por ejemplo, tiene propósitos diferentes a los de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Algo similar ocurre con la Comunicad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que tiene tanta importancia política, y el Pacto Andino.

 Ha cambiado la posibilidad de que el continente una fuerzas empresariales, populares, estatales y, en este sentido, se ha abierto ese camino, que a mi juicio llevarán adelante los países de nueva izquierda, con nuevas condiciones.

 Por otro lado subsisten asimismo clases sociales, políticas individuales, partidos tradicionales que no comprenden el cambio que se está produciendo y quisieran detener ese flujo.

 Pese a ello, esta América Latina de hoy está demostrando que se puede caminar con otras perspectivas y no sólo con las políticas tradicionales que privilegiaron, sobre todo la integración empresarial.

 En cambio, estamos de cara a una integración que valora la dignidad, el progreso, la unidad, las libertades, el derecho, un ejemplo que las nuevas generaciones van captando.

 Claro que hay sectores internos interesados en que nuestra región no progrese ni tampoco los gobiernos de nueva izquierda, democrática, progresista, y aún existe una vieja diplomacia que rebasa incluso a la implantada por Estados Unidos, además de inteligencias ocultas que también trabajan para que los nuevos gobiernos surgidos no sigan adelante y se constituyan en un ejemplo para la región.

 Pero ya esa política es muy caduca y no funciona.  Latinoamérica está cambiando y esas tensiones del pasado para preservar privilegios ya no se dan, ni siquiera a nivel mundial, como valoración.

 América Latina por fin ha comprendido bien, sostiene el historiador ecuatoriano, que la inequidad es la principal causa de confrontación, y cuando procuramos liquidar estas inequidades, entonces sectores tradicionales se levantan.

 El presidente Rafael Correa ha sido directo en expresar que en Ecuador existe un continuo intento de golpe blando, lo cual es cierto. Sectores y fuerzas que se resisten a los profundos cambios promovidos  bajo su mandato, se manifiestan continuamente por su salida del poder.

 Insisto, no se ha comprendido que América Latina cambió, que varios países cambiaron y están cambiando y esas viejas políticas  quedan fuera de los focos de la historia actual.

-¿Qué fortalezas y debilidades ve en la situación política actual del continente?

-La mejor fortaleza ha sido liquidar el neoliberalismo y poner al descubierto su verdadera naturaleza. La situación cambió de plano y lo vemos en Bolivia, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, donde se fortaleció la educación pública, la seguridad.

 Ecuador es un buen ejemplo quizás de estabilidad económica pero no tiene la enorme movilización social que caracteriza a Venezuela o a Bolivia, aunque en términos de estabilidad lo ha demostrado.

 En cuanto a Venezuela, la situación económica es delicada, y no se debe, como suele decirse, a las malas políticas del presidente Nicolás Maduro, sino a toda una confabulación interna y externa.

 Al final, haber liquidado ese camino del neoliberalismo, construir economías sociales y solidarias, la búsqueda del buen vivir, un país que conserve dignidad, libertad, soberanía, independencia, son valores que están por sobre los intereses económicos.

 Qué tal si en nuestros procesos de independencias, nuestros líderes se hubieran puesto a pensar en las repercusiones económicas en la lucha. La independencia, desde el punto de vista económico, creó situaciones críticas  pero por sobre eso triunfaba el deseo de soberanía.

 Hoy no afrontamos esas condiciones porque la economía no se ha derrumbado como antes, incluso en condiciones críticas. Sin embargo las políticas sociales garantizan que se conserve el bienestar y esas son las condiciones que necesitamos.

 En el mundo se comprende cada vez mejor que la concentración de las riquezas, eje de las desigualdades, tiene que ser abolida. Necesitamos un cambio universal en las relaciones económicas de poder y concentración de las riquezas.

-A 200 años de la Carta de Jamaica, ¿cómo valora usted la vigencia en los tiempos actuales de ese mensaje del Libertador?

-Bolívar fue un previsor intuitivo de lo que podía ocurrir en América Latina. Él decía que era difícil lograr la integración, pero soñaba con una América poderosa más que por sus riquezas materiales por su dignidad, su soberanía y su libertad. Considero que sus aspiraciones se están materializando en América Latina cada vez mejor.

 Siguiendo su pensamiento, nuestra América ya no está tan fraccionada como en el pasado, todos fuimos Repúblicas que se comunican cada vez mejor y que están cumpliendo ese sueño de Bolívar, quien dijo que lo único que favorecerá a nuestra América es la unión y sobre ese mensaje estamos construyendo.

-Hábleme sobre la situación en Ecuador. ¿Cuál cree usted que ha sido el mayor éxito y qué falta todavía por lograr?

-Tres cosas: la edificación de una economía distinta a la neoliberal, que ha hecho énfasis en la atención estatal y social a la educación, seguridad, medicina y vivienda y con bastante éxito en estos sectores.

 En segundo lugar la institucionalidad. Si comparamos la última fase, desde 1996 y 2006, 10 años, siete gobiernos, y los tres únicos presidentes del Ecuador electos y, a su vez derrocados, por grandes movilizaciones.

 La institucionalidad, en cambio, consolidada desde 2007 hasta hoy es evidente, con un funcionamiento clave del ejecutivo, legislativo, las fuerzas armadas; procesos electorales que han ratificado a la Revolución Ciudadana, a lo que se añade una exitosa reconstitución y avance en la institucionalidad.

 Otro punto es Latinoamérica. Creo que Correa y su gobierno han dado también un ejemplo, junto a otros países, de que la solidaridad, el latinoamericanismo, la unión de los intereses de la región, marcan lo determinante de nuestra historia presente. Ha sido muy claro en esto.   Ello se ha traducido en la posibilidad de unirse a otros mandatarios de la región en una política común de soberanía y dignidad propia. La Celac, Unasur, Alba, son un ejemplo de cómo la integración marcha por el camino propio latinoamericano.

 Esto genera que todas las potencias con visiones hegemónicas se convenzan de que la región va por otro camino y no pueden seguir actuando de la manera que lo hacían.

-¿Cómo ve usted este paso del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos?

-Creo que es un éxito de Cuba y América Latina. Esto ha sido posible porque hoy hay una América Latina distinta a la del pasado, con gobiernos de tendencias progresistas e izquierdistas que han promovido, desde posiciones propias, la definición de una nueva Latinoamérica en función de nuestra necesidad de soberanía.

 Estados Unidos fracasó en su pretensión de mantener el mismo tipo de diplomacia no solo frente a Cuba, sino frente a los gobiernos que rompen con su hegemonismo y con su diplomacia típicamente imperialista.

 Hay un cambio de la región que ha permitido que Estados Unidos comprenda mejor la situación. A Cuba le ha beneficiado también esta apertura porque tendrá enormes posibilidades de mejorar sus propias condiciones.

 Si durante 50 años, con semejante bloqueo económico, ha resistido y salió adelante, qué mejor que cuando ese bloqueo finalmente termine, lo que no será fácil. Al menos cuando las bases fundamentales del bloqueo se eliminen, habrá una enorme oportunidad para su desarrollo.

 Por otro lado América Latina ha comprendido desde las perspectivas de los gobiernos de izquierda y democráticos que no le convenía seguir respondiendo a la hegemonía norteamericana y por eso se ha planteado relaciones con Europa, por ejemplo, con los Brics, y esto debilita las relaciones de EE.UU. con la región.

 Los países latinoamericanos hemos dado muestras de que queremos ser soberanos. La construcción de la Celac ha sido una muestra de que América Latina ha optado por su propia integración sin los Estados Unidos.

 No es un caso de enemistad con ese país, simplemente demuestra que su política externa con esa visión hegemónica e imperialista ya no funciona.

 Considero que las relaciones y la situación de América Latina será la que determine finalmente el posicionamiento de Estados Unidos, que ya no puede en América Latina seguir con esa vieja política.

 *Jefa de la Redacción Suramérica de Prensa Latina.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: